{"id":940,"date":"2011-05-10T10:42:30","date_gmt":"2011-05-10T13:42:30","guid":{"rendered":"http:\/\/sickmind.com.ar\/blog\/?p=940"},"modified":"2011-11-05T22:13:10","modified_gmt":"2011-11-06T01:13:10","slug":"la-extimidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/la-extimidad\/","title":{"rendered":"La extimidad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Las redes sociales, fundamentalmente, cambiaron las maneras de \u201cser\u201d y \u201cestar\u201d. Lo que antes se reservaba entre cuatro paredes, hoy se exhibe sin tapujos. Con la frontera entre lo privado y lo p\u00fablico quebrada, la intimidad le deja paso a la extimidad. Diversos especialistas analizan c\u00f3mo enfrentar este nuevo fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Tal vez, el logro c\u00falmine de Internet no haya sido atravesar la cotidianidad en casi todos sus \u00e1mbitos, sino hacer realidad lo que navegaba por la mente de Jorge Luis Borges cuando escribi\u00f3 esa serie de cuentos en donde ahondaba sobre el concepto de un espacio sin espacialidad; mejor dicho, una espacialidad virtual que abarque \u201ctodo\u201d (en la acepci\u00f3n m\u00e1s literal del t\u00e9rmino).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese \u201ctodo\u201d, relevante o trivial, cosech\u00f3 bondades a tal extremo que ya nadie imagina una vida sin la Web. No obstante, tambi\u00e9n se cobr\u00f3 una v\u00edctima insoslayable: la intimidad. Twitter, Facebook, YouTube, MySpace, blogs o fotologs son voluntariosos hacedores del culto a la personalidad, donde individuos comunes (am\u00e9n de las celebrities) abandonan el anonimato para lanzarse al dominio del espacio p\u00fablico. As\u00ed, comparten con un sinf\u00edn de internautas (se estima que, en 2016, ser\u00e1n alrededor de 2000 millones) con cu\u00e1l de los dos pies se levantaron de la cama, qu\u00e9 blusa se pondr\u00e1n para ir a la oficina, cu\u00e1l ser\u00e1 el plan del fin de semana o el estado de su situaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfA qu\u00e9 bolsillo roto habr\u00e1 ido a parar la intimidad si \u201ctodo\u201d se dice y \u201ctodo\u201d se muestra? En este contexto, irrumpe la \u201cextimidad\u201d. Esta especie de neologismo, que foguea la idea de hacer externa la intimidad, parece ser el gran protagonista de la escena contempor\u00e1nea, acompa\u00f1ado por los diversos modos que asume el \u201cyo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Flota en el aire una suerte de \u201cnarcicismo exacerbado\u201d \u2013u \u201combliguismo\u201d, que deriva en sociedades que privilegian las \u201capariencias\u201d por sobre las \u201cesencias\u201d. De esa manera, el ser y el parecer se (con)funden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La intimidad como espect\u00e1culo y el veloz distanciamiento que se produjo en los \u00faltimos a\u00f1os respecto de las formas t\u00edpicamente modernas de \u201cser y estar\u201d en el mundo, y de aquellos instrumentos que sol\u00edan usarse para la construcci\u00f3n de s\u00ed mismo, hoy casi totalmente eclipsados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Exist\u00eda, en un pasado no tan lejano, una interioridad tan rica como densa, misteriosa y oculta, pero, a la vez, sumamente f\u00e9rtil y estable, que se cultivaba en el silencio y en la m\u00e1s absoluta soledad de lo privado. En los albores del siglo XXI, nos sorprende la popularidad de un conjunto creciente de canales medi\u00e1ticos que permiten exhibir la propia intimidad y consumir \u00e1vidamente la \u2018vida privada\u2019 ajena. Desde los reality shows de la televisi\u00f3n hasta las webcams de Internet, pasando por todos los servicios de la llamada Web 2.0, y, por qu\u00e9 no, las revistas del coraz\u00f3n o los programas de chimentos. En este cuadro, algo cambi\u00f3 y mucho. En los d\u00edas que corren, la intimidad, que antes deb\u00eda protegerse bajo llave, resguardada de la intromisi\u00f3n por las leyes del recato y otras barreras f\u00edsicas y morales, invade sin pudores el m\u00e1s p\u00fablico de los espacios y se muestra descaradamente ante quien quiera echar un vistazo. Eso es lo que denominamos \u2018extimidad\u2019\u201d.