El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl

El libro, en modo autobiográfico, relata la vida del autor Viktor E. Frankl en los campos de concentración de la antigua Alemania nazi. Relata la crueldad con la que los […]

El libro, en modo autobiográfico, relata la vida del autor Viktor E. Frankl en los campos de concentración de la antigua Alemania nazi. Relata la crueldad con la que los soldados de las SS maltrataban a los prisioneros y a su vez explica como incidía la vida en el campo de concentración en la mente del prisionero medio.

En un campo de concentración había dos tipos de prisionero diferentes, a saber: el prisionero corriente, que sufría los trabajos mas duros y recibía la crueldad de los soldados y los denominados “capos”, estos capos eran prisioneros con privilegios y a menudo trataban a los otros prisioneros peor que los mismísimos soldados.
Nada mas llegar al campo de concentración, que en este caso era el de Auschwitz, al prisionero se le quitaban sus objetos personales y sus documentos de identidad y se les identificaba con un número. Después se hacia una primera selección que para algunos tendría un destino fatal. Agrupaban a los enfermos, deformes, débiles o que en resumen, tenían algún defecto para trabajar y los enviaban a alguno de los campos centrales, provistos de crematorios y cámaras de gas.

Los trabajos forzados de los prisioneros tenían, a veces, una recompensa en forma de cupón. Dicho cupón se podía canjear por una docena de cigarrillos o una docena de raciones de sopa. Normalmente los cupones se guardaban para la sopa, pero, gracias a ellos se podía distinguir cuando un prisionero perdía las ganas de vivir y se fumaba sus cigarros para “disfrutar” de sus últimos días de existencia.
El autor divide la vida en el campo en tres fases. A raíz de las cuales me dispongo a resumir el libro:

Fase uno, “El internamiento en el campo”.

Llegó el momento de la desinfección, donde les quitaron todos sus objetos personales, Frankl perdió un manuscrito de alto valor, les afeitaron todo el cuerpo y les dieron una pastilla de jabón. A partir de ese momento lo único que tendrían aquellos prisioneros seria su existencia desnuda. Ningún enlace material hacia su vida anterior. Después en la ducha a todos los prisioneros los embargó un humor macabro. Sabían que nada tenían que perder así que se pusieron a bromear sobre ellos mismos. Aparte del humor, otra sensación se apodero de ellos: la curiosidad, que suele aparecer ante ciertas circunstancias extrañas. Se tenía ese ánimo como medida de protección, todos deseaban saber que pasaría a continuación.

La amenaza de muerte continua, lo desesperado de la situación y el preguntarse quien sería el siguiente abrigaba en ellos el pensamiento de suicidarse o “lanzarse contra la alambrada”, como decían ellos. Seguidamente un colega de Frankl salio de su barracón a pesar de la prohibición y les dio unos consejos alentadores, como el de tener una apariencia joven y lozana. Puesto que a los que parecían enfermos y demacrados por fuera y por dentro eran los que mas probablemente fueran derechos a la cámara de gas.

A estos últimos se les llamaba musulmanes.

Fase dos, “La vida en el campo”

Las reacciones de la fase anterior empezaron a desaparecer a los pocos días. A todos los prisioneros los invadió un síntoma de apatía, en la que se llegaba a una especie de muerte emocional, desaparecen sus sentimientos ante la visión de cosas tétricas que ocurren todos los días (como el niño que se le hielan los pies y se medio arranca los dedos con unas tenazas), hasta que al final esas escenas se hacen habituales y se acostumbraban a ellas. Esta apatía era un mecanismo necesario de autodefensa, ya que el prisionero olvidaba todo dolor y sufrimiento y se centraba en un único objetivo, el conservar la vida propia y la de otros compañeros

Los deseos más primitivos de los prisioneros, como comida, un baño caliente, cigarrillos, etc. se hacían ver en sus sueños. En una ocasión, Frankl pretendía despertar a un compañero que estaba teniendo una pesadilla. Pero al final lo dejo porque por muy horrible que fuera la pesadilla siempre seria mejor que la realidad en el campo.
El hecho de la desnutrición que sufrían y que la ausencia total de sentimentalismo provocaba también que el deseo sexual fuera nulo. Pero a pesar del primitivismo físico y mental. Los prisioneros llevaban una profunda vida espiritual. Las personas de constitución débil y que habían llevado una vida espiritual profunda parecían llevar mejor la vida en el campo que las personas fornidas. Esto se debe a que se retrotraían a una vida de riqueza interior y de libertad espiritual. Eso si, no cabe duda de que estas personas de complexión endeble sufrieron muchísimo.

