Como aplicar la psicología deportiva a nuestra vida

Quizá la madre pueda ser la entrenadora del equipo; el padre, el capitán, y los hijos, esas promesas que vienen pujando y, en el futuro, tomarán la posta del grupo. […]

Quizá la madre pueda ser la entrenadora del equipo; el padre, el capitán, y los hijos, esas promesas que vienen pujando y, en el futuro, tomarán la posta del grupo. En la oficina, el gerente sería el líder, y los empleados, el plantel que entrega sangre, sudor y lágrimas por el conjunto (o sea, la empresa). En la calle se encuentra, por un lado, el que practica el fair play y cumple con cada una de las normas de tránsito; por el otro, el que borronea la patente del auto para que sus letras y números resulten ilegibles a las cámaras fotográficas que multan los excesos de velocidad.
Cualquier parecido entre el devenir diario y los entretelones de un deporte… no es pura coincidencia. La dinámica del juego atraviesa lo medular de cada individuo. ¿Por qué? Porque requiere que cada uno ofrezca todo de sí, que acepte las reglas que impone el entorno donde se desenvuelve, que trace estrategias y que dosifique su energía y su tiempo. Así en la vida como en la disciplina que usted más prefiera… y viceversa.
A colación de esto, cada vez con una presencia más marcada, la psicología deportiva mete la cola tanto en el ámbito profesional como en el personal. Del mismo modo que un atleta se entrena para un desafío, hombres y mujeres de todas las edades pueden hacer lo propio para interactuar de manera óptima con sus colegas de trabajo, sus amigos o sus familiares.
La psicología del deporte se define como aquella ciencia dedicada a estudiar cómo se comportan los deportistas, a partir de qué motivaciones y en qué condiciones lo hacen. También investiga la mutua influencia entre la actividad física, el bienestar psicológico, la salud y el desarrollo personal. Por esto último, su incumbencia no está circunscripta solo al universo deportivo.

Los beneficios que el deporte otorga pueden colaborar en la creación de cualidades y habilidades para forjar a deportistas de forma integral, además de brindar herramientas para el día a día. ¿Cuáles? La competencia, la cooperación, la adaptación a las normas, los sentimientos de autovaloración, el respeto hacia el contrario (léase “prójimo”), la voluntad, la autosuperación, la asimilación del éxito y la tolerancia a la frustración.
Los pilares con los que se trabaja en la psicología deportiva son aplicables a diversas situaciones. Es vital considerar el abordaje de los conflictos que se le pueden presentar a un sujeto y que le impedirán realizar su actividad con total tranquilidad.

La dupla deporte-trabajo

Los psicólogos deportivos son cada vez más moneda corriente en compañías ansiosas por proyectarse como equipos. Si bien los empleados no están participando en una competencia olímpica, las empresas deben respaldarlos y prepararlos para afrontar el estrés que significa tratar de aumentar la productividad y, a la vez, reducir los costos; trabajar largas horas en proyectos que pueden llevar semanas o meses, y adaptar los objetivos individuales a los grupales.
Hay varios puntos dentro del ámbito laboral que pueden ser abordados con las mismas técnicas que se utilizan en el deporte. Es necesario tener en cuenta que la motivación, la concentración, la confianza en uno mismo y el poder digerir distintas presiones son los objetivos que persiguen tanto un trabajador como un atleta para poder lograr una excelente performance. Otros temas que se abordan, tanto en la psicología deportiva como en las oficinas, son el trabajo en equipo, las interrelaciones entre sus miembros y la envergadura del líder.
`Hoy ganamos gracias a mí’, ‘Si este negocio sale mal es culpa de…’ o ‘Esta empresa sin mí se va al tacho’ son frases que alguna vez dijimos o escuchamos. Me pregunto: ¿Cómo limitar el ‘yo’ en primer plano? ¿Cómo utilizarlo en función del equipo? La figura del líder es decisiva. Sin un liderazgo eficazmente ejercido no hay equipo. Este debe edificarse sobre la base de las coincidencias –pero admitiendo las diferencias–, con el sentimiento de similaridad –que no es de igualdad–, con el orgullo de pertenencia, con el respeto, con la solidaridad, con roles claros y dinámicos, y con una actitud compartida.

Metáforas

En reiteradas ocasiones, la psicología deportiva alcanza notables resultados dentro de las canchas. Fuera de ellas… parece que también. ¿Cómo? Mediante las mismas herramientas que nos propone la psicología, como el aprendizaje teórico y práctico de la reestructuración cognitiva para el autodiálogo, y la utilización de la respiración y la relajación para el control emocional. Si se quiere lograr un buen manejo de los vínculos interpersonales, hay que evaluar y pulir las habilidades de comunicación y liderazgo.
Al poner en órbita determinadas tácticas que se llevan a cabo en el campo de lo deportivo, no solo se puede mejorar el desempeño de una persona en lo laboral, sino también conseguir que ese individuo pueda disfrutar de lo que hace, algo que no siempre es posible. Cabe mencionar las técnicas de relajación y visualización, muy aplicadas en el deporte. Esas técnicas permiten, entre otras cosas, disminuir el nivel de estrés y la ansiedad del sujeto, algo que, hoy en día, aparece como uno de los males más frecuentes a los que uno debe enfrentarse en pos de buscar y hallar el equilibrio.

