Las 48 leyes del poder por Robert Greene

Las 48 leyes del poder, escritas por Robert Greene, demuestran cómo han manejado el poder los distintos gobernantes en las diferentes etapas históricas, cómo lo han conservado y cómo lo […]

Las 48 leyes del poder, escritas por Robert Greene, demuestran cómo han manejado el poder los distintos gobernantes en las diferentes etapas históricas, cómo lo han conservado y cómo lo han perdido. La aplicación de estas leyes en todos los tiempos, y dependiendo de quien las aplique, han sido un éxito o un fracaso. Se considera que éstas deben ser estudiadas y complementadas con la experiencia de cada uno de ustedes y sobre todo con el deseo de entenderlas y proponer o formular las que correspondan a nuestra realidad para no seguir por la senda del dogmatismo, sectarismo y autoritarismo que nos ha caracterizado y que en la práctica se ha traducido en beneficios para la oligarquía y el imperialismo y en una consecuente pérdida o derrota para nuestro pueblo.

 

Ley Nº 1- Nunca le haga sombra a su amo

Esfuércese siempre por lograr que quienes están jerárquicamente por encima de usted se sientan cómodos con su sensación de superioridad. No permita que sus deseos de complacerlos o impresionarlos lo induzcan a hacer ostentación de sus talentos y de su capacidad, ya que ello podrá generar un efecto opuesto al deseado, es decir, inspirar temor e inseguridad en sus superiores. Hágalos aparecer siempre más brillantes de lo que en realidad son… y accederá a la cumbre del poder.

 

Ley Nº 2- Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos

Desconfíe de los amigos; suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa de la envidia. También suelen convertirse en irrespetuosos y tiranos. En cambio, emplee a quien haya sido su enemigo, y le será más leal que un amigo, ya que deberá hacer mayores esfuerzos por demostrar su adhesión. Lo cierto es que usted debe temer más a sus amigos que a sus enemigos. Si no tiene enemigos, busque la forma de creárselos.

 

Ley Nº 3- Disimule sus intenciones

Desconcierte a la gente y manténgala en la mayor ignorancia posible, sin revelar nunca el propósito de sus acciones. Si no tienen la menor idea de qué es lo que usted quiere lograr, les resultará imposible preparar una defensa. Condúzcalos por el camino de las falsas suposiciones, envuélvalos en una nube de humo y verá que, cuando al fin caigan en la cuenta de las verdaderas intenciones de usted, ya será tarde para ellos.

 

Ley Nº 4- Diga siempre menos de lo necesario

Cuando intente impresionar a la gente con palabras, tenga en cuenta que cuanto más diga tanto más vulnerable será y tanto menor control de la situación tendrá.

Incluso cuando lo que diga sea sólo banalidad, parecerá una idea original si la plantea en forma vaga, abierta y enigmática. Las personas poderosas impresionan e intimidan por su parquedad. Cuanto más hable, mayor será el riesgo de decir alguna tontería.

 

Ley Nº 5- Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte

Su renombre y su prestigio constituyen la piedra angular del poder. Basta el prestigio para intimidar y ganar. Sin embargo, una vez que decae, usted se tornará vulnerable y será atacado por todos los flancos. Convierta su prestigio en una fortaleza inexpugnable. Manténgase alerta frente a cualquier tipo de ataques potenciales y desbarátelos antes de que se produzcan. Al mismo tiempo, aprenda a destruir a sus enemigos abriendo brechas en la reputación de ellos. Luego dé un paso al costado y deje que la opinión pública lo crucifique.

 

Ley Nº 6- Busque llamar la atención a cualquier precio

Todo es juzgado por su apariencia; lo que no se ve no cuenta. Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido. Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose más atractivo y más misterioso que la gran masa, tímida y anónima.

 

Ley Nº 7- Logre que otros trabajen por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles

Utilice la inteligencia, los conocimientos y el trabajo físico de otros para promover su propia causa. Ese tipo de ayuda no sólo le permitirá ahorrar mucho tiempo y energía, sino que le conferirá un aura divina de rapidez y eficiencia. A la larga, sus colaboradores serán olvidados y todos lo recordarán a usted. Nunca haga lo que otros pueden hacer por usted.

 

Ley Nº 8- Haga que la gente vaya hacia usted y, de ser necesario, utilice la carnada más adecuada para lograrlo

Cuando obligue a otro a actuar; deberá ser usted quien en todo momento ejerza el control. Siempre es mejor lograr que su contrincante se acerque a usted y abandone, en este proceso, sus propios planes. Atráigalo con ganancias fabulosas… y después proceda a atacar. Usted tiene todos los ases en la mano.

 

Ley Nº 9- Gane a través de sus acciones, nunca por medio de argumentos

Cualquier triunfo circunstancial que usted obtenga a través de argumentación verbal en realidad es sólo una victoria pírrica: el resentimiento y la mala voluntad que así genera son más intensos y duraderos que cualquier acuerdo momentáneo que haya logrado. Es mucho más eficaz lograr la coincidencia de otros con la coincidencia de otros con usted a través de sus acciones, sin decir palabra alguna. No explique, demuestre.

 

Ley Nº 10- Peligro de contagio: evite a los perdedores y los desdichados

La desdicha de los demás puede conducirlo a la muerte: los estados de ánimo son tan contagiosos y tóxicos como una enfermedad infecciosa. Aunque sienta que debe tenderle una mano a alguien que se está hundiendo, lo único que logrará con ello será acelerar su propia caída. A menudo, los perdedores, son los artífices de su propia desgracia y terminan por transmitirla a quien quiere ayudarlos. Evítelos y, en cambio, frecuente a individuos ganadores y felices.

 

Ley Nº 11- Haga que la gente dependa de usted

Para mantener su independencia, es indispensable que los demás lo quieran y necesiten. Cuanto más confíen y dependan de usted, tanto más libertad usted tendrá. Haga que la gente dependa de usted para lograr su felicidad y prosperidad, y no tendrá nada que temer. Nunca enseñe a los demás lo suficiente como para que puedan arreglárselas sin su ayuda.

 

Ley Nº 12- Para desarmar a su víctima, utilice la franqueza y la generosidad en forma selectiva

Un gesto sincero y honesto compensará docenas de actitudes dictadas por la hipocresía y la falsedad. El gesto de franca y honesta generosidad hace bajar la guardia aun al individuo más desconfiado. Una vez que su sinceridad selectiva haya abierto una brecha en la armadura del otro, podrá manipularlo y embaucarlo a su antojo. Un obsequio oportuno -especie de caballo de Troya- podrá cumplir el mismo objetivo.

 

Ley Nº 13- Cuando pida ayuda, no apele a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su egoísmo

Si necesita recurrir a la ayuda de un aliado, no se moleste en recordarle el apoyo que usted le dio en el pasado o sus buenas acciones. Lo pasado se ignora o se olvida. Si, en cambio, al formular su pedido de colaboración, usted muestre elementos que beneficiarán a la otra persona y hace gran hincapié en ellos, su contrincante responderá con entusiasmo a su solicitud, al detectar el beneficio que podría obtener.

 

Ley Nº 14- Muéstrese como un amigo pero actúe como un espía

Es de fundamental importancia saberlo todo sobre su rival. Utilice espías para reunir información valiosa que le permita mantener siempre una ventaja sobre él. Y mejor aún: haga usted mismo de espía. Aprenda a sondear con cuidado a la gente en corteses encuentros sociales. Formule preguntas indirectas para lograr que el otro revele sus intenciones y sus debilidades. Toda ocasión es buena para ejercer el arte del espionaje.

 

Ley Nº 15- Aplaste por completo a su enemigo

Empezando por Moisés, todos los grandes líderes de la historia sabían que era necesario aplastar por completo al enemigo al que temían. (En algunas oportunidades aprendieron esta lección a fuerza de golpes). Si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio. Se ha perdido más por una aniquilación a medias que por una exterminación total: el enemigo se recuperará y buscará venganza. Destruyalo por completo, no sólo física sino también espiritualmente.

 

Ley Nº 16- Utilice la ausencia para incrementar el respeto y el honor

Demasiada oferta reduce el precio: cuanto más lo vean y oigan, tanto menos necesario lo considerarán los demás. Si ya ha afirmado su posición dentro de un grupo determinado, un alejamiento temporario hará que hablen más de usted, e incluso que lo admiren. Deberá aprender cuándo alejarse. Recuerde que la escasez de un recurso incrementa su valor.

 

Ley Nº 17- Mantenga el suspenso. Maneje el arte de lo impredecible

El ser humano es hijo del hábito y tiene una necesidad insaciable de sentirse familiarizado con las actitudes de quienes lo rodean. Si usted se muestra predecible, confiere a los demás la sensación de tener cierto control sobre usted. Invierta los papeles: muéstrese deliberadamente impredecible. Las actitudes que en apariencia carecen de coherencia o propósito desconcertarán a los demás, que se agotarán tratando de explicarse sus movimientos y acciones. Llevada a un extremo, esta estrategia puede intimidar y aterrorizar.

 

Ley Nº 18- No construya fortalezas para protegerse: el aislamiento es peligroso

El mundo es un sitio peligroso y los enemigos acechan por doquier; todos necesitan protegerse. Una fortaleza se presenta como la alternativa más segura. Pero el aislamiento lo expone más de la que la protege de los peligros que la rodean, ya que la aisla de información valiosa y la destaca como un blanco difícil para los demás. Es mucho más seguro circular, mezclarse entre la gente y buscar aliados. La multitud lo protege de sus enemigos.

 

Ley Nº 19- Sepa con quién está tratando: no ofenda a la persona equivocada

En el mundo hay muchas clases de personas diferentes, y usted no puede suponer que todos reaccionarán de la misma manera frente a sus estrategias. Hay ciertas personas que, si usted las manipula o engaña, pasarán el resto de su vida procurando vengarse. Serán, desde el momento de la ofensa, lobos con piel de oveja. Elija con cuidado a sus víctimas y a sus contrincantes, y nunca ofenda o engañe a la persona equivocada.