Para aliviar el sufrimiento de los prisioneros se crearon una especie de terapias de grupo basadas en el humor. Se parodiaba todo aquello que había en el campo y por muy horrible que fuera siempre se reían de ello.

La suerte de Frankl se fue incrementando poco a poco. Fue trasladado desde trabajos en el exterior a las cocinas y posteriormente se presento voluntario para trabajar en un campo destinado a enfermos de tifus desempeñando tareas sanitarias.

Una cosa anhelada por el prisionero era la soledad. Dado que vivían en una sociedad comunitaria impuesta, no tenían ocasión de estar a solas consigo mismos. Frankl encontró un lugar destinado a ello cuando lo trasladaron a un campo de reposo.

Los prisioneros eran un juguete del destino. Lo que les hacia mas inhumanos de lo que las circunstancias habrían hecho presumir. Se observaba a los musulmanes -prisioneros enfermos y demacrados- con curiosidad para ver si sus zapatos eran mejores que los de uno y los prisioneros solo eran un simple numero, no contaban con personalidad.

El canibalismo hizo aparición justo cuanto Frankl fue destinado a otro campo. Frankl relaciona este hecho con el relato de “Muerte en Teherán”. Donde un persa rico sorprendió a un joven criado suyo intentando robarle un caballo. El persa lo sorprendió y le pregunto por que lo hacia. Este le contesto porque se le había aparecido la muerte y lo había amenazado. El persa rápidamente le dio dos caballos y lo mando hacia Teherán.

Poco después el amo se encontró con la muerte y le preguntó por que había amenazado a su criado, a lo que la muerte contestó “No lo amenacé, solo mostré mi asombro al verlo aquí cuando mis planes eran verle en Teherán esta noche.”

Los prisioneros temían tomar cualquier tipo de decisión y deseaban que el destino lo hiciera por ellos. Este querer evitar el compromiso se hacia mas patente cuando el prisionero debía decidir entre escaparse o no escaparse del campo. Frankl junto con otro compañero tuvo oportunidad de escapar en un momento, pero por algunas dificultades no pudo. Sin embargo en ese intento se agenció una mochila y un cuenco. Mientras poco a poco se acercaba el día en que escaparía del campo. El frente de guerra avanzaba y el campo se disponía a ser evacuado aquella tarde. Tendrían que marcharse incluso los pocos prisioneros que quedaban. Pero los camiones aun no aparecían y se empezó a ejercer una vigilancia férrea sobre el campo para evitar cualquier intento de fuga. Sin embargo Frankl tenia un plan que podía funcionar. Llevarían afuera tres cadáveres de prisioneros. Llevarían uno en cada viaje y por turnos llevarían una mochila, seguidamente la otra y después tratarían de evadirse. De pronto y cuando se disponían a realizar el tercer viaje apareció un camión color aluminio con una gran cruz roja pintada que empezó a descargar medicinas y alimento. Ya no merecía la pena escapar. Después llegaron los camiones de las SS diciéndoles que serian enviados a un campo en Suiza para ser canjeados por prisioneros de guerra. El medico jefe empezó a hacer grupos de trece para los camiones, sin embargo Frankl y su compañero no estaban entre ellos. El medico jefe dijo que con la fatiga y los nervios no se había fijado. Desilusionados se fueron a dormir.

A la mañana siguiente el atronador ruido de la guerra los despertó. Cuando amenguo el tiroteo y se alzo la bandera blanca se enteraron de que los compañeros que habían sido evacuados en los camiones el DIA anterior habían muerto abrasados encerrados en barracones. Frankl volvió a pensar en el cuento “Muerte en Teherán”.

