{"id":2476,"date":"2015-02-10T23:16:47","date_gmt":"2015-02-11T02:16:47","guid":{"rendered":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/?p=2476"},"modified":"2015-02-10T23:16:47","modified_gmt":"2015-02-11T02:16:47","slug":"las-trampas-de-la-mente-de-joseph-t-hallinan","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/las-trampas-de-la-mente-de-joseph-t-hallinan\/","title":{"rendered":"Las trampas de la mente de Joseph T. Hallinan"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Si agrup\u00e1ramos todos los \u201cerrores humanos\u201d que se presentan diariamente en el planeta y cuyas consecuencias son a veces catastr\u00f3ficas, ver\u00edamos que tienen mucho en com\u00fan y que, normalmente, hay una causa m\u00e1s general y m\u00e1s profunda que hace que cientos de miles de personas cometan sistem\u00e1ticamente los mismos errores. Tal vez el hecho de que un 70% de los accidentes a\u00e9reos est\u00e9 ocasionado por \u201cerrores humanos\u201d, o que esa cifra llegue hasta el 90% cuando se trata de accidentes automovil\u00edsticos o laborales, no dice tanto sobre la negligencia y el descuido de unos cuantos individuos, como de fallos sist\u00e9micos que nos incumben a todos y a los que dif\u00edcilmente podemos escapar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buena parte de lo que sabemos acerca de por qu\u00e9 cometemos errores procede de aquellos campos en los que las equivocaciones se cobran vidas o cuestan mucho dinero: la medicina, el ej\u00e9rcito, la aviaci\u00f3n y la bolsa. Las abundantes investigaciones y los interesantes hallazgos que se han dado en estos \u00e1mbitos nos ofrecen muchas luces para comprender nuestros propios errores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos tenemos una serie de tendencias muy arraigadas, en ocasiones infranqueables, que nos inclinan a equivocarnos. En otras palabras, no hay nadie que est\u00e9 a prueba de errores. Pero, aunque no podemos eliminar nuestras debilidades, s\u00ed podemos identificarlas y enfrentarnos a ellas, minimizando de esa forma la posibilidad de cometer m\u00e1s y m\u00e1s equivocaciones. Y aunque algunos de nuestros errores responden a causas sist\u00e9micas que escapan a nuestro control, el hecho de identificarlas y hacerlas p\u00fablicas es el primer paso para corregirlas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Miramos pero no vemos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No vemos todo lo que observamos y a veces \u201cvemos\u201d cosas que no sabemos que hemos visto. De todos los est\u00edmulos visuales que se les presentan continuamente a nuestros ojos, apenas percibimos unos pocos. La mejor forma de determinar aquello que un individuo tiende a captar consiste en preguntarse previamente qui\u00e9n es esa persona, porque la circunstancia de ser hombre o mujer, de ser zurdo o diestro, de ser experto o novato en un determinado campo, tiene una influencia inevitable en la forma en que cada uno percibe lo que se le presenta ante sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los estudios cient\u00edficos han encontrado que, al presenciar una escena en la que un ladr\u00f3n le arrebata el bolso a una mujer, los hombres tienden a fijarse en los detalles del agresor, mientras que las mujeres tienden a mirar el aspecto y las acciones de la mujer. Asimismo, han encontrado que cuando se le obliga a la gente a girar en un cruce, los diestros prefieren girar a la derecha y los zurdos, a la izquierda. En consecuencia, y tal como recomendaban los autores de ese estudio, si usted est\u00e1 en un supermercado y busca la fila m\u00e1s corta, lo mejor es que mire hacia su izquierda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Igualmente convincentes son los estudios que ponen de relieve que, en ciertos campos, nuestra mirada est\u00e1 condicionada por nuestros niveles de experiencia. As\u00ed, por ejemplo, la forma en que un golfista observa la pelota antes de golpearla no se parece en nada a la forma en que la mira un novato. Los investigadores han denominado \u201cper\u00edodo de ojo sereno\u201d al tiempo que transcurre entre el \u00faltimo vistazo que le damos a un objetivo y el primer movimiento de nuestro sistema nervioso, y han encontrado que ese tiempo, necesario para programar de manera adecuada las respuestas motoras, siempre es m\u00e1s largo en