 

Ley Nº 20- No se comprometa con nadie

Sólo los tontos se apresuran siempre a tomar partido. No se comprometa con ninguna posición o causa, salvo con la suya propia. El hecho de mantener su independencia lo convierte en el amo de los demás. Obtenga beneficios oponiendo a las personas entre sí.

 

Ley Nº 21- Finja candidez para atrapar a los candidos: muéstrese más tonto que su víctima

A nadie le gusta sentirse más estúpido que los demás. Por lo tanto, el truco consiste en hacer sentir sagaces e inteligentes a sus víctimas y, sobre todo, más sagaces e inteligentes que usted. Una vez que las haya convencido de esto, nunca sospecharán que usted tiene motivaciones ocultas contra ellos.

 

Ley Nº 22- Utilice la táctica de la capitulación. Transforme la debilidad en poder

Cuando usted sea el más débil, nunca luche simplemente por salvar su honor. Opte, en cambio, por la capitulación. Rendirse le dará tiempo para recuperarse, tiempo para atormentar e irritar al vencedor, tiempo para esperar a que el poder de éste se diluya. No le dé la satisfacción de luchar y ser vencido por él. Capitule antes de ser derrotado. Al volver la otra mejilla, enfurecerá y desconcertará a su contrincante. Convierta la capitulación en un instrumento de poder.

 

Ley Nº 23- Concentre sus fuerzas

Conserve sus fuerzas y su energía manteniéndolas concentradas en su punto más fuerte. Ganará más descubriendo un rico yacimiento y explotándolo en profundidad, que pasando de un yacimiento pobre a otro: la intensidad siempre triunfa sobre la dispersión. Cuando busque fuentes de poder que puedan promoverlo, procure encontrar siempre el patrón clave único, la vaca lechera que puedan ordeñar durante largo tiempo.

 

Ley Nº 24- Desempeñe el papel de cortesano perfecto

El cortesano perfecto, adulador e intrigante, prospera y alcanza su plenitud en un mundo en el cual todo gira en tomo del poder y de la habilidad política. Domina a la perfección el arte de la oblicuidad. Adula, se somete a sus superiores y reafirma su poder sobre los demás de la forma más encantadora y graciosamente indirecta y falsa. Aprenda a aplicar las leyes del cortesano, y su ascenso dentro de la corte no conocerá límites.

 

Ley Nº 25- Procure recrearse permanentemente

No acepte los papeles que la sociedad le ha endilgado. Fórjese una nueva identidad que atraiga la atención y nunca aburra al público. Sea el dueño de su propia imagen, en lugar de permitir que otros la definan por usted. Incorpore elementos dramáticos en sus gestos y acciones públicas, y su poder se verá reforzado y su personalidad crecerá en forma asombrosa.

 

Ley Nº 26- Mantenga sus manos limpias

Es necesario que, en todo momento, usted aparezca como paradigma de la corrección y la eficiencia. Sus manos nunca se ensuciarán por ilícitos o descuidos. Mantenga esa apariencia impecable, utilizando a otros como testaferros o pantallas para ocultar, cuando sea necesario, su participación personal en hechos de esta índole.

 

Ley Nº 27- Juegue con la necesidad de la gente de tener fe en algo, para conseguir seguidores incondicionales

La gente tiene una necesidad irrefrenable de creer en algo. Conviértase en el centro focalizador de esa necesidad, ofreciéndoles una causa o una nueva convicción a la que adherir. Formúlela en términos vagos pero pletóricos de promesas. Enfatice el entusiasmo por sobre el pensamiento claro y racional. Dé a sus nuevos discípulos, rituales que realizar y exíjales sacrificios. Ante la ausencia de una religión organizada y grandes causas en las que puedan creer, su nuevo sistema de convicciones le conferirá un poder inaudito.

 

Ley Nº 28- Sea audaz al entrar en acción

Si se siente inseguro frente a determinado curso de acción, no lo intente. Sus dudas y titubeos se transmitirán a la ejecución del plan. La timidez es sumamente peligrosa; lo mejor es encarar toda acción con audacia. Cualquier error que usted cometa por ser audaz se corregirá con facilidad mediante más audacia. Todo el mundo admira al audaz; nadie honra al timorato.

 

Ley Nº 29- Planifique sus acciones de principio a fin

Un final brillante constituye el corolario que da énfasis a todo su accionar. Planifique su camino teniendo en cuenta todas las consecuencias posibles, todos los obstáculos y todos los giros del azar que puedan incidir de manera negativa sobre su trabajosa elaboración y otorgar la gloria a otros. Planificar todo un proceso, de principio a fin, evitará que lo abrumen los factores negativos y le permitirá saber con exactitud cuándo detenerse. Maneje la fortuna con cuidado y determine el futuro planificando a largo plazo.

 

Ley Nº 30- Haga que sus logros parezcan no requerir esfuerzos

Su accionar deberá parecer natural y de fácil ejecución. Toda la práctica y el esfuerzo que usted realice, así como todas las habilidosas artimañas a las que recurra, deberán permanecer ocultos. Cuando actúe, hágalo como si la tarea que tiene entre manos fuese algo de lo más sencillo, como si pudiese hacer todavía mucho más. Evite la tentación de revelar lo mucho que usted trabaja, pues con ello sólo generará cuestionamientos. No le enseñe a nadie sus trucos especiales, o los usarán contra usted.

 

Ley Nº 31- Controle las opciones: haga que otros jueguen con las cartas que usted reparte

El mejor engaño es aquel que aparenta ofrecer opciones al otro: sus víctimas sienten que controlan la situación. Pero en realidad no son sino títeres en sus hábiles manos. Presente opciones que siempre le sean favorables, independientemente de cuál de ellas elijan los demás. Oblíguelos a optar entre el menor de dos males y logre que cualquiera de las dos elecciones resulte a favor de usted. Haga que cualquier alternativa por la que se decidan sus rivales, los perjudique a ellos y lo beneficie a usted.

 

Ley Nº 32- Juegue con las fantasías de la gente

Muchas veces se evita la verdad porque suele ser dura y desagradable. Nunca recurra a la verdad, ni a la realidad, salvo que esté dispuesto a enfrentar la ira que genera la desilusión. La vida es tan dura y problemática que aquellas personas capaces de inventar ilusiones o conjurar fantasías son como oasis en el desierto: todos van hacia ellas. Apelar a las fantasías de las masas es una fuente inmensa de poder.

 

Ley Nº 33- Descubra el talón de Aquiles de los demás

Todo individuo tiene un punto débil, una fisura en la muralla que rodea su fortaleza. Por lo general, esa debilidad es algo que le causa inseguridad, o una emoción o una necesidad que lo supera. También puede ser un pequeño placer secreto. Sea lo que fuere, una vez que usted la haya descubierto, esa debilidad se convierte en un elemento de presión que podrá manejar a su antojo y, por su puesto, siempre a su favor.

 

Ley Nº 34- Actúe como un rey para ser tratado como tal

Su forma de actuar determinará cómo lo tratarán los demás: a la larga, una presencia vulgar o común hará que la gente le pierda el respeto. Porque un rey se respeta a sí mismo e inspira el mismo sentimiento en los demás. Al adoptar una actitud de rey, mostrando confianza en su propio poder, logrará que lo consideren destinado a llevar una corona real sobre la cabeza.

 

Ley Nº 35- Domine el arte de la oportunidad

Nunca demuestre tener prisa, ya que el apuro delata una falta de control sobre el tiempo y sobre su propio accionar. Muéstrese siempre paciente, como si supiera que, con el tiempo, todos sus deseos se cumplirán. Conviértase en especialista en el arte de detectar el momento propicio para cada cosa. Descubra el espíritu de los tiempos actuales y las tendencias que lo llevarán al poder. Aprenda a mantenerse a la expectativa cuando el momento propicio no haya llegado, y a golpear con fuerza cuando la oportunidad le sea propicia.

 

Ley Nº 36- Menosprecie las cosas que no puede obtener: ignorarlas es la mejor de las venganzas

Al prestar atención a un problema trivial, lo convierte en real y le confiere importancia. Cuanta más atención le preste a un enemigo, más lo fortalecerá. Y a menudo, un pequeño error se magnifica en el intento de corregirlo. A veces, lo mejor es dejar ciertas cosas por completo de lado. Si hay algo que usted desea pero no puede obtener, menosprecíelo. Cuanto menos interés demuestre, mayor será el nivel de superioridad que verán los demás en usted.

 

Ley Nº 37- Arme espectáculos imponentes

Una imaginería impactante y gestos simbólicos grandiosos generan aura de poder, ya que ejercen gran atracción sobre todos. Presente espectáculos imponentes para quienes lo rodean, plenos de elementos visuales fascinantes y radiantes simbolismos que enfaticen su presencia. Encandilados por las apariencias, los demás no se darán cuenta de lo que usted está haciendo en realidad.

 

Ley Nº 38- Piense como quiera, pero compórtese como los demás

Si usted hace ostentación de ir contra la corriente, alardeando acerca de sus ideas poco convencionales y sus actitudes heterodoxas, la gente pensará que usted sólo desea llamar la atención y que desprecia a los demás. Encontrarán la forma de castigarlo por hacerlos sentir inferiores. Es mucho más seguro confundirse con la masa y adoptar un cierto aire «común». Limítese a compartir su originalidad con amigos tolerantes y con aquellas personas de las que está seguro que aprecian su forma de ser diferente y especial.

 

Ley Nº 39- Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca

La ira y las emociones son estratégicamente contraproducentes. Siempre deberá mantenerse sereno y objetivo, pero si puede enfurecer a sus enemigos mientras usted conserva la calma, obtendrá una ventaja decisiva. Desoriente a sus enemigos: descubra la grieta, a través de la cual pueda sacudirlos y manejarlos.