Aparte de ser un mecanismo de defensa, la apatía era el resultado de otros factores. El hambre y la falta de sueño contribuían a ella, también lo hacia la irritabilidad, que era otra característica del estado mental de los prisioneros. Aparte de las causas físicas estaban también las mentales. Todos los prisioneros tenían algún tipo de complejo de inferioridad.

Tras explicar la psicopatología de los prisioneros del campo se puede sonsacar que el ser humano es una raza completamente influida por su entorno, que en este caso es el campo de concentración. Sin embargo había una única cosa que no se le podía arrebatar a un recluso de un campo de concentración, su libertad interior, su yo mas intimo. A pesar de las condiciones a las que se veían expuestos los prisioneros cada uno decidía que tipo de persona deseaba ser, y en esta decisión no influya ni el entorno del campo. Dijo Dostoyevski Solo temo una cosa, no ser digno de mis sufrimientos. Los prisioneros eran dignos de sus sufrimientos y la forma en que los aguantaron fue un logro interior genuino. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.

Lo que mas preocupaba a los prisioneros era si sobrevivirían en el campo de concentración. Porque si no se preguntaban aquello sus sufrimientos no tendrían sentido puesto que era una vida cuyo único fin era superarla.

La observación psicológica de los prisioneros demuestra que solo aquellos a los que no le derribaba su sostén moral y espiritual caían victimas de las influencias degenerantes del campo. Todos los prisioneros que han sobrevivido coinciden en que lo más angustioso de todo era el no saber cuando iba a durar su encarcelamiento. Nadie les dio una fecha de liberación, es más, no tenía sentido hablar de ello. La vida en el campo podía denominarse “existencia provisional”. Los prisioneros sufrían una extraña deformación del tiempo. Para ellos una unidad de tiempo menor como un día (lleno de torturas y de infamias) parecía tener mayor duración que una semana.
El hombre tiene la peculiaridad de no poder vivir sin mirar al futuro. Esto a veces le salva en los momentos más dificultosos de su existencia. Cuando uno sufre se crea una fortaleza pensando que vendrán tiempos mejores y se imagina a uno mismo realizando cosas que satisfacen su psique. También suele refugiarse en cosas triviales del día a día. Decía Spinoza en su Ética: La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como nos formamos una idea clara y precisa del mismo. Puede decirse, que todo aquel que perdía la fe en su futuro estaba condenado, se desmoronaba su sostén interno y sufría una crisis, producida por el aniquilamiento físico y mental. Cuando la gente perdía la esperanza por vivir, eran presos de enfermedades, las cuales su cuerpo no rechazaba. Dijo Nietzsche: Quien tiene algo por qué vivir puede soportar cualquier como.
En el campo, no se estaba permitido impedirle a alguien que se suicidara. Por ejemplo, no se permitía cortar la cuerda del que se iba a ahorcar. Por ello había que impedir que se llegara a tal extremo. Para ello se usaba un método de psicoterapia o psicohigiene. Se le buscaba a la vida del individuo con ganas de suicidarse una meta, un fin que le diera sentido a esa existencia de sufrimiento, con ello la persona luchaba contra la adversidad del campo de concentración. Habían encontrado el por qué de su vida e iban a ser capaces de soportar casi cualquier como.

Esta segunda fase de internamiento en el campo concluye con un análisis psicopatológico de los guardas. En el se puede comprender que no todos los guardas eran gente cruel y despiadada. Cierto es que para este cargo se escogía de entre muchos a las personas mas sádicas de todas, salvando algunas excepciones. Pero no solo los guardas del campamento eran crueles. En el libro se menciona al prisionero más antiguo del campo, que pegaba al resto a la más mínima falta. Con ello se distingue en toda la humanidad a solamente dos razas: la de los hombres decentes y la de los indecentes. Sin embargo no hay grupos humanos decentes o indecentes sino que estamos mezclados, y hay de todo en todas partes. Por ello se podía encontrar a gente decente entre los guardas del campamento. Finalmente se concluye con la respuesta a una pregunta que mucha gente se ha formulado pero que muy pocos han podido responder con tal exactitud: ¿Que es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración.

Fase tres, “Después de la liberación”

Después de ser liberados, el prisionero, por extraño que parezca, no se sentía feliz. Habían perdido el sentimiento que llamamos felicidad, y lo tendrían que ir recuperando poco a poco.