“Pedalea en grupo pero, en el momento de la verdad, cuando llegan las montañas, el ciclista es un hombre solo”, filosofó alguna vez el poeta catalán Antoni Puigverd. Para el fotógrafo belga John Vink: “El deporte es como la vida: tiene euforia, tristeza, ira, injusticia, humor y orgullo. Todo eso, en un período limitado”. Según el escritor brasileño Paulo Coelho: “La vida es como el fútbol; si no dejás que las críticas te detengan, terminás ganando”. Por último, Jorge Valdano afirmó: “El fútbol es una metáfora de la vida. En un equipo está la humanidad representada: ahí tenemos al caprichoso, al alegre, al serio…”.

Analogías entre el deporte y la empresa

Para optimizar el rendimiento del personal de una organización, al igual que en los deportes de equipo, es fundamental la formación y la capacidad del líder. ¿Cómo hacer para motivar a los dirigidos, para que se sientan valorados, para que se arriesguen sin miedo al fracaso, para desarrollar un plan de negocios a corto, mediano y largo plazo, para consensuar metas y para comunicarse de manera eficaz y sin miedos? Es primordial saber adónde dirigir la acción. Un entrenador que no tenga el don de la anticipación difícilmente sea un buen líder. Asociamos las metas a la misión, y la anticipación a la visión. El éxito de un entrenador o un gerente radicará en saber armar ese rompe- cabezas entre misión y visión, entre el componente humano y el táctico, entre lo psicológico y lo técnico, entre lo físico y lo estratégico. Termino con una frase que vale la pena para quienes encabezan las empresas: Ser un entrenador es lograr que las personas hagan cosas que no desean para alcanzar lo que desean.

Las bondades de entrenar

El deporte ocupa un lugar fundamental en el conjunto de las diversiones humanas. ¿Pero por qué despierta un interés tan masivo? Gracias a la competición. La práctica asidua del entrenamiento deportivo favorece:

  • El estado fisiológico y, en consecuencia, el estado psíquico.
  • El proceso de maduración psicológica.
  • El desarrollo psicomotor.
  • La adaptación a las circunstancias de la vida en general.
  • La conciencia de grupo.
  • El aprendizaje.
  • La identificación y la diferenciación.

Claves adentro y afuera de la cancha

¿Cómo plasmar en la vida cotidiana las enseñanzas que brinda el deporte? Todo lo que le pedimos al atleta nos sirve como seres humanos. A saber:

  • Tener metas: Hay quienes andan por la vida sin saber por ni para qué. Aún desconocen su vocación. A ellos es difícil que les vaya bien. Debemos encontrar la función que tenemos en esta vida, prepararnos, especializarnos y plantearnos metas a corto, mediano y largo plazo. Metas de resultado, pero también de desempeño, que son las más importantes.
  • Tener confianza en uno mismo: Las metas son difíciles, pero serán alcanzables si somos realistas y tenemos una buena percepción de nuestro potencial. Para ganar, hay que arriesgar. Para tomar decisiones acertadas, primero nos inclinamos por decisiones equivocadas.
  • Estar concentrado: Para que nos vaya bien en la tarea que desarrollamos, debemos “enfocarnos” en ella, alejar los pensamientos o preocupaciones que pueden obstaculizar el camino, y “aislarnos” del entorno.
  • Controlar presiones y miedos: Todos tenemos presiones externas, autopresiones internas y miedo a que las cosas no nos salgan como queremos, a perder lo que ya logramos o a fracasar. Debemos desarrollar estrategias psicológicas para sobreponernos a estas presiones y miedos que nos atan, nos frenan y nos impiden dar nuestro máximo potencial.
  • Reaccionar frente a la adversidad: La vida está plagada de obstáculos. Hay que transformar las amenazas en oportunidades.
  • Saber perder: Para aprender a ganar, primero hay que aprender a perder. A veces, damos todo pero, simplemente, el rival es mejor. No debemos confundir triunfo con éxito, ni derrota con fracaso.
  • Tener autocrítica: El inconveniente surge cuando creemos que ya sabemos todo y que no tenemos nada para mejorar. No debemos dejarnos vencer por la comodidad.
  • Cohesión grupal-comunicación- liderazgo: Busquemos comunicarnos con el otro, ya sea en el trabajo o en la familia. Tenemos que saber integrarnos, dar para poder recibir. ¡Solos no somos nada!

No votes yet.
Please wait...
Voting is currently disabled, data maintenance in progress.