 

Ley Nº 40- Menosprecie lo que es gratuito

Todo lo que es gratuito es peligroso, ya que por lo general implica alguna treta o un compromiso oculto. Las cosas que tienen valor valen la pena pagarse. De esta manera, no estará obligado a gratitud alguna, se verá libre de culpa y evitará fraudes y engaños. Lo más inteligente es, a menudo, pagar el precio total. Cuando hablamos de excelencia no hay gangas. Sea generoso con su dinero y hágalo circular, dado que la generosidad es señal e imán de poder.

 

Ley Nº 41- Evite imitar a los grandes hombres

Lo que se produce por primera vez siempre parece mejor y más original que lo que viene después. Si usted sucede a un gran hombre o tiene padres célebres, deberá lograr el doble para superar la imagen de ese «modelo». No se pierda en la sombra de esos «grandes» ni se quede estancado en un pasado que no es obra suya: encuentre su propia identidad y reafírmela con su accionar diferente. Elimine a ese padre dominante, reniegue de su herencia y gane poder a través de sus propios méritos.

 

Ley Nº 42- Muerto el perro, se acabó la rabia

Los problemas suelen tener su origen en un solo individuo fuerte: el instigador, el subalterno arrogante, el sembrador de inquinas y resentimientos. Si usted deja espacio para el accionar de este tipo de individuo, otros sucumbirán a la influencia del personaje. No espere a que los problemas que él causa se multipliquen, y no trate de negociar con él, pues es irrecuperable. Neutralice esa influencia, aislándolo o eliminándolo. Recuerde que, muerto el perro, se acabó la rabia.

 

Ley Nº 43- Trabaje sobre el corazón y la mente de los demás

La coerción provoca una reacción que, con el tiempo, puede actuar contra usted. Es necesario lograr, mediante maniobras de seducción, que los demás se muevan en la dirección que usted desea. Una vez seducida, la persona se convierte en su leal servidor. Y la forma más eficaz de seducir a alguien, consiste en manejar con habilidad las flaquezas y la psicología del individuo. Debilite la resistencia del otro a través de la manipulación de las emociones, jugando con lo que el otro ama y valora, o lo que teme. Si usted ignora el corazón y la mente de los demás, terminarán odiándolo.

 

Ley Nº 44- Desarme y enfurezca con el efecto espejo

El espejo refleja la realidad pero también es el arma perfecta para el engaño: cuando usted refleja a sus enemigos, haciendo exactamente lo que hacen ellos, sus rivales no lograrán deducir su estrategia. El efecto espejo los burla y humilla, lo cual los lleva a reaccionar en forma desmedida. Al poner un espejo frente a su psique, usted los seduce con la ilusión de que comparte sus valores. Al reflejar sus acciones en un espejo, les enseña una lección. Son muy pocos los que pueden resistirse al poder del efecto espejo.

 

Ley Nº 45- Predique la necesidad de introducir cambios, pero nunca modifique demasiado a la vez

En teoría, todo el mundo comprende la necesidad del cambio, pero en el nivel cotidiano el ser humano es hijo de la costumbre. Demasiada innovación resulta traumática y conducirá a la rebelión. Si usted es nuevo en una posición de poder, o un tercero que intenta construir una base de poder, haga alarde de respetar la forma tradicional de hacer las cosas. Si se impone un cambio necesario, hágalo aparecer como una leve modificación positiva del pasado.

 

Ley Nº 46- Nunca se muestre demasiado perfecto

Siempre es peligroso mostrarse superior a los demás, pero lo más peligroso de todo es parecer libre de toda falla o debilidad. La envidia genera enemigos silenciosos. Lo inteligente es poner de manifiesto, de vez en cuando, sus defectos y admitir vicios inofensivos, a fin de desviar la envidia y parecer más humano y accesible. Sólo los dioses y los muertos pueden parecer perfectos impunemente.

 

Ley Nº 47- No vaya mas allá de su objetivo original; al triunfar, aprenda cuándo detenerse

El momento del triunfo es a menudo el momento de mayor peligro. En el fragor de la victoria, la arrogancia y un exceso de confianza en sus fuerzas pueden llegar a impulsarlo más allá de la meta que se había propuesto en un principio, y al ir demasiado lejos, serán más los enemigos que le creará que los que logre vencer. No permita que el éxito se le suba a la cabeza. No hay nada como la estrategia y la planificación cuidadosa. Fíjese un objetivo y, cuando lo alcance, deténgase.

 

Ley Nº 48- Sea cambiante en su forma

Al adoptar una forma definida y tener un plan claro para todo el mundo, usted se convertirá en el blanco de ataques diversos. En lugar de brindar a sus enemigos algo concreto que atacar, manténgase flexible, adaptable y en movimiento. Acepte el hecho de que nada es absoluto y de que no existen leyes fijas. La mejor manera de protegerse es mantenerse tan fluido y amorfo como el agua. Nunca apueste a la estabilidad ni a un orden perdurable. Todo cambia.

Las 48 leyes del poder. Adaptación de Alberto Merlano

Cuanto mejor sepa manejar el poder, tanto mejor será como amigo, amante, pareja y persona. Si el juego del poder es ineludible, es mejor ser un artista que un burdo principiante.

La piedra fundamental del poder, es la capacidad de dominar sus emociones. No es posible reprimir la ira o el amor, o evitar experimentar estos sentimientos, ni debería intentarlo. Pero sí debería tener mucho cuidado con el modo de expresarlos y –lo más importante– darse cuenta de la forma en que influyen en sus objetivos y estrategias.

Revise los errores cometidos en el pasado, sobre todo los que más serios problemas le causaron en su vida. Analícelos guiándose por Las 48 leyes del poder y extraiga de cada uno una lección y hágase una promesa: «Nunca voy a repetir ese error; nunca volveré a caer en ese tipo de trampa».

Determinadas acciones casi siempre incrementan el poder del individuo, la observancia de la ley, mientras que otras lo reducen e incluso conducen a su ruina la trasgresión de la ley.

Ley # 1. Nunca le haga sombra a su jefe.

Criterio.

Esfuércese siempre por lograr que quienes están jerárquicamente por encima de usted se sientan cómodos con su sensación de superioridad. No permita que sus deseos de complacerlos o impresionarlos lo induzcan a hacer ostentación de sus talentos y de su capacidad, ya que ello podrá generar un efecto opuesto al deseado, es decir, inspirar temor e inseguridad en sus superiores.

Evite hacerle sombra a su amo. Toda superioridad es fastidiosa, pero la superioridad de un súbdito por sobre su príncipe no sólo es estúpida sino fatal. (Baltasar Gracián, 1601 – 1658).

Sólo puede haber un Sol por vez. Nunca tape la luz del Sol ni compita con él en cuanto a luminosidad; procure, más bien, diluirse en el cielo y encontrar la forma de incrementar la intensidad lumínica del astro rey.

Ley # 2. No confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos

Criterio.

Desconfíe de los amigos; suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa de la envidia. También suelen convertirse en irrespetuosos y manipuladores. Emplee a quien haya sido su enemigo, y le será más leal que un amigo, ya que deberá hacer mayores esfuerzos para demostrar su adhesión. Si no tiene enemigos, busque la forma de creárselos.

Nunca espere gratitud de un amigo, y se verá gratamente sorprendido cuando éste se muestre agradecido. Luis XIV, 1638-1715, decía: Cada vez que asigno un puesto vacante, genero cien descontentos y un ingrato.

Todas las situaciones laborales exigen una cierta distancia entre la gente que participa en ellas. Usted está tratando de trabajar, no de hacer amigos. La amistad, verdadera o falsa, sólo enturbia este hecho. La clave del poder se basa en la capacidad de evaluar quién es la persona más capaz para apoyar sus intereses en toda situación. Trabaje con los más capaces y competentes. En el ámbito del poder nada es estable y hasta el amigo más íntimo puede convertirse en el peor de los enemigos.

Una vez que usted conozca el éxito, la gente que usted más debe temer es aquella que tiene más cerca, en su propio círculo, los amigos y conocidos que usted, con su triunfo, ha dejado atrás. Nunca subestime el poder de la envidia.

Cada vez que pueda, haga las paces con un enemigo y asegúrese de ponerlo a su servicio.

Sin enemigos a nuestro alrededor, nos volvemos perezosos. Un enemigo que nos pisa los talones agudiza nuestro ingenio, nos mantiene despiertos y atentos. Por eso, a veces, es mejor usar a los enemigos como enemigos, en lugar de transformarlos en amigos o aliados.

Ley # 3. Disimule sus intenciones

Criterio.

Desconcierte a sus enemigos y manténgalos en la mayor ignorancia posible, sin revelar nunca el propósito de sus acciones. Si no tienen la menor idea de qué es lo que usted quiere lograr, les resultará imposible preparar una defensa.

Si en algún momento de su accionar sus contrincantes albergan la menor sospecha de que usted está ocultando sus verdaderas intenciones, todo está perdido. No les dé la menor oportunidad de darse cuenta de cuál es su juego. Distráigalos con pistas falsas. Emita señales ambiguas. Al no lograr distinguir lo genuino de lo falso, no podrán discernir su verdadero objetivo.

¿Oyó hablar alguna vez de un hábil general que intenta tomar por sorpresa una ciudadela y anuncia su plan al enemigo? Disimule su propósito y oculte sus progresos. No revele sus designios en toda su magnitud, hasta que ya no haya forma de oponerse a ellos, es decir, hasta que el combate haya concluido.

Ley # 4. Diga solo lo indispensable

Criterio.

Cuando intente impresionar a la gente con palabras, tenga en cuenta que cuanto más diga tanto más vulnerable será y tanto menor control de la situación tendrá. Las personas poderosas impresionan e intimidan por su parquedad. Cuanto más hable, mayor será el riesgo de decir alguna tontería.

Incluya una cuota de misterio en todos sus actos, y ese misterio generará veneración. Y cuando explique, no sea demasiado explícito; de esta manera imitará el accionar divino, al hacer que los hombres duden y permanezcan a la expectativa. (Baltasar Gracián, 1601-1658).