Por el contrario, el cuerpo, que tenia menos abstenciones que la mente. Comía vorazmente cualquier cosa que le dieran y a cualquier hora. Era increíble la cantidad de comida que podían tragar. Otro aspecto era que tenían que hablar de lo que habían pasado, a veces durante horas y horas.

Por ultimo, y no por ello el menos importante, debo recalcar en esta tercera fase un sentimiento que podía llegar a hacer al -podemos llamarlo ya- ex-recluso, hacerlo sufrir mucho mas que cuando estaba interno. Este sentimiento era la desilusión. Desilusión que llevaba al prisionero a la casa con la que tanto había soñado y había descubierto que, aquello por lo que había mantenido la esperanza durante tanto tiempo, ya no estaba allí.
Sin embargo para todos los liberados llego el día en que todo el dolor y el sufrimiento tanto mental como físico habían llegado a su fin y no seria más que la más cruenta de las pesadillas. Ya no había nada que temer excepto -según Frankl- a Dios.

Estructura interna de El hombre en busca de sentido

En la Primera fase, el psiquiatra expone que el síntoma característico de las personas que ingresaban al campo de concentración (o lager) era un shock muy intenso y que solía presentarse antes de entrar al mismo.

«La psiquiatría conoce un estado de ánimo denominado la «ilusión del indulto» […] es un mecanismo de amortiguación interna percibida por los condenados a muerte justo antes de su ejecución». Los prisioneros sentían una leve esperanza de que aquello no seria tan cruel o de que serían liberados de inmediato, en último término de que todo terminaría con un final feliz.

«Éramos incapaces de captar la auténtica realidad de nuestra condición y se nos escapaba el significado de los acontecimientos»

Luego de su llegada al campo se realiza la primera selección, «el primer veredicto sobre nuestra aniquilación o nuestra supervivencia». Allí, cerca de un noventa porciento de las mil quinientas personas que habían viajado hacia Auschwitz, hacinadas en los vagones de un tren, fueron ejecutadas en los «baños» o cámaras de gases y de allí eran conducidos a los hornos crematorios. De allí los pocos que habían sobrevivido eran llevados a la cámara de desinfección, en donde eran desnudados y afeitados, y como si ello fuera poco, desprovistos de las pocas cosas de valor que habían conseguido conservar, como el anillo de bodas o alguna medalla.

Con el paso del tiempo se desvanecían las ilusiones que tenían de salir de ese lugar. Se sentían embargados por un sentido del humor extraño y también de una cierta curiosidad. «Con ella lográbamos distanciar la mente de la realidad circundante y así se facilitaba el contemplar lo real con una cierta objetividad […] Estábamos ansiosos por descubrir lo que sucedería después de cada acontecimiento»

Lo que en la vida cotidiana resultaba imprescindible, en el campo de concentración no lo era: los prisioneros no dormían el número de horas determinado para poder sobrevivir, no tenían la ropa adecuada para abrigarse del clima frío, no podían higienizarse debidamente «A veces, cuando las cañerías se helaban, pasábamos varios días sin lavarnos, ni siquiera alguna parte del cuerpo y, sin embargo, las heridas y las llagas de las manos, sucias del trabajo en la tierra, no supuraban –a menos que se congelasen-.», no se nutrían bien y acorde al trabajo forzado que realizaba.

En este estado de shock, a todos en algún momento les rondaba la idea del suicidio, pues aquí se perdía el temor a la muerte. «Pasados los primeros días, hasta las cámaras de gas se observaban con un horror atenuado y soportable: al fin y al cabo le ahorraban a uno la decisión y el acto de suicidarse».

«La reacción de un hombre frente a su internamiento en un campo de concentración supone también un estado psíquico anormal, pero si se juzga objetivamente, en función de la situación en el lager, es una respuesta normal […] supone una reacción típica dadas las dramáticas condiciones de vida».

En la Segunda fase se habla de todo lo relacionado con la vida en el campo de concentración, una vez que se ha tomado conciencia de que no se saldrá de allí, sin haber experimentado el sufrimiento hasta las fases más hondas del ser humano, pues aquí, es desprovisto y tratado como un animal, sin la dignidad propia del hombre. Es aquí donde se pone en marcha un mecanismo: el tema del sentido de la vida, pues de acuerdo a como cada prisionero conciba esto, dependerá su visión de la vida en el campo y de un futuro esperanzador y feliz, y es lo que será el motor para seguir sobreviviendo en ese mundo hostil que es el lager.