los expertos que en los novatos. Por eso, en los segundos finales antes de golpear la pelota, los mejores jugadores de golf tienden a mirarla mucho m\u00e1s tiempo y rara vez cambian la direcci\u00f3n de su mirada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De forma semejante, hay cosas que nuestros ojos se niegan a ver. Por lo general, somos ciegos ante aquellos cambios repentinos que suceden durante una breve interrupci\u00f3n visual. Dos investigadores de la Universidad de Cornell constataron esto de una forma bastante particular. Llevaron a unos \u201cforasteros\u201d al campus de la universidad para que les preguntaran a los peatones algunas direcciones y programaron el experimento de tal forma que durante el intercambio entre el forastero y el peat\u00f3n se produjera una interrupci\u00f3n muy breve, de apenas un segundo, en la que dos hombres pasaran entre ellos llevando una puerta. En ese breve lapso, cambiaban al forastero, de modo que, al pasar la puerta, el peat\u00f3n se encontraba frente a una persona diferente, que actuaba como si fuera la misma. \u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3? \u00danicamente siete de los quince peatones notaron ese cambio. Y no solo eso: cuando repitieron el experimento con la variable de que los \u201cforasteros\u201d fueran vestidos como obreros de la construcci\u00f3n, la tasa de percepci\u00f3n del cambio se redujo a uno de cada tres peatones. Los psic\u00f3logos sociales han constatado muchas veces que la forma en que tratamos a los miembros de nuestro propio grupo social difiere de la manera como tratamos a los miembros de otros grupos. Pues bien, parece que esas diferencias no solo afectan nuestro modo de comportamos ante los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n la forma en que los vemos (o los dejamos de ver).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Hollywood son muy conscientes de este tipo de limitaciones y por ello emplean a expertos que se encargan de detectar los llamados \u201cerrores de continuidad\u201d en sus pel\u00edculas: la camisa sucia que de repente aparece limpia, el vaso que s\u00fabitamente tiene m\u00e1s cantidad de l\u00edquido. Pero es tal la dificultad de detectar ese tipo de incoherencias que, a pesar de que existan esos \u201ceditores de continuidad\u201d, las pel\u00edculas siguen siendo una fuente inagotable de sutiles errores que escapan a la mirada de todos. O de casi todos, porque hay p\u00e1ginas como &lt;moviemistakes.com&gt; dedicadas a hacer visibles los errores que muy pocos ven.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto se dificulta todav\u00eda m\u00e1s si tenemos en cuenta nuestra inclinaci\u00f3n natural a abandonar las tareas infructuosas. Nuestro umbral de abandono, que viene dado por el tiempo que dedicamos a buscar algo, es muy corto, especialmente cuando nos parece poco probable encontrar lo que buscamos. Ese rasgo humano, que suele ser muy \u00fatil para vivir sin perder el tiempo, podr\u00eda ser muy peligroso si nuestro trabajo fuera, por ejemplo, encontrar una pistola o un tumor. En un estudio particularmente preocupante realizado en la cl\u00ednica Mayo, los m\u00e9dicos volvieron a comprobar las radiograf\u00edas de pecho que hab\u00edan sido consideradas normales en pacientes que posteriormente hab\u00edan desarrollado c\u00e1ncer de pulm\u00f3n. El resultado es aterrador: hasta el 90% de los tumores era visible en las radiograf\u00edas iniciales. Los radi\u00f3logos, simplemente, los hab\u00edan pasado por alto. Algo semejante se ha constatado al poner a prueba a los observadores de pantallas de seguridad en los aeropuertos. Una prueba realizada en Estados Unidos en 2002 indic\u00f3 que estas personas dejaban de detectar una de cada cuatro pistolas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Generalmente, y por desgracia, no basta con ser consciente de estas limitaciones para superarlas, pues nuestra maquinaria perceptiva est\u00e1 muy arraigada en nuestro sistema nervioso y su funcionamiento es totalmente autom\u00e1tico. El efecto que producen las ilusiones \u00f3pticas en nuestra percepci\u00f3n da fe de ello. Observe, por ejemplo las que Michael Bach ha incluido en su p\u00e1gina web: www.michaelbach.de\/ot\/index.html.