Ley # 5. Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte

Criterio.

Su renombre y su prestigio constituyen la piedra angular del poder. Basta el prestigio para intimidar y ganar. Sin embargo, una vez que decae, usted se tornará vulnerable y será atacado por todos los flancos. Convierta su prestigio en una fortaleza inexpugnable. Manténgase alerta frente a cualquier tipo de ataques potenciales y desbarátelos antes de que se produzcan.

El éxito parecería estar siempre marcado por los triunfos pasados. Gran parte del éxito de la táctica diplomática de Henry Kissinger se basaba en su fama de saber allanar diferencias; nadie quería que lo consideraran tan necio que Kissinger no pudiese influir sobre su ánimo. En cuanto al nombre de Kissinger entraba en las negociaciones, se daba por sentado que habría un tratado de paz.

Ley # 6. Busque llamar la atención

Criterio.

Todo es juzgado por su apariencia; lo que no se ve no cuenta. Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido. Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose superior a la gran masa, tímida y anodina.

Es preferible ser difamado y agredido que ignorado.

La atención –no importa si negativa o positiva– era el principal ingrediente de su éxito. El peor destino para un hombre que ansía obtener fama, gloria y –por supuesto– poder, es ser ignorado.

Si usted se encuentra en una posición poco destacada que le ofrece mínimas oportunidades de llamar la atención, una táctica eficaz consiste en atacar a la persona más visible, más famosa y más poderosa que pueda encontrar.

No se muestre nunca demasiado ansioso de recibir atención, dado que es una señal de inseguridad, y la inseguridad ahuyenta el poder. Comprenda que hay momentos en los que ser el centro de atención no es lo que puede resultarle más conveniente. Por ejemplo, cuando se encuentre en presencia de un rey o de una reina –o su equivalente– haga una reverencia y ocupe un segundo plano; nunca intente competir.

Ley # 7. Logre que otros trabajen por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles.

Criterio.

Utilice la inteligencia, los conocimientos y el trabajo físico de otros para promover su propia causa. Ese tipo de ayuda no sólo le permitirá ahorrar mucho tiempo y energía, sino que le conferirá un aura de efectividad y eficiencia. Nunca haga lo que otros pueden hacer por usted. Justo o injusto, bueno o malo, a la larga, sus colaboradores serán olvidados y todos lo recordarán a usted.

Ley # 8. Haga que la gente vaya hacia usted

Criterio.

Cuando obligue a otro a actuar, deberá ser usted quien en todo momento ejerza el control. Siempre es mejor lograr que su contrincante se acerque a usted y abandone, en este proceso, sus propios planes.

El buen guerrero hace que los demás vayan hacia él, y no va él hacia los demás. Este es el principio de la plenitud y el agotamiento de usted y de los otros. Cuando induce a su contrincante a ir hacia usted, las fuerzas del otro siempre estarán agotadas; mientras usted no vaya hacia el otro, conservará la plenitud de sus fuerzas. (Zhang Yu, crítico del siglo XI, en un comentario sobre El arte de la guerra).

La esencia del poder es la capacidad de mantener la iniciativa, de lograr que los demás reaccionen frente a sus acciones y conseguir que sus adversarios y quienes lo rodean se pongan a la defensiva. El que controla la situación es el que tiene el poder. Para alcanzar esta situación usted deberá aprender a dominar sus emociones y en particular a no actuar nunca bajo la influencia de la ira.

Ley # 9. Gane a través de sus acciones, no por medio de argumentos.

Criterio.

Cualquier triunfo circunstancial que usted obtenga a través de argumentación verbal en realidad es sólo una victoria pírrica: el resentimiento y la mala voluntad que así genera son más intensos y duraderos que cualquier acuerdo momentáneo que haya logrado. Es mucho más eficaz lograr la coincidencia de otros con usted a través de sus acciones, sin decir palabra alguna. No explique; demuestre.

Como decía Baltasar Gracián: «La verdad, por lo general, no se oye; se la ve». Al discutir con un superior impugna la inteligencia de alguien más poderoso que él. No discuta; sólo presente resultados.

Ley # 10. Evite a los perdedores y los desdichados

Criterio.

La desdicha de los demás puede conducirlo a la muerte: los estados de ánimo son tan contagiosos y tóxicos como una enfermedad infecciosa. A menudo, los perdedores son los artífices de su propia desgracia y terminan por transmitirla a quien quiere ayudarlos. Evítelos y, en cambio, frecuente a individuos ganadores y felices.

Ley # 11. Haga que la gente dependa de usted

Criterio.

Para mantener su independencia, es indispensable que los demás lo necesiten. Cuando más confíen y dependan de usted, tanta más libertad tendrá. Haga que la gente dependa de usted para lograr su felicidad y prosperidad, y no tendrá nada que temer.

Haga que la gente dependa de usted. Ganará más con tal dependencia que con la cortesía. Quien ha saciado su sed de inmediato le vuelve la espalda a la fuente, pues ya no la necesita. Cuando la dependencia desaparece, también desaparece toda educación y después el respeto. La primera lección que la experiencia debería enseñarnos es la de mantener la esperanza viva pero nunca satisfecha, de modo que hasta un amo soberano nos necesite siempre (Baltasar Gracián, 1601-1658).

Una advertencia: no piense que, por depender de usted, su jefe lo querrá. Por el contrario, lo más probable es que lo odie y le tema. Pero, como dijo Maquiavelo, es mejor ser temido que amado. El temor es algo que se puede controlar, mientras que el amor es incontrolable. Depender de una emoción tan sutil y cambiante como el amor o la amistad sólo le generará inseguridad. Más vale que la gente dependa de usted por temor a las consecuencias de perderlo, que por el placer de su compañía.

Ley # 12. Utilice la franqueza y la generosidad en forma selectiva

Criterio.

Un gesto sincero y honesto compensará docenas de actitudes dictadas por la hipocresía y la falsedad. El gesto de franca y honesta generosidad hace bajar la guardia aun al individuo más desconfiado.

Ley # 13. Cuando pida ayuda, no apele a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su propio interés.

Criterio.

Si necesita recurrir a la ayuda de un aliado, no se moleste en recordarle el apoyo que usted le dio en el pasado, o sus buenas acciones. Lo pasado se ignora o se olvida. Si, en cambio, al formular su pedido de colaboración usted muestra elementos que beneficiarán a la otra persona y hace gran hincapié en ellos, responderá con entusiasmo a su solicitud, al detectar el beneficio que podrá obtener.

Ley # 14. Practique el espionaje

Criterio.

Es de fundamental importancia saberlo todo sobre su rival. Utilice espías para reunir información valiosa que le permita mantener siempre una ventaja sobre él. Y mejor aún: haga usted mismo de espía. Aprenda a sondear con cuidado a la gente en corteses encuentros sociales. Formule preguntas indirectas para lograr que el otro revele sus intenciones y sus debilidades. Toda ocasión es buena para ejercer el arte del espionaje.

La razón de que un soberano brillante y un sabio general conquisten al enemigo adondequiera que vayan, y de que sus logros sobrepasen a los del hombre común, es su conocimiento previo de la situación del enemigo. Ese «conocimiento previo» no pude obtenerse de los espíritus ni de los dioses, ni por analogía con hechos del pasado ni mediante cálculos astrológicos. Siempre debe obtenerse de hombres que conocen la situación del enemigo: de los espías. (Sun-tzu, El arte de la guerra, siglo IV a. C.)

En el ámbito del poder, su objetivo es ejercer un cierto grado de control sobre los hechos futuros. La información es fundamental para ejercer el poder, pero, así como usted espía a los demás, debe saber que los demás lo espiarán a usted. Una de las armas más poderosas en la lucha por la información es, por lo tanto, la de suministrar información falsa. «La verdad es algo tan precioso que siempre debería estar custodiada por un séquito de mentiras».

Ley # 15. Elimine por completo a su enemigo

Criterio.

Empezando por Moisés, todos los grandes líderes de la historia sabían que era necesario aplastar por completo al enemigo al que temían. Si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio. Se ha perdido más por una aniquilación a medias que por una exterminación total: el enemigo se recuperará y buscará venganza. Destrúyalo por completo.

Debe notarse, pues, que a los hombres hay que halagarlos, o de lo contrario aniquilarlos; se vengarán por pequeñas injurias pero no podrán hacerlo por las grandes; la herida que inflijamos a un hombre debe ser, pues, tan grande que no tengamos necesidad de temer su venganza. (Nicolás Maquiavelo, 1469-1527)

El enemigo debe ser exterminado, aplastado y privado de toda oportunidad de volver y perseguirnos. Esto vale tanto más cuando se trata de un amigo que se ha convertido en enemigo.

La norma de «aplastar al enemigo» es tan vieja como la Biblia. Puede que el primero en ponerla en práctica haya sido Moisés, quien la aprendió de Dios, cuando Él separó las aguas del mar Rojo para que los judíos pudiesen pasar y luego volvió a cerrarlas sobre los egipcios que los perseguían, de modo que «no escapó uno solo». Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con los Diez Mandamientos y vio que su pueblo adoraba al Becerro de Oro, hizo degollar hasta al último de los transgresores. Y, ya en su lecho de muerte, dijo a sus seguidores, que por fin iban a entrar en la Tierra Prometida, que cuando hubieran derrotado a las tribus de Canán debían «destruirlas por completo… no hacer trato con ellos ni tenerles clemencia».

Ley # 16. Utilice la ausencia para incrementar el poder

Criterio.

Demasiada oferta reduce el precio: cuanto más lo vean y oigan, tanto menos necesario lo considerarán los demás. Si ya ha afirmado su posición dentro de un grupo determinado, un alejamiento temporal hará que hablen más de usted, e incluso que lo admiren. Deberá aprender cuándo alejarse. Recuerde que la escasez de un recurso incrementa su valor.