Enumeraremos aquí las características propias de la vida en el campo de concentración:

* Fase de apatía generalizada que luego terminaba en una ausencia de emociones, y actuaba como mecanismo inevitable de autodefensa. Esto se intensificada con una añoranza por su familia y luego una repugnancia frente a la fealdad que le rodeaba en el lager. Cuando los prisioneros se adaptaban a la vida del campo, sus sentimientos se debilitaban y podía contemplar cualquier escena de manera indiferente. «Apático e indiferente podía seguir mirando» «Repugnancia, piedad, indignación y horror eran emociones vedadas en la psicología del prisionero».

«El prisionero enseguida construía, gracias a esa insensibilidad, un caparazón afectivo que actuaba como un íntimo escudo protector […] en esos momentos no es el dolor físico lo que más duele sino la humillación y la indignación provocadas por la injusticia, por la cruda irracionalidad de todo aquello».

* El insulto que acompañaba a la crueldad física era causa de indignación incluso en los prisioneros más veteranos del lager.

* Los deseos y aspiraciones de las personas se manifestaban claramente en sus sueños «con pan, pasteles, cigarrillos y baños de agua templada». Uno de los afanes era conseguirse alimento, pues la dieta diaria se reducía a una única ración de «sopa» y un trozo pequeño de pan. Ni siquiera en los sueños aparecía el deseo sexual. Esto descalifica el psicoanálisis que postula que los deseos inhibidos deben presentarse en los mismos.

* Una característica principal era la carencia fundamental de vida sentimental porque todo lo que no sirviera para conservar la propia existencia carecía de interés. Sufríamos en el lager de una «hibernación cultural» con dos excepciones: la religión y la política. «Especialmente conmovían y enternecían las oraciones o los ritos improvisados en un rincón del barracón o en la penumbra del camión de ganado en que regresábamos al campo desde el lejano lugar de trabajo».

«Las personas de mayor sensibilidad, acostumbradas a una rica vivencia intelectual sufrieron muchísimo (su constitución era endeble o enfermiza), sin embargo, el daño infligido a su ser íntimo fue mucho menor, al ser capaces de abstraerse del terrible entorno y sumergirse en un mundo de riqueza interior y de libertad de espíritu».

* La experiencia del amor era una de las fuerzas o motivaciones que tenía la persona para seguir luchando por su vida: «el amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el hombre». Frankl describe cómo el recuerdo de su esposa lo hace aferrarse a la vida aún sin saber si ella vivía. «El amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo». Vemos cómo el hombre a pesar del sufrimiento puede realizarse en la contemplación de la imagen de una persona amada, y así puede saborear la felicidad, aunque sea sólo un suspiro de ella.

El amor que sentía por su familia y por su esposa le daba fuerza para continuar luchando. Así, escribiría después «[…] la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor».

Estos recuerdos de su vida normal, lo ayudaban a sobrellevar los malos momentos durante su estadía en el campo, pero no consistían en abstraerse de la realidad, sino era una especie de enriquecimiento del presente con vivencias anteriores.

* A medida que el prisionero intensificaba su vida interior, se protegía del vacío, la desolación y la pobreza espiritual de su existencia actual. Utilizaba su imaginación para entretenerse en algunos sucesos de su pasado en cosas cotidianas e insignificantes. Eso lo hacía un hombre más interior que podía apreciar la belleza del arte y de la naturaleza.

* El humor, aunque duraba escasos minutos, «proporcionaba el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación”. Por momentos olvidaban el sufrimiento inherente al campo de concentración.

* Si el prisionero no luchaba por mantener sus principios morales terminaba perdiendo la conciencia de su individualidad (inteligencia propia, voluntad interior e integridad personal)

* En ocasiones era necesario alejarse de todos, esos breves momentos en que podía recuperar algo de su intimidad y privacidad «el prisionero anhelaba estar a solo consigo mismo y con sus pensamientos. Añoraba intimidad y soledad».