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Nos importa el significado<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un interesante estudio adelantado en los setenta por el psic\u00f3logo Harry Bahrick encontr\u00f3 que, casi medio siglo despu\u00e9s de la graduaci\u00f3n de secundaria, las personas pod\u00edan reconocer el 75% de las caras de sus compa\u00f1eros de clase revisando las fotograf\u00edas en el anuario, pero que en el momento de recordar los nombres, solo lograban dar con el 18%. En otro ejercicio semejante, se les presentaron a varias personas las biograf\u00edas de personas ficticias, d\u00e1ndoles su nombre, su lugar de nacimiento, su profesi\u00f3n y su pasatiempo favorito. Lo que se encontr\u00f3 al evaluar lo que se recordaba de esta informaci\u00f3n despu\u00e9s de un tiempo es que los trabajos se recordaban el 69% de las veces; los pasatiempos, el 68%; las ciudades natales, el 62%; y, muy por debajo, los nombres solamente se reten\u00edan el 31% de las veces. Parece ser que los nombres, en s\u00ed mismo, no significan demasiado para nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que sucede es que nuestra memoria a largo plazo es fundamentalmente sem\u00e1ntica, es decir, para ella, el significado es el rey. Es bastante m\u00e1s f\u00e1cil recordar que una persona es abogada o que le gusta jugar a lo mismo que a nosotros, antes de repetir cu\u00e1l es su nombre. Por mucho que lo intentemos es extremadamente dif\u00edcil obligar a nuestras mentes a recordar cosas sin significado. Es por esta necesidad de sentido por lo que las nemotecnias se utilizan con \u00e9xito desde la \u00e9poca de los griegos. Al asociarles significados a cifras o a listas de cosas que no tienen uno intr\u00ednseco, resulta mucho m\u00e1s f\u00e1cil retenerlas en la mente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo semejante sucede en el momento de recordar un rostro que se ha visto pocas veces, situaci\u00f3n que adquiere una relevancia particular en el \u00e1mbito de las investigaciones criminales. Entre 1989 y 2007, 207 prisioneros fueron liberados en Estados Unidos tras pruebas de ADN. De ellos, el 77% hab\u00eda sido identificado de forma err\u00f3nea por testigos. Muchos estudios han intentado explicar este fen\u00f3meno y han encontrado que, cuando las caras solo se juzgan por sus detalles superficiales, tienden a olvidarse r\u00e1pidamente, pero, cuando se las asocia a rasgos emocionales m\u00e1s profundos, como la simpat\u00eda o la honestidad que evocan, su recuerdo es m\u00e1s perdurable. As\u00ed pues, si usted quiere recordar mejor la cara de una persona, intente hacer algunos juicios a partir de su rostro la primera vez que la vea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa necesidad de darle sentido a las cosas es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la cual nuestros esfuerzos por utilizar contrase\u00f1as complicadas que nadie pueda averiguar se traducen en que nosotros mismos somos incapaces de recordarlas. Esto lo corroboran el <em>New York Times,<\/em> cuando informa de que cada semana mil lectores <em>online<\/em> olvidan sus contrase\u00f1as, y la revista <em>Times,<\/em> al manifestar que cerca del 80% de todas las llamadas de asistencia telef\u00f3nica sobre cuestiones inform\u00e1ticas est\u00e1 relacionado con el olvido de las contrase\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Refiri\u00e9ndose a este tipo de asuntos, Alan Brown, profesor de la Universidad Metodista del Sur, sostiene que la clave para elegir un buen escondite consiste en realizar una conexi\u00f3n r\u00e1pida entre lo que se va a esconder y el lugar en que se pondr\u00e1. Al momento de definir el escondite, dice Brown: \u201cno tenemos diez o veinte minutos para calcularlo cient\u00edficamente; hay que decidirlo en el momento\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Sesgos invisibles<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas de las decisiones importantes que tomamos puede que sean m\u00e1s superficiales de lo que nos gustar\u00eda creer, puesto que nuestro juicio est\u00e1 plagado de peque\u00f1os deslices que ocurren sin que seamos conscientes de ellos. George Lowenstein, una de las mayores autoridades en el papel que la parcialidad tiene en la formaci\u00f3n de los juicios humanos, sostiene que \u201cla gente siempre cree que no es tendenciosa, aun cuando se puede documentar estad\u00edsticamente que