<\/p>\n<p>Freud ya hablaba del narcisismo. Es decir que no estamos frente a un paradigma tan desconocidos. Los sujetos contempor\u00e1neos, que adoptan y recrean de manera constante estas pr\u00e1cticas, tanto de sociabilidad como de autoconstrucci\u00f3n interactiva e hipermedi\u00e1tica, no son id\u00e9nticos a aquellos que, en los siglos XIX y XX, escrib\u00edan diarios \u00edntimos entre las cuatro paredes de su habitaci\u00f3n, y que se comunicaban mediante densos di\u00e1logos epistolares. Esa mutaci\u00f3n tiene un sentido hist\u00f3rico: no es casual que los h\u00e1bitos actuales sean m\u00e1s \u201ccompatibles\u201d con el mundo contempor\u00e1neo, con todo aquello que la sociedad solicita de los individuos para poder funcionar con m\u00e1s eficacia. Si la soledad y el silencio eran \u201cfuncionales\u201d al sistema, porque eran necesarios para practicar la introspecci\u00f3n y la autoreflexi\u00f3n \u2013que eran la base de la construcci\u00f3n del \u201cyo\u201d moderno\u2013, ahora se tornaron intolerables. No es aleatorio que \u201ctodos\u201d debamos estar \u201csiempre\u201d conectados, disponibles y report\u00e1ndonos, generando y consumiendo informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la intimidad explota en unos cuantos pedacitos y se estigmatiza el espacio p\u00fablico. Ambas tendencias se est\u00e1n desarrollando en las sociedades occidentales desde principios del siglo XIX, como bien lo ilustr\u00f3 el soci\u00f3logo norteamericano Richard Sennett en su libro El declive del hombre p\u00fablico. El gran suceso es que esa intimidad, que ya hace m\u00e1s de doscientos a\u00f1os se convirti\u00f3 en el escenario madre de nuestras vidas, de repente se volvi\u00f3 visible \u2013porque uno quiere dejarse ver y porque, asimismo, otros quieren ver\u2013. Ya no es m\u00e1s opuesta y separada del espacio p\u00fablico, como dictaban las reglas decimon\u00f3nicas del decoro y como ocurri\u00f3 durante buena parte del siglo XX. En este milenio, y ante el estupor de muchos, hay que mostrarla, ya que si no es palpable, quiz\u00e1 no exista. Es la l\u00f3gica de la \u201csociedad del espect\u00e1culo\u201d, vislumbrada por Guy Debord en 1967: solo existe lo que se puede advertir. Ya no importa la palabra.<\/p>\n<p><strong>Cuerpos d\u00f3ciles y \u00fatiles <\/strong><\/p>\n<p>Las redes sociales dieron paso a una revoluci\u00f3n impensada. Impensada a punto tal que un miembro de una pareja puede enterarse por Twitter de que su compa\u00f1ero\/a decidi\u00f3 abandonarlo (no estar\u00e1 pensando en Luli Pop, \u00bfno?). El uso excesivo de estos soportes hizo que el instinto de protecci\u00f3n de la privacidad caducara y que la tiran\u00eda de la intimidad llegara para quedarse. Las nuevas tecnolog\u00edas de informaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n son menos la causa que el resultado de una serie de transformaciones \u2013socioculturales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas\u2013 que vienen ocurriendo en las \u00faltimas d\u00e9cadas y se cristalizaron en los a\u00f1os m\u00e1s recientes. Esos canales, que se usan cada vez m\u00e1s intensamente, constituyen un territorio donde resulta imperioso saber mostrarse usando recursos audiovisuales e interactivos. Peor a\u00fan: se transformaron en piedras fundamentales para sobrevivir y para \u2018ser alguien\u2019. Por eso, quienes sean parte de ellos deber\u00e1n entrenarse en esas arenas para constituirse como sujetos \u2018compatibles\u2019 con la sociedad en la que vivimos.