Todo en el mundo depende de la ausencia y de la presencia. Una presencia fuerte llamará la atención sobre usted, dado que brillará más que quienes lo rodean. Pero, inevitablemente, se llega a un punto en que el exceso de presencia produce el efecto contrario: cuanto más usted sea visto y más se hable de usted, tanto más se irá degradando su valor. Usted se convierte en costumbre. Por más que procure ser diferente, sutilmente y sin saber por qué, la gente empezará a respetarlo cada vez menos. Tiene que aprender a retirarse en el momento adecuado, antes de que los demás lo aparten.

Esta ley sólo es aplicable cuando se ha alcanzado un cierto nivel de poder. La necesidad de retirarse sólo aparece después de que usted haya establecido su presencia. Si usted se va demasiado pronto, es decir, antes de haber obtenido la cuota necesaria de poder y respeto, simplemente será olvidado.

Nunca se debe salir de escena en tiempos de conmociones y turbulencias, pues la ausencia puede simbolizar y provocar una pérdida de poder. Tentar a los enemigos para que se alejen de la corte en el momento crítico es una estrategia grandiosa.

«El amor nunca se muere de hambre, pero sí de indigestión». Ninón de Lenclos.

Ley # 17. Maneje el arte de lo impredecible

Criterio.

El ser humano es hijo del hábito y tiene una necesidad insaciable de sentirse familiarizado con las actitudes de quienes lo rodean. Si usted se muestra predecible, confiere a los demás la sensación de tener cierto control sobre usted. Invierta los papeles: muéstrese deliberadamente impredecible. Las actitudes que en apariencia carecen de coherencia o propósito desconcertarán a los demás, que se agotarán tratando de explicarse sus movimientos y acciones.

Una advertencia: A veces la impredecibilidad puede volverse contra usted, sobre todo si se encuentra en una posición de subordinado. En ciertas ocasiones es mejor dejar que la gente que lo rodea se sienta cómoda y segura, antes que movilizarla y desconcertarla. Demasiada impredecibilidad puede considerarse una señal de indecisión o –algo mucho más grave– un problema psíquico. Los esquemas son un arma poderosa y pueden aterrar a la gente si se los rompe. Ese tipo de poder deberá utilizarse con mucha prudencia.

Ley # 18. No se aisle

Criterio.

El mundo es un sitio peligroso y los enemigos acechan por doquier; todos necesitan protegerse. Una fortaleza se presenta como la alternativa más segura. Pero el aislamiento lo expone más de lo que lo protege de los peligros que lo rodean, ya que lo aísla de información valiosa y lo destaca como un blanco fácil para los demás. Es mucho más seguro circular, mezclarse entre la gente y buscar aliados. La multitud lo protege de sus enemigos.

Retírese a su fortaleza y perderá el contacto con las fuentes de su poder. Ya no se enterará de lo que sucede a su alrededor y perderá el sentido de toda proporción. En lugar de estar más seguro, se apartará del conocimiento del cual depende su propia vida. Nunca se aleje tanto de las calles como para no escuchar lo que sucede a su alrededor o advertir las conspiraciones en su contra.

Esta ley se aplica a quienes se mueven en los más altos niveles del poder: en el momento en que pierda contacto con su gente y busque la seguridad en el aislamiento, se gestará rebelión. Nunca se crea tan elevado como para poder darse el lujo de aislarse, ni siquiera de los niveles más bajos. Al retirarse a una fortaleza, se convierte en blanco fácil para sus súbditos conspiradores, que ven su aislamiento como un insulto y un motivo de rebelión.

Un príncipe bueno y sabio, deseoso de conservar ese carácter y ansioso por evitar dar a sus hijos la oportunidad de convertirse en opresores, nunca habrá de construir una fortaleza. Así sus hijos depositarán su confianza en la buena voluntad de los súbditos, y no en la fortaleza de una ciudadela. (Nicolás Maquiavelo, 1469-1527)

Como recurso temporal, el aislamiento pude ayudar a obtener cierta perspectiva. Muchos pensadores serios han comenzado su obra en prisión, donde no hay nada que hacer, salvo pensar.

Ley # 19. Elija a sus enemigos

Criterio.

En el mundo hay muchas clases de personas diferentes, y usted no puede suponer que todos reaccionarán de la misma manera frente a su conducta. Hay ciertas personas que, si se sienten manipuladas o engañadas por usted, pasarán el resto de su vida procurando vengarse. Serán, desde el momento de la ofensa, lobos con piel de cordero. Elija con cuidado a sus contrincantes y nunca convierta en enemigo a la persona equivocada.

La habilidad de evaluar a la gente y saber con quién se está tratando es una de las artes más importantes en el proceso de alcanzar y conservar el poder. Nunca suponga que la persona con la que está tratando es más débil o menos importante que usted. Nunca confíe en las apariencias. Alguien que hoy parece una persona carente de importancia y medios mañana puede llegar a poseer gran poder e influencia.

Un insulto es algo muy difícil de olvidar. No se gana nada con insultar a alguien sin necesidad. Tráguese su impulso de ofender, aunque la otra persona parezca débil e inofensiva. La satisfacción que la ofensa le dará es muy poca comparada con el riesgo de que algún día el otro se halle en una posición desde la cual podría hacerle mucho daño.

Convénzase de que no hay persona tan insignificante que no pueda tener, en un momento u otro, el poder de resultarle de utilidad; lo cual por cierto no hará si usted le ha mostrado su desprecio. Los errores suelen perdonarse, pero el desprecio nunca. Nuestro orgullo lo recuerda para siempre. (Lord Chesterfield, 1694-1773)

Ley # 20. No se comprometa

Criterio.

No se apresure a tomar partido. No se comprometa con ninguna posición o causa, salvo con la que beneficia sus propios intereses. Deje que todos lo cortejen.

Cuando usted mantiene una cierta distancia, no genera enojo sino una especie de respeto.

Si permite que los demás tengan la sensación de poseerlo, en mayor o menor grado, usted perderá todo su poder sobre ellos. Cuanto más evite comprometer sus afectos, más esfuerzos harán los otros para ganar su adhesión. Manténgase por encima de todos, y obtendrá el poder que genera la atención de los demás y el frustrado deseo de posesión que experimenten. Aliente las esperanzas pero nunca las satisfaga.

La gente que se apresura a apoyar a otro suele ganar poco respeto a lo largo del proceso, porque su ayuda es fácil de obtener. Los que mantienen cierta distancia, en cambio, se encuentran rodeados por suplicantes; su aire de superioridad es muy poderoso y todos quieren tenerlos de su parte.

Ley # 21. Muéstrese cándido

Criterio.

A nadie le gusta sentirse menos inteligente que los demás. Por lo tanto, el truco consiste en hacer sentir a sus contrincantes más sagaces e inteligentes que usted. Una vez se hayan convencido de esto, aflojaran la presión permitiéndole obrar con mayor libertad.

En vista de lo importante que es la idea de ser inteligente para la vanidad de la mayoría de la gente, resulta fundamental no insultar nunca inadvertidamente o impugnar la capacidad intelectual de una persona. Esto constituye un pecado imperdonable.

Sepa cómo utilizar la estupidez; hasta el hombre más sabio juega esta carta en algún momento de su vida. Hay circunstancias en las que la máxima sabiduría consiste en parecer ignorante; no es que deba ser ignorante, sino tener la capacidad de fingir ignorancia. De nada sirve ser sabio entre los tontos y cuerdo entre los lunáticos. La mejor forma de ser bien recibido por todos es envolverse en la piel de los más tontos y torpes. (Baltasar Gracián, 1601-1658)

 

Ley # 22. Si no puede ganar capitule.

Criterio.

Cuando usted sea el más débil, nunca luche simplemente por salvar su honor. Opte, en cambio, por la capitulación. Rendirse le dará tiempo para recuperarse, tiempo para atormentar e irritar al vencedor, tiempo para esperar a que el poder de éste se diluya. No le dé la satisfacción de luchar y ser vencido por él. Capitule antes de ser derrotado. En esta forma enfurecerá y desconcertará a su contrincante. Convierta la capitulación en un instrumento de poder.

Esta es la esencia de la táctica de la rendición: por dentro usted se mantiene firme, pero por fuera se doblega. Si usted es el más débil, no gana nada con pelear en vano. Proyecte su poder en el tiempo; nunca sacrifique su maniobrabilidad a largo plazo por las efímeras glorias del martirio.

Utilice la rendición para aprender de su enemigo. Con el tiempo saldrá victorioso, porque, mientras su adversario lo considere débil e inferior, no se cuidará de usted, y usted podrá aprovechar el tiempo disponible para ponerse a su altura y luego superarlo.

Ley # 23. Concentre sus fuerzas

Criterio.

Conserve sus fuerzas y su energía, manteniéndolas concentradas en su punto más fuerte. Ganará más descubriendo un rico yacimiento y explotándolo en profundidad, que pasando de un yacimiento pobre a otro. La intensidad siempre triunfa sobre la dispersión. Cuando busque fuentes de poder que puedan promoverlo, procure encontrar siempre el patrón clave único, la vaca lechera que pueda ordeñar durante largo tiempo.

La mejor estrategia consiste en mantenerse siempre muy fuerte, primero en términos generales, luego en los aspectos decisivos… No existe ley de la estrategia más importante ni más simple que la de mantener concentradas las fuerzas… En síntesis, el principio básico es: actúe con la máxima concentración.

Sobre la guerra, Carl von Clausewitz, 1780-1831

Invalidación: La dispersión suele ser la actitud correcta para los más débiles, y es el principio básico de la guerra de guerrillas; sin embargo para la mayoría suele ser mejor pecar de intensidad que de dispersión.

 

Ley # 24.  Sea un buen cortesano

Criterio.

El cortesano perfecto prospera y alcanza su plenitud en un mundo en el cual todo gira en torno del poder y de la habilidad política. Se somete a sus superiores y reafirma su poder sobre los demás. Aprenda a aplicar las leyes del cortesano, y su ascenso dentro de la corte no conocerá límites.

Las leyes de la política cortesana.

· Evite la ostentación.