*Además de la apatía, otra característica psicológica del prisionero era la irritabilidad, agudizadas éstas, por el hambre y la falta de sueño. A esto se sumaba la falta de cafeína y nicotina, que eran una ayuda para aplacar éstas características.

A estas causas físicas se sumaban las psicológicas (especie de complejo de inferioridad: «Todos fuimos –o creímos ser- «alguien» en nuestra existencia anterior»). Los prisioneros de mayor rango (kapos, cocineros, intendentes, policías) no se sentían degradados, sino promovidos. La irritabilidad era excesiva cuando se encontraba frente a la apatía de los demás, particularmente cuando había situaciones de peligro, como por ejemplo, las inspecciones.

* Con todo lo descrito hasta aquí podemos pensar que el hombre es un ser completa e inevitablemente determinado por su entorno, que en este caso es anormal y contiene leyes dominantes y represivas. Sin embargo, según Frankl «las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección […] al hombre se le puede arrebatar todo excepto una cosa: la última de la libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.». Cada hombre es libre interiormente para decidir, aún en circunstancias como estas, pues conserva la dignidad de ser humano, y es la libertad lo que le da a la existencia humana una intención y un sentido. Viktor Frankl enumera las tres formas que permiten descubrir, según la situación en la que se encuentre el sujeto, el sentido de la vida:

Una vida activa cumple con la finalidad de presentar al hombre la oportunidad de desempeñar un trabajo que le proporciona valores creativos; una vida de contemplación también le concede la ocasión de desplegar la plenitud de sus vivencias al experimentar la conmoción interior de la belleza, el arte y la naturaleza. Pero también atesora algún sentido la vida huérfana de creación o de vivencia, aquella que sólo admite una única posibilidad de respuesta: la actitud erguida del hombre ante su destino adverso, cuando la existencia le señala inexorablemente un camino […] aún así la vida continúa ofreciendo un sentido. En síntesis, cualquiera de los distintos aspectos de la existencia conserva un valor significativo, el sufrimiento también. El Realismo nos avisa que el sufrimiento es una parte consustancial de la vida, como el destino y la muerte. Sin ellos la existencia quedaría incompleta.

Todo esto es lo principal de la logoterapia de Frankl, Vida Activa, Vida Contemplativa y Valor del Sufrimiento.

* La actitud con que el hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que le acompaña es una oportunidad para darle a su vida un sentido más profundo. En la lucha por sobrevivir puede olvidarse su dignidad humana, entonces se comporta como un animal. «En esa decisión personal reside la posibilidad de atesorar o despreciar la dignidad moral que cualquier situación difícil ofrece al hombre para su enriquecimiento interior». Por medio del sufrimiento el hombre con mucho sacrificio siempre puede conquistar algún valor.

* Una de las influencia negativas para el prisionero era el hecho de desconocer el tiempo que duraría su internamiento. Frankl la llama «existencia provisional». «El hombre, incapaz de vislumbrar el fin de su «existencia provisional» tampoco puede orientarse hacia un objetivo o una meta vital» . Ante la ausencia de metas futuras ocupaban su mente de recuerdos, y así se refugiaban en algo irreal, desaprovechando las ocasiones de realizar acciones positivas. La existencia provisional les hacía perder el sentido de la vida. «Existe una relación entre el estado de ánimo de una persona -su valor y su esperanza, o su falta de ambos- y el estado de su sistema inmunológico.» Si la persona no tiene esperanza puede llegar a morirse. Muchas personas se murieron porque su capacidad de resistencia se debilitó.

* En este punto citaremos algunas partes de la obra en las que el autor habla del sentido de la vida y de cómo el sufrimiento asumido responsablemente no le quita sentido, más bien es todo lo contrario: «Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular.

Esas obligaciones y esas tareas y consecuentemente el sentido de la vida difieren de un hombre a otro»

«Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir ha de aceptar ese sufrimiento, porque ese sufrimiento se convierte en su única y peculiar tarea. Es más, ese sufrimiento le otorga el carácter de persona única e irrepetible en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento ni sufrir en su lugar»

«Desde que se nos reveló el sentido del sufrimiento, rehusamos minimizar o aliviar las torturas del campo a fuerza de ignorarlas o de abrigar falsas ilusiones […] asumimos el sufrimiento como el reto de nuestra tarea y no quisimos volverle la espalda»

En la Tercera fase y última fase se relata la liberación. Antes de que esto ocurriera, las personas se encontraban en un estado de mucha ansiedad y luego pasan automáticamente a un estado de total relajación.