hay una gran parcialidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ejercicio llevado a cabo por investigadores de Standford en el que se les dio a algunos voluntarios cinco muestras de vino catalogadas con precios diferentes (5, 10, 35, 45 y 90 d\u00f3lares la botella) encontr\u00f3 que, invariablemente, el vino que m\u00e1s gustaba era el m\u00e1s caro. Pero luego repitieron el ejercicio con una variable, alterando el contenido de las botellas de manera que un mismo vino aparec\u00eda en dos botellas diferentes (como la de 45 y la de 5, o la de 90 y la de 10) y observaron nuevamente que los voluntarios prefer\u00edan el vino cuando estaba en la botella m\u00e1s cara. No se trata solamente de esnobismo. Los escaneos cerebrales descubrieron que los vinos m\u00e1s costosos generaban m\u00e1s actividad en el c\u00f3rtex orbitofrontal medio, que es el \u00e1rea del cerebro asociada a las experiencias placenteras. Las pruebas realizadas con medicamentos artificiales han demostrado que el efecto placebo opera de forma an\u00e1loga, y que sus resultados son reales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El color tambi\u00e9n ejerce un efecto imperceptible en nosotros. Por ejemplo, asociamos el negro con poder y fuerza; de ah\u00ed que los experimentos hayan mostrado que las personas identifican una c\u00e1psula negra o roja como \u201cm\u00e1s eficaz\u201d que una de color blanco. Igualmente inquietantes son los resultados de un experimento realizado con un grupo de \u00e1rbitros profesionales a los que se les presentaron los v\u00eddeos de dos partidos de f\u00fatbol previamente arreglados, en los que uno de los equipos desplegaba un juego bastante agresivo. Lo que se encontr\u00f3 fue que, cuando ese equipo llevaba un uniforme negro, su juego era clasificado por los \u00e1rbitros como mucho m\u00e1s agresivo y merecedor de faltas que cuando, jugando con el mismo nivel de agresividad, vest\u00eda un uniforme blanco. \u00bfSer\u00e1 que en realidad los equipos que van de negro son m\u00e1s penalizados? Pues esos mismos investigadores encontraron que s\u00ed. Tras recopilar grabaciones de f\u00fatbol y hockey profesional de las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta, descubrieron que los equipos que iban vestidos de negro hab\u00edan sido penalizados significativamente m\u00e1s que la media.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Somos as\u00ed. Cuando votamos o cuando gastamos un d\u00f3lar, suponemos que lo hacemos por razones racionales, aunque en realidad hay una serie de factores sutiles e imperceptibles inclinando la balanza y haci\u00e9ndonos actuar de una determinada manera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alex Todorov y otros investigadores de la Universidad de Princeton demostraron que las inferencias sobre la competencia de una persona basadas en su apariencia facial ten\u00edan una gran incidencia en los resultados de las elecciones parlamentarias. Ante dos rostros desconocidos, el elector tender\u00e1 a inclinarse por aquel que, a primera vista, le inspire m\u00e1s confianza. Y esto ocurre en apenas un segundo. Adicionalmente, esos juicios iniciales e inmediatos que hacemos frente a una persona o una cosa son muy dif\u00edciles de cambiar; en estudios semejantes de votaciones simuladas se ha llegado a notar que la informaci\u00f3n adicional que los votantes re\u00fanen a lo largo de una campa\u00f1a puede atenuar, pero no eliminar, el impacto de esa primera impresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras investigaciones que van dirigidas en esta misma l\u00ednea han logrado poner de relieve que, a pesar de la creencia seg\u00fan la cual los indicios de fertilidad de una mujer son imperceptibles, los ingresos de una bailarina de <em>lap dance <\/em>derivados de sus representaciones \u00edntimas con un cliente aumentan durante su per\u00edodo de mayor fertilidad. En efecto, un estudio realizado con 530 <em>lap dancers<\/em> encontr\u00f3 que, durante su per\u00edodo menstrual, sus ingresos disminu\u00edan en un 45%, a pesar de que los clientes de los clubes no tienen una evidencia tangible de ese estado cuando seleccionan a la chica para llevarla a la cabina privada. Pero este no es el \u00fanico caso en que los h\u00e1bitos de gasto de los hombres se pueden ver influidos por factores invisibles. Se ha