· Reste importancia a lo que hace.

· Sea frugal con los elogios.

· Modifique su estilo y su lenguaje según la persona con la que esté tratando.

· Nunca sea portador de malas nuevas.

· No presuma de amistad o intimidad con su jefe.

· Jamás critique directamente a quienes se hallan por encima de usted.

· Sea frugal al pedir favores de sus superiores. Y lo más importante de todo: no pida favores para otros, y menos aún para un amigo.

· Nunca haga bromas sobre apariencias o gustos. Pero evite cualquier tipo de bromas sobre apariencias o gustos personales, dos áreas muy sensibles, sobre todo en sus superiores. No lo haga ni siquiera cuando esté lejos de ellos.

· No sea el cínico de la corte.

· Obsérvese a sí mismo. Usted debe ser su propio espejo y aprender a verse como lo ven los demás.

· Controle sus emociones.

· Su espíritu y su forma de pensar deberán adecuarse a los tiempos, aunque éstos hieran su sensibilidad. Si se adelanta demasiado, nadie lo comprenderá. Nunca conviene destacarse demasiado en este aspecto.

 

Ley # 25.  Renuévese permanentemente.

Criterio.

No acepte los papeles que la sociedad le ha endilgado. Fórjese una nueva identidad que atraiga la atención y nunca aburra al público. Sea el dueño de su propia imagen en lugar de permitir que otros la definan por usted. Incorpore elementos dramáticos en sus acciones públicas.

Comprenda que el mundo quiere asignarle un papel en la vida, y una vez que usted haya aceptado ese papel, estará condenado. Su poder queda limitado a lo que se le permite al papel que ha elegido o que lo han obligado a adoptar. Un actor, en cambio, interpreta muchos papeles. Disfrute de ese poder; si no está a su alcance, al menos fórjese una nueva identidad, de su propia creación, que no tenga límites prefijados. Aprenda a representar varios papeles, a ser lo que el momento le exige. Adecue su máscara a las situaciones: sea creativo y cambiante en cuanto a los rostros que muestra al público.

Sepa ser todo para todos. Un discreto Proteo, un intelectual entre intelectuales, un santo entre santos. En esto radica el arte de ganar la adhesión de todos, ya que nada atrae tanto como lo similar. Observe los distintos temperamentos y adécuese al de la persona que tiene enfrente; siga la corriente del serio y del jovial, cambiando con discreción de ánimo y modalidad. (Baltasar Gracián, 1601-1658)

 

Ley # 26. Mantenga sus manos limpias.

Criterio.

Es necesario que, en todo momento, usted aparezca como paradigma de la pulcritud. Mantenga su impecabilidad, utilizando a otros, cuando sea necesaria su participación personal en hechos que pueden prestarse a malas interpretaciones de los demás.

Haga usted todo lo grato y placentero y todo lo ingrato hágalo a través de terceros. Con lo primero ganará fama y favores; con lo segundo evitará malquistarse con los demás. Los asuntos importantes a veces exigen premios y castigos. Deje que de usted sólo provenga lo bueno, y que lo malo, de los demás. (Baltasar Gracián, 1601-1658)

 

Ley # 27. Consiga seguidores incondicionales.

Criterio.

La gente tiene una necesidad irrefrenable de creer en algo. Conviértase en el centro focalizador de esa necesidad, ofreciéndoles una causa o una nueva convicción a la que adherir. Enfatice el entusiasmo por sobre el pensamiento claro y racional. Establezca una dinámica de «nosotros contra ellos». Dé a sus nuevos discípulos rituales que realizar y exíjales sacrificios. Ante la ausencia de una religión organizada y grandes causas en las que se pueda creer, un nuevo sistema de convicciones confiere un poder muy grande.

 

Ley # 28.  Actúe con audacia.

Criterio.

Si se siente inseguro frente a determinado curso de acción, no lo intente. Sus dudas y titubeos se transmitirán a la ejecución del plan. La timidez es sumamente peligrosa; lo mejor es encarar toda acción con audacia. Cualquier error que usted cometa por ser audaz se corregirá con facilidad mediante más audacia. Todo el mundo admira al audaz; nadie honra al timorato.

Cuanto más audaz sea su ataque, tanto más se destacará usted entre la multitud y más admiración cosechará. La sociedad está llena de gente que tiene pensamientos audaces pero carece de agallas para darlos a conocer. Diga lo que siente el público: la expresión de sentimientos compartidos siempre otorga poder. Busque el blanco más prominente posible y dispare contra él su munición más audaz. El mundo disfrutará del espectáculo y lo honrará con gloria y poder.

Pero con quienes han hecho una impresión en tu corazón, noto que muestras gran timidez. Esta cualidad podrá conquistar a una burguesa, pero el corazón de una mujer de mundo exige que se lo ataque con otras armas… En nombre de todas esas mujeres, te digo lo siguiente: no hay una entre nosotras que no prefieren un trato un poco rudo a demasiada consideración. El hombre pierde más corazones mediante actitudes erróneas, que los que salva la virtud. Cuanto mayor sea la timidez que muestre un amante ante nosotras, tanto más nos impulsa el orgullo a hacerlo sufrir; cuanto más respete nuestra resistencia, tanto más respeto exigimos de él. Con mucho gusto diríamos a los hombres: «Por el amor de Dios, no supongan que somos tan virtuosas; nos obligan a hartarnos de serlo…». De continuo luchamos por ocultar que nos hemos permitido ser amadas. Pon a una mujer en una posición en la que pueda decir que sólo ha cedido frente a una especie de violencia. O, persuádela de que no la tienes en menos y te harás responsable de su corazón… Un poco más de audacia de tu parte pondría en una situación más cómoda a los dos. Recuerda lo que te dijo no hace tanto M. de La Rochefoucauld: «Un hombre razonable que está enamorado puede actuar como un loco, pero nunca puede ni debe actuar como un idiota». Life, letters, and epicurean philosophy Ninon de Lenclos, 1620-1705

 

Ley # 29. Planifique sus acciones

Criterio.

Un final brillante constituye el corolario que da énfasis a todo su accionar. Planifique su camino teniendo en cuenta todas las consecuencias posibles, todos los obstáculos y todos los giros del azar que puedan incidir de manera negativa sobre su trabajo. Planificar todo un proceso, de principio a fin, evitará que lo abrumen los factores negativos, le facilitará manejar mejor la incertidumbre y le permitirá saber con exactitud cuándo detenerse.

Según la cosmología de los antiguos griegos, se creía que los dioses tenían una visión completa del futuro. Veían todo el porvenir, hasta en sus detalles más complejos. Los hombres, por otra parte, eran considerados como víctimas del destino, prisioneros del momento y de sus emociones, incapaces de ver más allá de los peligros inmediatos. Aquellos héroes que, como Ulises, eran capaces de ver más allá del presente y planear varios pasos por adelantado, parecían desafiar el destino y acercarse a los dioses en su capacidad de determinar el futuro. Esta comparación aún es válida hoy en día: quienes son capaces de prever por adelantado y planear con paciencia para lograr que sus planes den sus frutos tienen un poder cercano al de los dioses.

 

Ley no. 30.  Haga que sus logros parezcan no requerir esfuerzos

Criterio.

Su accionar deberá parecer natural y de fácil ejecución. Toda la práctica y el esfuerzo que usted invierta en él, deberán permanecer ocultos. Cuando actúe, hágalo como si la tarea que tiene entre manos fuese algo de lo más sencillo, como si pudiese hacer todavía mucho más. Evite la tentación de revelar lo mucho que usted trabaja, pues con ello sólo generará dudas y cuestionamientos.

La naturaleza no revela sus trucos, el que imita a la naturaleza en su casual facilidad se aproxima al poder inherente de lo natural. Nunca se ve la fuente del poder de un dios; sólo se ven sus efectos.

Algunos creen que revelar el esfuerzo realizado demuestra diligencia y sinceridad, pero en realidad sólo los hace parecer más débiles, como si cualquier persona que practique y trabaje sobre eso pudiera lograr lo mismo. Cuando informa cómo hace las cosas, da a los demás ideas que pueden utilizar contra usted y pierde la ventaja del silencio. Tendemos a desear que el mundo sepa lo que hemos hecho, deseamos gratificar nuestra vanidad recibiendo aplausos por nuestro trabajo esforzado y por nuestras habilidades, e incluso buscamos que nos compadezcan por el tiempo y el esfuerzo invertidos para alcanzar tal grado de eficiencia. Aprenda a controlar ese deseo de exhibirse, dado que los efectos de tal exhibición son a menudo todo lo contrario de lo que usted espera. Recuerde: cuanto más misterio rodee sus acciones, tanto más impresionante parecerá ser su poder. Y, por último, dado que usted alcanza sus logros con gracia y facilidad, la gente cree que usted siempre podría lograr o hacer más, si así lo deseara. Esto no sólo genera admiración, sino que también permite inspirar un poco de temor.

 

Ley # 31. Reparta usted las cartas

Criterio.

El mejor engaño es aquel que aparenta ofrecer opciones al otro: sus contendores sienten que controlan la situación, pero en realidad no es así. Presente opciones que siempre le sean favorables, independientemente de cuál de ellas elijan los demás. Oblíguelos a optar entre el menor de dos males y logre que cualquiera de las dos elecciones resulte a favor de usted.

 

Ley # 32. Apele a las fantasías de las personas

Criterio.

Muchas veces se evita la verdad porque suele ser dura y desagradable. Nunca recurra a la verdad ni a la realidad, salvo que esté dispuesto a enfrentar la ira que genera la desilusión. La vida es tan dura y problemática que aquellas personas capaces de inventar ilusiones o conjurar fantasías son como oasis en el desierto: todos van hacia ellas. Apelar a las fantasías de las masas es una fuente inmensa de poder.

 

Ley # 33. Descubra el talón de Aquiles de los demás

Criterio.