<\/p>\n<p>Facebook, Twitter o YouTube son una bomba explosiva para la intimidad. Al ajustarnos a sus demandas, nos volvemos \u201ccuerpos d\u00f3ciles y \u00fatiles\u201d.Esos tres ejemplos mencionados son una curiosa combinaci\u00f3n de la \u201csociedad del espect\u00e1culo\u201d y la \u201csociedad de control\u201d, descripta por Gilles Deleuze en los noventa. Las dos teor\u00edas se dan en nuestro devenir diario, y las redes sociales son casos claros de esa metamorfosis, bastante reciente y todav\u00eda en curso, que afecta tanto a la comunidad en general como a nuestras subjetividades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si analizamos, \u00bfqu\u00e9 ganamos y qu\u00e9 perdimos con esta resignificaci\u00f3n de la intimidad? Concluimos que los movimientos hist\u00f3ricos son muy complejos, involucran factores de todo tipo y tienen sentidos muy variados e incluso contradictorios entre s\u00ed. Adem\u00e1s, sus ramificaciones y reverberaciones son impredecibles. Por lo tanto, dif\u00edcilmente se los puede colocar bajo un esquema simplificador que catalogue sus rasgos como \u201cpositivos\u201d y \u201cnegativos\u201d. Sin embargo, es evidente que varios de estos fen\u00f3menos que transitamos a toda velocidad y que, varias veces, nos dejan perplejos son fruto de importantes conquistas. Pienso tanto en la reivindicaci\u00f3n del cuerpo y de las apariencias \u2013en vez de una defensa trascendental de las \u201cesencias interiorizadas\u201d\u2013 como en la posibilidad de autoconstruirse y cambiar constantemente, rompiendo tanto con las tradiciones m\u00e1s anticuadas como con la condena a ser fiel a uno mismo y otros valores caracter\u00edsticos de la moral burguesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no podemos soslayar que abrir las ventanas de par en par puede traer aparejados algunos inconvenientes. Los problemas surgen cuando no sabemos qu\u00e9 hacer con esa enorme libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando notamos que se aflojaron buena parte de las ataduras que amarraban al \u201cyo\u201d moderno, desde las instituciones sociales que hasta hace muy poco se consideraban s\u00f3lidas \u2013como la familia, la escuela o incluso la patria y la religi\u00f3n\u2013 hasta la creencia en una identidad relativamente fija y estable, que resid\u00eda \u201cdentro\u201d de cada uno y a la cual hab\u00eda que ser leal segundo a segundo. Esa falta de ataduras puede implicar una p\u00e9rdida de las referencias que amortiguaban y proteg\u00edan al \u201cyo\u201d y, consecuentemente, puede suscitar p\u00e1nico ante el abismo de la libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El individualismo exacerbado camina por la misma vereda que la crisis que padecen los proyectos colectivos. Esto se extiende desde el c\u00edrculo familiar y los amigos hasta la pol\u00edtica. Por eso, el sujeto se a\u00edsla. El riesgo es que se generen subjetividades demasiado fr\u00e1giles, \u201cmodos de ser\u201d que resulten vulnerables ante el soplo de cualquier ventarr\u00f3n, susceptibles de desintegrarse ante el menor obst\u00e1culo. La respuesta ante esa vulnerabilidad de las subjetividades contempor\u00e1neas, que se construyen proyect\u00e1ndose en la visibilidad de las pieles y las pantallas, suele venir de la mano del mercado, una entidad omnipresente que pas\u00f3 a ocupar \u00e1mbitos y espacios otrora insospechables. Por eso, ahora podemos comprar \u201cmodos de ser\u201d listos para usar y que se pueden y se deber\u00edan descartar cuando pasan de moda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 con la \u201cextimidad\u201d?