demostrado que al rociar una tienda con una fragancia \u201cmasculina\u201d en lugar de una \u201cfemenina\u201d, la cantidad media que los hombres gastan en ella puede verse duplicada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los m\u00e9dicos no escapan a los sesgos imperceptibles. Si se les pregunta qu\u00e9 influencia ejercen las compa\u00f1\u00edas farmac\u00e9uticas sobre los medicamentos que ellos recetan, le dir\u00e1n que absolutamente ninguna. Y seguramente lo dir\u00e1n creyendo que es cierto. Pero entonces tenga en cuenta que en un pa\u00eds como Estados Unidos casi la mitad de la poblaci\u00f3n toma al menos un medicamento, muchos de los cuales parecen innecesarios, y que los elevados ingresos que esto les reporta anualmente a las farmac\u00e9uticas las ha llevado a gastar m\u00e1s de 8.000 d\u00f3lares por m\u00e9dico cada a\u00f1o para promocionar unos medicamentos que, de media, cuestan el doble que otros existentes que pueden recetarse para la misma enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Distorsiones de la memoria<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la pregunta de c\u00f3mo le fue en el instituto, la respuesta, probablemente, es que no le fue tan bien como usted lo recuerda. Al menos si tomamos como referencia a los estudiantes del Ohio Wesleyan que, tras ser interrogados al respecto, dieron un testimonio en el que al menos un 29% de las notas estaba equivocado; o a los estudiantes alemanes, que, frente a una evaluaci\u00f3n similar, arrojaron un error a\u00fan mayor, del 43%. En ambos casos, la tendencia marcada consist\u00eda en suponer que sus notas hab\u00edan sido superiores de lo que realmente fueron y en ninguno de los casos se necesit\u00f3 mucho tiempo para tergiversar el recuerdo, pues se trataba de estudiantes de primer y segundo a\u00f1o de universidad. De forma an\u00e1loga, diversos experimentos han constatado que los jugadores recuerdan m\u00e1s sus triunfos que sus derrotas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tendencia a verse y recordarse de forma autocomplaciente est\u00e1 tan arraigada en nosotros que dif\u00edcilmente somos concientes de ella. En una serie de experimentos de la Universidad de Chicago se les pidi\u00f3 a unas personas que identificaran retratos de s\u00ed mismas a partir de una serie de rostros que hab\u00edan sido previamente modificados. Cuando las im\u00e1genes hab\u00edan sido mejoradas inform\u00e1ticamente para hacer a las personas m\u00e1s atractivas, los participantes se identificaron con mucha mayor rapidez que cuando hab\u00edan sido ligeramente afeados o cuando se presentaban intactos. Una tendencia que, ciertamente, no mostraron cuando se les presentaban las caras de otras personas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro factor que influye poderosamente en el modo de percibir y recordar los sucesos pasados es el sesgo a posteriori, que se da cuando conocemos la forma en que se desarrollaron los acontecimientos. En otras palabras, saber c\u00f3mo termina un suceso altera el recuerdo que tenemos de \u00e9l. Es mucho m\u00e1s f\u00e1cil distinguir los factores relevantes de un hecho hist\u00f3rico, como la batalla de Waterloo o el bombardeo de Pearl Harbour, despu\u00e9s de que este haya ocurrido. Pero lo m\u00e1s interesante no es que la gente exagere lo que sab\u00eda en ese momento, sino que realmente recuerda mal lo que sab\u00eda. La investigaci\u00f3n sobre el sesgo a posteriori encuentra en Baruch Fischoff a uno de sus grandes pioneros. En 1972, cuando Nixon se dispon\u00eda a realizar dos viajes hist\u00f3ricos a China y a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, Fischoff, que era profesor de la Universidad Hebrea de Jerusal\u00e9n, les pidi\u00f3 a algunos de sus estudiantes que estimasen la probabilidad de algunos resultados, asign\u00e1ndole a cada uno una tasa de probabilidad de entre 0-100%. Despu\u00e9s de que hubieran ocurrido esos encuentros, Fischoff les solicit\u00f3 a sus estudiantes que recordasen, lo mejor que pudieran, sus predicciones originales. Lo que encontr\u00f3 es que las personas tergiversaban su recuerdo: si el suceso hab\u00eda ocurrido, entonces exageraban las apuestas que hab\u00edan hecho en la predicci\u00f3n original; si no hab\u00eda ocurrido, entonces las minimizaban, de modo que una conjetura del 50% se traduc\u00eda, en el recuerdo, en una del 30%.