Todo individuo tiene un punto débil, una fisura en la muralla que rodea su fortaleza. Por lo general, esa debilidad es algo que le causa inseguridad o una emoción o una necesidad que lo supera. También puede ser un pequeño placer secreto. Sea lo que fuere, una vez que usted haya descubierto esa debilidad se convierte en un elemento de presión que podrá manejar a su favor. Al explorar más allá de las apariencias, muchas veces descubrirá que las debilidades de la gente son en realidad lo opuesto de las cualidades que manifiestan.

 

Ley # 34. Actúe como un rey si quiere ser tratado como tal

Criterio.

Su forma de actuar determinará cómo lo tratarán los demás: a la larga, una conducta vulgar o común hará que la gente le pierda el respeto. Al adoptar una actitud de rey, mostrando confianza en su propio poder, logrará que lo consideren predestinado a llevar una corona real sobre la cabeza.

La dignidad siempre es la máscara que usted debe ponerse en situaciones difíciles: es como si nada lo afectara y usted tuviera todo el tiempo del mundo para reaccionar. Lo que usted debe irradiar es confianza, no arrogancia ni desdén.

 

Ley # 35. Domine el arte de la oportunidad

Criterio.

Nunca demuestre tener prisa, ya que el apuro delata una falta de control sobre el tiempo y sobre su propio accionar. Muéstrese siempre paciente, como si supiera que, con el tiempo, todos sus deseos se cumplirán. Conviértase en especialista en el arte de detectar el momento propicio para cada cosa. Descubra el espíritu de los tiempos actuales y las tendencias que generan poder. Aprenda a mantenerse a la expectativa cuando el momento adecuado no haya llegado y a aprovechar cuando la oportunidad se presente.

 

Ley # 36. Menosprecie las cosas que no puede obtener

Criterio.

Al prestar atención a un problema trivial, lo convierte en real y le confiere importancia. Cuanta más atención le preste a un enemigo, tanto más lo fortalecerá. A menudo, un pequeño error se magnifica en el intento de corregirlo. A veces, lo mejor es dejar ciertas cosas por completo de lado. Si hay algo que usted desea pero no puede obtener, menosprécielo. Cuanto menos interés demuestre, mayor será el nivel de superioridad que verán los demás en usted.

El deseo suele causar efectos contradictorios: cuanto más usted desee algo, cuanto más procure alcanzarlo, tanto más esa meta lo eludirá. El deseo incontrolable lo hará parecer débil, despreciable y patético.

Lo que debe hacer es volver las espaldas al objeto de su deseo, demostrarle menosprecio y desdén. Este es el tipo de respuesta poderosa que enloquecerá a su blanco. Este reaccionará con un deseo propio, que será el de afectarlo a usted de alguna forma, quizá poseyéndolo, quizás hiriéndolo. Si el otro ansía poseerlo, usted habrá completado con éxito el primer paso de la seducción. Si el otro quiere herirlo, usted lo habrá desconcertado y logrado que juegue de acuerdo con sus propias reglas.

El desdén es prerrogativa del rey. Cuando sus ojos se vuelven hacia algo, lo que él decide ver es lo que se convierte en realidad; lo que él ignora es como si no existiese.

 

Ley No. 37. Arme espectáculos imponentes

Criterio.

Una imaginería impactante y gestos simbólicos grandiosos generan aura de poder, ya que ejercen gran atracción sobre todos. Presente espectáculos imponentes para quienes lo rodean, plenos de elementos visuales fascinantes y radiantes simbolismos, que enfaticen su presencia. Encandilados por las apariencias, los demás no se darán cuenta de lo que usted está haciendo en realidad.

Las palabras nos ponen a la defensiva. Si usted debe explicarse, su poder ya se halla cuestionado. La imagen, en cambio, se impone por sí misma, como algo dado. Desalienta las preguntas, genera asociaciones poderosas, resiste interpretaciones equívocas, comunica al instante y forja lazos que trascienden las diferencias sociales. Las palabras generan discusiones y divisiones. Las imágenes unen a la gente, por ello constituyen instrumentos fundamentales del poder.

Procure siempre encontrar un símbolo para representar su causa, cuanto más emocionales sean las asociaciones, tanto mejor. No se puede lograr el poder si se ignoran las imágenes y los símbolos. No hay invalidación posible para esta ley.

 

Ley # 38. Piense como quiera pero compórtese como los demás

Criterio.

Si usted hace ostentación de ir contra la corriente, alardeando acerca de sus ideas poco convencionales y sus actitudes heterodoxas, la gente pensará que usted sólo desea llamar la atención y que desprecia a los demás. Encontrarán la forma de castigarlo por hacerlos sentir inferiores. Es mucho más seguro confundirse con la masa y adoptar un cierto aire «común». Limítese a compartir su originalidad con amigos tolerantes y con aquellas personas de las que está seguro que aprecian su forma de ser.

No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas y después, volviéndose, os despedacen. (Mateo 7-6)

Ley # 39. Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca

Criterio.

La ira y las emociones son estratégicamente contraproducentes. Siempre deberá mantenerse sereno y objetivo; pero si puede enfurecer a sus enemigos mientras usted conserva la calma, obtendrá una ventaja decisiva. Desubique a sus enemigos: descubra la forma a través de la cual pueda sacudirlos y manejarlos.

Esta es la esencia de la ley: cuando las aguas están calmas, los adversarios tienen tiempo y espacio para tramar acciones que ellos iniciarán y controlarán. Así que revuelva las aguas, obligue al pez salir a la superficie y fuerce a actuar a sus adversarios antes de que estén preparados; róbeles la iniciativa. Cuanto más furioso esté, tanto menos control tendrá, y terminará atrapado en el remolino armado por usted.

Nada es tan irritante como un hombre que mantiene la calma mientras los demás la pierden. Cuando usted pueda obtener una ventaja desconcertando a su adversario, adopte una posición de aristocrática displicencia, sin burlarse ni mostrarse triunfante sino solo haciendo gala de suma indiferencia. Esto encenderá la mecha. Cuando su adversario se haya puesto en una situación embarazosa a raíz de sus arranques de ira, usted habrá ganado varias victorias, una de las cuales es que, frente a una actitud infantil, usted logró mantener su dignidad y compostura.

 

Ley # 40. Menosprecie lo que es gratuito

Criterio.

Todo lo que es gratuito es peligroso, ya que por lo general implica alguna treta o un compromiso oculto. Las cosas que tienen valor valen la pena pagarse. De esta manera, no estará obligado a gratitud alguna, se verá libre de culpa y evitará fraudes y engaños. Lo más inteligente es, a menudo, pagar el precio total. Cuando hablamos de excelencia no hay gangas. Sea generoso con su dinero y hágalo circular, dado que la generosidad es señal de poder.

Hacer un regalo implica que usted y quien lo recibe son, por lo menos iguales, o que usted es superior al destinatario. Un regalo implica también obligación por parte del que lo recibe. Cuando sus amigos, por ejemplo, le ofrecen algo en forma gratuita, sin duda alguna esperan algo a cambio; para obtenerlo, hacen que usted se sienta en deuda.

Al hacer el regalo apropiado, usted coloca al destinatario en una posición de obligación. La generosidad suaviza a la gente.

El poderoso nunca olvida que lo que se ofrece gratis es siempre una trampa. Los amigos que ofrecen favores sin pedir pago alguno más adelante querrán algo mucho más caro que el dinero que usted les habría pagado. La ganga esconde problemas, tanto materiales como psicológicos. Aprenda a pagar, y a pagar bien. Observe a los maestros del poder, entre ellos no hay un solo avaro.

 

Ley # 41. Evite imitar a las grandes figuras

Criterio.

Lo que se produce por primera vez siempre parece mejor y más original que lo que viene después. Si usted sucede a un gran hombre o tiene padres célebres, deberá lograr el doble para poder superar la imagen de ese «modelo». No se pierda en la sombra de esos «grandes» ni se quede estancado en un pasado que no es obra suya: encuentre su propia identidad y reafírmela con su accionar diferente. Elimine a ese padre dominante. Gane poder a través de sus propios méritos.

Nunca se permita seguir el camino de su predecesor. Si lo hace, no logrará superarlo. Usted debe demostrar que es diferente en forma palpable, estableciendo un estilo y un simbolismo que lo distingan, no tratando de superarlo, sino de diferenciarse de él lo más posible. Si en algún momento observa que la gente lo asocia con algún hecho o alguna persona del pasado, haga todo lo que pueda para diferenciarse de ese recuerdo y destruir ese reflejo.

A menudo es sabio no perder de vista a los jóvenes, sus futuros rivales en el poder. Así como usted trata de librarse de su padre, ellos pronto le harán el mismo juego a usted, denigrando cuanto haya logrado. Así como usted asciende rebelándose contra el pasado, no deje de observar a quienes surgen desde abajo, y no les dé la oportunidad de hacer lo mismo con usted.

 

Ley # 42. Muerto el perro, se acabó la rabia

Criterio.

Los problemas suelen tener su origen en un solo individuo fuerte: el instigador, el subalterno arrogante, el sembrador de inquinas y resentimientos. Si usted deja espacio para el accionar de este tipo de individuo, otros sucumbirán a la influencia del personaje. No espere a que los problemas que él causa se multipliquen, y no trate de negociar con él, pues es irrecuperable. Neutralice esa influencia, aislándolo o eliminándolo. Recuerde que, muerto el perro, se acabó la rabia.

El cáncer comienza con una única célula; extírpela antes de que se expanda y se vuelva incurable.

A menudo es mejor aislar al enemigo que destruirlo, dado que nuestra decisión parecerá menos brutal. El resultado, sin embargo, es el mismo, porque en el juego del poder el aislamiento equivale a la muerte. La forma más eficaz de aislamiento consiste en separar de algún modo a su enemigo de la base de poder en que se apoya.

Si el ataque del enemigo puede ser detenido derribando al líder, ¿para qué causar más muertos y heridos de lo necesario? (Tu Fu, poeta chino de la dinastía Tang, siglo VIII)

 

Ley # 43. Trabaje sobre la mente y el corazón de los demás

Criterio.