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos recorriendo una transici\u00f3n. Est\u00e1 en jaque un modelo subjetivo, un determinado \u201cmodo de ser\u201d hist\u00f3ricamente instaurado. Estamos distanci\u00e1ndonos de procederes que fueron hegem\u00f3nicos por casi dos siglos en las sociedades occidentales, y que fundaban al \u201cyo\u201d sobre las bases m\u00e1s o menos s\u00f3lidas y estables de la \u201cinterioridad psicol\u00f3gica\u201d. Observamos que se incrementa, cada vez m\u00e1s y con mayor velocidad, el valor de la imagen \u2013en especial, corporal\u2013, el culto a las apariencias y la valorizaci\u00f3n de todo aquello que los dem\u00e1s pueden visualizar. Como ya dije, en una sociedad que apuesta al valor de la visibilidad y de la celebridad que se autojustifica, si algo o alguien no se ve (o no sabe mostrarse), no hay garant\u00edas de que exista. O sea que son varios los factores econ\u00f3micos, pol\u00edticos y socioculturales que est\u00e1n presionando a los cuerpos y subjetividades contempor\u00e1neos para que adopten ciertos comportamientos, habilidades y valores, dejando de lado otras posibilidades de autoconstrucci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> Voyeurismo emocional<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso Jade Goody tal vez haya sido la prueba m\u00e1s cabal de c\u00f3mo exponer al extremo la intimidad ante la opini\u00f3n p\u00fablica. Mientras participaba de un reality show, la brit\u00e1nica recibi\u00f3 la noticia, en vivo y en directo, de que padec\u00eda una enfermedad terminal. Su tratamiento fue transmitido de principio a fin, seguido por miles y miles de fan\u00e1ticos que la acompa\u00f1aron hasta su fallecimiento. Precisamente, los reality shows echaron por tierra aquello de que para ser reconocido era necesario conquistar empresas importantes. \u201cAunque no tengan nada para decir, muchos j\u00f3venes se construyen a s\u00ed mismos como si fueran celebridades\u201d, opina Paula Sibilia, especialista en comunicaci\u00f3n y antropolog\u00eda. Las redes sociales son un p\u00e1rrafo aparte. Twitter, que ya cumpli\u00f3 cinco a\u00f1os de existencia, registra 120 millones de tweets por d\u00eda. Los pol\u00edticos \u2013los nuestros y los del extranjero\u2013 lo consideran una herramienta clave para comunicarse (en el mejor de los casos) con aliados, opositores y p\u00fablico en general. Las empresas suponen lo mismo: el 65% de las 100 compa\u00f1\u00edas m\u00e1s influyentes a nivel mundial tiene cuenta en Twitter, el 50% usa un canal en YouTube y el 54% posee una p\u00e1gina en Facebook. A prop\u00f3sito, la creaci\u00f3n de Mark Zuckerberg, traducida a 70 idiomas, suma m\u00e1s de 500 millones de miembros. La vida real y la digital cada vez se retroalimentan m\u00e1s: seg\u00fan la Academia Estadounidense de Abogados Matrimoniales, cuatro de cada cinco abogados informaron que en un n\u00famero creciente de divorcios se presentan pruebas obtenidas de Facebook, MySpace y Twitter (en ese orden).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>En La intimidad como espect\u00e1culo, <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mutaron las subjetividades por el impulso irrefrenable de \u201chacerse visible\u201d. Seg\u00fan la autora, esto puede notarse en los reality shows y los talk shows de la televisi\u00f3n, en el auge de las biograf\u00edas en el mercado editorial y en el cine, en el surgimiento de nuevos g\u00e9neros como los documentales en primera persona, y en las variaciones que tuvo el autorretrato en los diversos campos art\u00edsticos.