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Ilusi\u00f3n multitarea<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La multitarea es uno de los grandes mitos de la \u00e9poca moderna. Aunque tenemos la ilusi\u00f3n de estar centr\u00e1ndonos en varias cosas de forma simult\u00e1nea, la verdad es que nuestra atenci\u00f3n va saltando de un sitio a otro entre tareas diversas. Es cierto que usted puede andar y comer chicle al mismo tiempo, o que puede conducir y hablar con la persona de al lado, pero \u00fanicamente puede mezclar actividades despu\u00e9s de haber realizado tantas pr\u00e1cticas que la actividad subyacente se vuelva autom\u00e1tica. Si no lo cree, intente calcular el 15% de propina que dejar\u00e1 en una cena, al tiempo que mantiene una conversaci\u00f3n con sus comensales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema es que son pocas las actividades que practicamos con la frecuencia suficiente como para que se vuelvan autom\u00e1ticas. Y ese problema tiene grandes repercusiones. Al pasar de una tarea a otra, el cerebro se ralentiza y, adem\u00e1s, olvida lo que estaba haciendo o planeaba hacer. Nuestra memoria de trabajo, que viene dada por esa lista que tiene nuestro cerebro de cosas-que-hay-que-hacer, se evapora con gran facilidad con tan solo uno o dos segundos de distracci\u00f3n. Los investigadores han encontrado que, despu\u00e9s de quince segundos de considerar un nuevo problema, olvidamos uno viejo. Por eso, cuando estamos trabajando y se nos interrumpe, nos cuesta tanto trabajo volver a centrarnos en lo que est\u00e1bamos haciendo. Con los estudios en lugares de trabajo se ha descubierto que, de media, cuesta cerca de quince minutos recuperar un estado profundo de concentraci\u00f3n cuando se ha sido interrumpido por una llamada telef\u00f3nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la vida real, la multitarea puede ser muy peligrosa. Piense en el conductor que habla por su m\u00f3vil o utiliza un GPS. Un estudio reciente de la Administraci\u00f3n de Seguridad de Tr\u00e1fico en las Autopistas de Estados Unidos encontr\u00f3 que una sola mirada a otro lugar dobla el riesgo de accidente. Ahora bien, introducir una direcci\u00f3n nueva en una unidad de GPS lleva una media de 86 segundos. Es decir, entre 20 y 35 miradas fuera de la carretera. No es de extra\u00f1ar, entonces, que se haya encontrado que, con mucha frecuencia, los conductores se desv\u00edan hacia otro carril mientras teclean en la pantalla, ni tampoco es de extra\u00f1ar que las leyes japonesas proh\u00edban introducir un destino mientras se est\u00e1 conduciendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, se ha logrado establecer que estos efectos se acent\u00faan a\u00fan m\u00e1s con la edad. A partir de los cuarenta, a los conductores les resulta m\u00e1s dif\u00edcil eliminar las distracciones, tardan m\u00e1s en recuperarse, sus tiempos de reacci\u00f3n se hacen m\u00e1s lentos, sus campos visuales se estrechan y les cuesta m\u00e1s procesar la informaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Por encima de la media<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos creemos que vamos por encima de la media en casi todas las cosas, y en esa idea se ocultan las semillas de muchos errores. Como dice Stefano DellaVigna, economista de la Universidad de Berkeley: \u201ccasi todo el mundo tiene un exceso de confianza en s\u00ed mismo, excepto los que est\u00e1n deprimidos, que tienden a ser realistas\u201d. Esta es la raz\u00f3n por la cual sobrestimamos nuestro propio autocontrol y confundimos con gran facilidad aquello que deber\u00edamos o quisi\u00e9ramos hacer con aquello que realmente haremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los resultados de este exceso de confianza se ven reflejados en un sinn\u00famero de errores cotidianos que van desde hacerse socio de un gimnasio que no se utilizar\u00e1, hasta asumir compromisos que luego no se cumplir\u00e1n. Esta tendencia la conoce muy bien la empresa NutriSystem, que ha alcanzado rendimientos anuales de hasta el 233% vendiendo por Internet comidas bajas en calor\u00edas, dirigidas a las personas obesas de Estados Unidos. La mayor\u00eda de sus clientes son mujeres que, como t\u00e9rmino medio, tienen 44 a\u00f1os y pesan 100 kilos. Aunque