En términos psicológicos sufrían una despersonalización: todo les parecía irreal, como en un sueño. Uno de los riesgos de una persona que había estado sometida a una tensión psicológica tan grande y por tanto tiempo era que tras la liberación sufrieran algún daño psíquico: pasaron de oprimidos a opresores.

Además de esta deformidad en su moral, se sumaban la amargura y la desilusión que sufrían al regresar a su vida anterior.

Relación la felicidad y el fin último

«Lo más urgente hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido último y definitivo de la existencia». Con esta cita de la Encíclica de Juan Pablo II sobre la relación entre la fe y la razón, relacionamos esta obra de Frankl con la felicidad, el fin último y el sentido de la vida humana. El hombre está destinado a ser feliz, y para ello deberá afrontar la vida con todo lo que esto significa, y orientar la misma hacia algo o Alguien que le dé significado o sentido. En la encíclica vemos que el hombre de cualquier tiempo y cultura se hace preguntas muy profundas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a donde voy? ¿Por qué existe el mal? ¿Qué hay después de esta vida? Ellas son una forma de buscar un sentido a su existencia: «De la respuesta que se dé a tales preguntas, en efecto, depende la orientación que se dé a la existencia».

Dios es una de estas posibles respuestas, el Bien en el que todo encuentra un sentido. Lo vemos ya en el pensamiento de los filósofos clásicos como Platón en Las Leyes: «Un bien semejante sólo podía ser el Bien Absoluto, es decir, Dios» y también en Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco: «la felicidad es ese fin, el bien último y máximo al que todos aspiramos, y que todos los demás fines, bienes y valores los elegimos por él».

La felicidad consiste en la posesión de un conjunto de bienes que significan para el hombre plenitud y perfección, la cual se consigue si hay un fin ¿qué bienes hacen feliz al hombre? Aquellos que constituyen una vida buena que es la que contiene y posee los bienes más preciados (familia, hijos, amigos, fortuna, honor, salud, virtud, verdad), la salud física y psíquica, satisfacción de distintas necesidades humanas, adecuadas condiciones naturales y técnicas en nuestro entorno.

Pero los bienes que hacen feliz al hombre no son sólo los útiles sino aquellos que son dignos de ser amados por sí mismos, porque son de por sí valiosos y bellos.

La felicidad no está en el orden del tener sino en el del ser y afecta primariamente al futuro: ser feliz quiere decir primariamente ir a ser feliz –si ya se es, que se va a seguir siéndolo-. Es más importante la anticipación que la felicidad actual: si soy feliz pero veo que voy a dejar de serlo, estoy más lejos de la felicidad que si no soy feliz pero siento que voy a serlo.

La vida humana es la tarea de alcanzar la felicidad. Tiene la estructura de la esperanza, pues ésta se funda en alcanzar en el futuro el bien amado, arduo.

Encontrar el sentido de la vida en un campo de concentración, se hace difícil pero como explica Frankl no es imposible, pues el hombre no pierde su dignidad, sigue teniendo una mente y un espíritu, aún cuando lo traten como un animal o esclavo. Las personas debían aceptar las condiciones de vida, aún cuando fueran injustas, y encontrar en ellas la manera de ser felices, convirtiendo todo el sufrimiento y el dolor en acciones positivas, y de aprendizaje espiritual invaluable.

Además seguía siendo un hombre libre a pesar de todo, de las barreras que delimitaban su campo, de las órdenes absurdas y de la discriminación religiosa. Aún cuando todo parecía perdido, este hombre esclavo y sufriente, tenía «libertad interior», podía seguir ejercitando su libertad, era capaz de elegir vivir, y elegir como vivir y para que vivir… era capaz de darle un valor redentor a ese mal que lo aquejaba, darle un sentido a su existencia presente, para poder sobrevivir y sostener la esperanza de un futuro acogedor.

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