La coerción provoca una reacción que, con el tiempo, puede actuar en contra de usted. Es necesario lograr, mediante maniobras de seducción, que los demás se muevan en la dirección que usted desea. Una vez seducida, la persona se convierte en su leal servidor. Y la forma más eficaz de seducir a alguien consiste en manejar con habilidad su sicología. Debilite la resistencia del otro a través de la manipulación de las emociones, jugando con lo que el otro ama y valora o lo que teme. Si usted ignora el corazón y la mente de los demás, terminarán odiándolo.

Cuánto más alta sea la posición que usted ocupe, tanto más necesitará mantenerse conectado con el corazón y la mente de quienes se hallan por debajo, de modo de crear una base que le permita permanecer en la cumbre del poder. Sin esa base, su poder tambaleará y al mínimo cambio de fortuna sus inferiores contribuirán con gran placer a su caída.

 

Ley # 44. Use el efecto espejo

Criterio.

El espejo refleja la realidad pero también es el arma perfecta para el engaño: cuando usted refleja a sus enemigos, haciendo exactamente lo que hacen ellos, no lograrán deducir su estrategia. El efecto Espejo los burla y humilla, lo cual los lleva a reaccionar en forma desmedida. Al poner un espejo frente a su psique, usted los seduce con la ilusión de que comparte sus valores. Al reflejar sus acciones en un espejo; les enseña una lección. Son muy pocos los que pueden resistirse al poder del Efecto Espejo.

En el ámbito del poder hay cuatro Efectos Espejo principales:

· El Efecto Neutralizador. Haga lo que hacen sus enemigos, imite las acciones de ellos lo mejor posible, y no podrán detectar sus verdaderas intenciones. La estrategia habitual de sus enemigos para manejarlo a usted se basa en las reacciones que lo caracterizan; neutralice esas reacciones mimetizándose con sus enemigos. Este es el Espejo del Guerrero. La versión inversa del Efecto Neutralizador es el Efecto Sombra: usted imita cada movimiento del adversario sin que éste lo vea. El Efecto Sombra es eficaz porque seguir los movimientos del otro permite comprender en profundidad sus hábitos y rutinas. Esta es la técnica básica utilizada por detectives y espías.

· El Efecto Narciso. Juega con el narcisismo universal: usted mira hasta el fondo del alma de otra persona, intuye sus más íntimos deseos, sus valores, sus gustos, su espíritu, y refleja todo esto, convirtiéndose en una especie de imagen del otro. Su habilidad para reflejar la psique del otro le otorga gran poder sobre esa persona, y hasta puede encender una chispa de amor. Si usted demuestra que entiende a otra persona, al reflejar sus más íntimos sentimientos, esa persona quedará fascinada y usted logrará desarmarla, sobre todo porque esto es algo que sucede con muy poca frecuencia. Muy pocos pueden resistir la sensación de verse armoniosamente reflejado en el mundo exterior.

· El Efecto Moral. Es la forma perfecta de demostrar las propias ideas a través de la acción. En síntesis, usted da a otros una lección al hacerles probar la medicina que ellos pretenden administrarle a usted.

· El Efecto Alucinatorio. Consiste en crear una copia perfecta de un objeto, un lugar o una persona. Esa copia actúa como una especie de maniquí: la gente lo considera auténtico porque tiene la apariencia física de lo auténtico. Esta es fundamentalmente la técnica de los grandes estafadores que imitan el mundo real para embaucar. También tiene aplicación en cualquier situación que exija camuflaje.

 

Ley # 45. Nunca modifique demasiado a la vez

Criterio.

En teoría, todo el mundo comprende la necesidad del cambio, pero en el nivel cotidiano, el ser humano es hijo de la costumbre. Demasiada innovación resulta traumática y conducirá a la rebelión. Si usted es nuevo en una posición de poder, o un tercero que intenta construir una base de poder, haga alarde de respetar la forma tradicional de hacer las cosas. Si se impone un cambio necesario, hágalo aparecer como una leve modificación positiva del pasado.

Max Planck, con respecto a la oposición científica que debió enfrentar escribiría: «Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a los adversarios y haciéndoles ver la luz, sino porque con el tiempo esos adversarios mueren y surge una nueva generación que ya se ha familiarizado con esa verdad».

Por último, recuerde que la gente poderosa presta mucha atención al el espíritu de la época. Si las reformas que usted pretende se adelantan demasiado a su tiempo, pocos las comprenderán; generarán ansiedad y serán mal interpretadas. Los cambios que usted implementa deberán parecer menos innovadores de lo que son. Quienes concluyen una revolución raras veces son los mismos que la iniciaron.

Hay que considerar que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que la implementación de un nuevo orden de cosas. Nicolás Maquiavelo, 1469-1527

 

Ley No. 46. Nunca se muestre demasiado perfecto

Criterio.

Siempre es peligroso mostrarse superior a los demás, pero lo más peligroso de todo es parecer libre de toda falta o debilidad. La envidia genera enemigos silenciosos. Lo inteligente es poner de manifiesto, de vez en cuando, sus defectos y admitir vicios inofensivos, a fin de desviar la envidia y parecer más humano y accesible. Sólo los dioses y los muertos pueden parecer perfectos impunemente.

Comprenda que, a medida que vaya ganando mayor poder, quienes están debajo de usted le tendrán envidia. No lo demostrarán, pero es inevitable. No acepte ingenuamente la fachada que le muestran: aprenda a leer entre líneas las críticas, los pequeños comentarios sarcásticos, las virtuales puñaladas por la espalda, el elogio excesivo, la mirada de resentimiento. Los grandes problemas de la envidia aparecen cuando no la reconocemos hasta que es ya demasiado tarde. Los efectos de la envidia son más serios entre colegas y pares, donde hay un barniz de igualdad.

El maestro del poder entiende que la apariencia de superioridad sobre los otros no tiene importancia alguna; lo que importa es la superioridad real.

 

Ley # 47. Al triunfar, aprenda cuándo detenerse

Criterio.

El momento del triunfo es a menudo el momento de mayor peligro. En el fragor de la victoria, la arrogancia y un exceso de confianza en sus fuerzas pueden llegar a impulsarlo más allá de la meta que se había propuesto en un principio y al ir demasiado lejos serán más los enemigos que se creará que los que logre vencer. No permita que el éxito se le suba a la cabeza. No hay nada como la estrategia y la planificación cuidadosa. Fíjese un objetivo y, cuando lo alcance, deténgase.

El ámbito del poder siempre debe guiarse por la razón. Permitir que la seducción del momento o un triunfo emocional influya sobre usted o dirija sus movimientos podrá resultarle fatal. Cuando usted logra el éxito, dé un paso atrás. Muéstrese cauteloso. La historia está sembrada de ruinas de imperios victoriosos y de cadáveres de líderes que no supieron cuándo detenerse y consolidar sus conquistas.

 

Ley # 48. Sea cambiante en su forma

Criterio

Al adoptar una forma definida y tener un plan claro para todo el mundo, usted se convertirá en el blanco de ataques diversos. En lugar de brindar a sus enemigos algo concreto que atacar, manténgase flexible, adaptable y en movimiento. Acepte el hecho de que nada es absoluto y de que no existen las leyes fijas. La mejor forma de protegerse es mantenerse tan fluido y cambiante como el agua. Nunca apueste a la estabilidad ni a un orden perdurable. Todo cambia.

Cuando usted quiere combatirnos, no se lo permitimos y no puede encontrarnos. Pero cuando nosotros queremos combatirlo a usted, nos aseguramos que usted no pueda escapar y de que podamos golpearlo de lleno… y exterminarlo… El enemigo avanza, nosotros retrocedemos; el enemigo acampa, nosotros lo hostigamos; el enemigo se cansa, nosotros atacamos; el enemigo se bate en retirada, nosotros lo perseguimos. Mao Tse-tung, 1893-1976.

Este es el poder de la no-forma: no ofrece al agresor nada que agredir.

El primer requisito psicológico de la no-forma es el de aprender a no tomar nada de manera personal. Nunca se muestre a la defensiva. Cuando actúa a la defensiva, usted muestra sus emociones y revela una forma clara. Sus adversarios se darán cuenta de que han tocado un nervio, un talón de Aquiles, y volverán a golpearlo una y otra vez. De modo que entrénese para no tomar nada en forma personal. No permita que nadie vea qué es lo que lo afecta o hiere, ni cuáles son sus puntos débiles. Mantenga su rostro como una máscara sin forma y terminará enfureciendo y desorientado a sus intrigantes colegas y adversarios.

Los gobernantes flexibles, sin forma definida, serán muy criticados pero perduran, y con el tiempo la gente termina identificándose con ellos, dado que son como sus súbditos: cambiantes frente a los cambiantes tiempos, abiertos a las circunstancias.

La necesidad de la no-forma se hace mayor a medida que avanzamos en edad, dado que tendemos a reafirmarnos en nuestras modalidades y adoptamos formas demasiado rígidas. Nos tornamos predecibles, lo cual es siempre la primera señal de la decrepitud. A medida que usted vaya envejeciendo deberá apoyarse cada vez menos en el pasado. Pero tampoco se trata de imitar las modas de juventud, algo igualmente ridículo.

Por último, aprender a adaptarse a cada nueva circunstancia significa ver los hechos a través de sus propios ojos, y a menudo ignorar los consejos que la gente le ofrece. Significa que, en última instancia, usted tendrá que desechar las leyes que otros predican y los manuales que otros escriben, y también el sabio consejo de sus mayores. Lo que significa que es responsabilidad de usted evaluar cada situación nueva. Si confía demasiado en las ideas de los demás, terminará adoptando una forma que no es la construida por usted. Demasiado respeto por la sabiduría ajena hará que usted termine despreciando la suya. Sea brutal con el pasado, sobre todo con el suyo propio, y tome con beneficio de inventario las filosofías que le sean enseñadas desde afuera.

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