<\/p>\n<p><strong>Existes porque est\u00e1s en Facebook<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos tiempos, los individuos deben hacer su propio show para dar cuenta de su existencia. En la actualidad, el \u201cparecer\u201d pesa m\u00e1s que el \u201cser\u201d. El mundo exige que uno se muestre y para eso se cuenta con el efecto de las c\u00e1maras de televisi\u00f3n, las estructuras pol\u00edticas, las redes sociales y cada uno de nosotros, que formamos parte de esta sociedad. Pero hay peligros. El exponer nuestra informaci\u00f3n en Internet hace que quedemos al alcance de cualquiera, lo que puede acarrear consecuencias delictivas. Por otra parte, esta exhibici\u00f3n constante nos mantiene alejados de nuestro espacio interior. Cuando el \u201csistema se cae\u201d, estamos indefensos, vulnerables y no nos alcanzan las herramientas para sostenernos. Sospecho que la \u201cextimidad\u201d es s\u00f3lo un camino de ida. Lleg\u00f3 para quedarse, no s\u00e9 si definitivamente, pero s\u00ed por bastante tiempo. Nos queda reflexionar. Por un lado, \u00bfdifundir en los medios audiovisuales aspectos de nuestra vida cotidiana nos humaniza? \u00bfSaber que el otro tambi\u00e9n se ba\u00f1a a la ma\u00f1ana como yo me acerca? Por el otro lado, estar\u00e1 en uno poner l\u00edmites para mostrarse. Est\u00e1 bien ingresar en las redes sociales. Pero un rato nom\u00e1s. Siempre es una excelente opci\u00f3n leer un buen libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Gran Hermano colectivo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada vez es m\u00e1s frecuente encontrar en la Web la publicaci\u00f3n por parte de adolescentes (y no tanto) de sentimientos personales, escenas sexuales y toda clase de im\u00e1genes que en otros tiempos no hubieran salido de la esfera privada.<br \/>\nLa Web no est\u00e1 sola en esto: diariamente, los medios convierten en noticia cuestiones privadas de seres an\u00f3nimos. Y ellos se prestan, ya que en este interjuego de medios y subjetividad, la publicaci\u00f3n le da a lo ef\u00edmero la ilusi\u00f3n de la trascendencia, y a lo propio, sentido de real. Si est\u00e1 en la TV o en Internet, existe. En una cultura en la que la imagen es soberana, mostrarse es ser, es existir, y tener imagen p\u00fablica se convierte en sost\u00e9n de la subjetividad. Es como un Gran Hermano colectivo en donde, en roles intercambiables, todos muestran y todos miran, en una exhibici\u00f3n de privacidad expl\u00edcita.<br \/>\nNuestra vida transcurre en tres planos:<br \/>\nlo \u00edntimo, lo privado y lo p\u00fablico, donde el secreto es condici\u00f3n de lo \u00edntimo; lo discreto, de lo privado, y la difusi\u00f3n, de lo p\u00fablico. Evidentemente, los l\u00edmites se corrieron. \u00bfDesaparece la intimidad? No, pero se modifica. Nadie guarda en secreto lo que la sociedad ya no cuestiona. Hoy lo \u00edntimo est\u00e1 reservado a cuestiones m\u00e1s estructurales, como el ser y la identidad: qui\u00e9n soy, para qu\u00e9 existo. La \u201cextimidad\u201d, expresi\u00f3n de una cultura cada vez m\u00e1s dominada por el imperio de lo visual, es parte de un sistema en el que se muestra para decir. Si la imagen reemplaza al discurso, o si se hace discurso con ella, el impacto emocional de lo visual reemplaza a la reflexi\u00f3n, al di\u00e1logo y limita el encuentro personal. Estar conectado no es lo mismo que estar comunicado, y mostrarse a todos (y aqu\u00ed \u201ctodos\u201d es un gran an\u00f3nimo colectivo) no es lo mismo que hablar de uno mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: Revista Nueva (www.revistanueva.com.ar)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las redes sociales, fundamentalmente, cambiaron las maneras de \u201cser\u201d y \u201cestar\u201d. Lo que antes se reservaba entre cuatro paredes, hoy se exhibe sin tapujos. 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