por lo general intentan perder unos 25 kilos, lo usual es que abandonen el programa despu\u00e9s de unas diez semanas, tras haber perdido solamente 8 kilos. \u00bfPor qu\u00e9 compran el producto? Porque NutriSystem no cuenta con lo que la gente har\u00e1, sino con lo que la gente cree que har\u00e1. Y por eso, utiliza en sus comerciales a celebridades que relatan la forma en que el producto les ha hecho perder hasta 20 kilos, a\u00f1adiendo una peque\u00f1a aclaraci\u00f3n final en la que escriben \u201cresultados at\u00edpicos\u201d. Esa frase, que podr\u00eda disuadir a los potenciales clientes al informarles de que perder mucho peso con ese programa nutricional es poco probable, no ahuyenta a casi nadie. Para quienes van a realizar la dieta, el testimonio de unos pocos es suficiente, as\u00ed se trate de experiencias at\u00edpicas, porque ellos mismos no se consideran a s\u00ed mismos como t\u00edpicos; ellos se sienten superiores a la media. Ah\u00ed radica su error.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el mismo error del que se valen los gimnasios cuando ofrecen planes de abonos mensuales o anuales que permiten entradas ilimitadas y cuyo valor es equivalente al de unas cuantas entradas individuales. Un estudio adelantado por el ya mencionado DellaVigna en algunos gimnasios de los Estados Unidos concluy\u00f3 que un 80% de las personas que tienen un contrato mensual habr\u00eda salido ganando con la alternativa de pagar cada entrada individual al gimnasio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cient\u00edficos sociales utilizan el t\u00e9rmino \u201ccalibrado\u201d para medir la diferencia entre las capacidades reales y las supuestas. La mayor\u00eda de las personas est\u00e1n mal calibradas. Por eso las habitaciones de los hoteles de Las Vegas son tan baratas y las compa\u00f1\u00edas de telefon\u00eda m\u00f3vil ofrecen minutos \u201cgratis\u201d. Ambos saben que usted sobrestimar\u00e1 su autocontrol y que los que saldr\u00e1n ganando ser\u00e1n ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta ilusi\u00f3n de que tenemos el control se ve acentuada por el efecto causado por la informaci\u00f3n. La informaci\u00f3n, por ejemplo, nos hace sentir que sabemos m\u00e1s de algo y que, por tanto, nuestro control es bastante alto. Una muestra evidente de esto lo dan los pron\u00f3sticos de las carreras de caballos. Quienes los hacen suelen ser obsesivos de la informaci\u00f3n, pues analizan cientos de datos sobre cada uno de los caballos: sus resultados anteriores, los de sus padres, los de sus familiares, el peso del jinete, si le gusta correr de frente, su desempe\u00f1o en cada tipo de superficie, bajo lluvia, con barro, etc. Pero como han demostrado algunos estudios, el exceso de informaci\u00f3n no mejora sus resultados. As\u00ed, cuando a un grupo de pronosticadores \u00fanicamente se le permiti\u00f3 utilizar cinco datos por caballo, sus \u00edndices de acierto no fueron peores que cuando, m\u00e1s adelante, se le permiti\u00f3 utilizar diez, veinte y hasta cuarenta datos por caballo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es por esta misma raz\u00f3n por la que los res\u00famenes de informaci\u00f3n a veces funcionan igual de bien que las versiones largas del material, y a menudo incluso mejor. En un estudio de la Universidad de Carnegie Mellon se compararon cap\u00edtulos de cinco mil palabras procedentes de libros de texto universitarios con res\u00famenes de mil palabras de esos mismos cap\u00edtulos. Cuando se les daba a los estudiantes la misma cantidad de tiempo con el cap\u00edtulo y el resumen, aprend\u00edan m\u00e1s de los res\u00famenes. Y esto era v\u00e1lido as\u00ed se llevara a cabo la evaluaci\u00f3n veinte minutos o un a\u00f1o despu\u00e9s de la lectura. En todos los casos, quienes leyeron los res\u00famenes recordaron m\u00e1s cosas que quienes leyeron los cap\u00edtulos completos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Restricciones<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una manera de reducir los errores consiste en imponernos restricciones, es decir, ayudas mentales que limiten nuestras alternativas de acci\u00f3n, encamin\u00e1ndonos por la l\u00ednea adecuada. Las restricciones pueden ser f\u00edsicas, como cuando unas tijeras tienen un agujero amplio y otro peque\u00f1o para indicarnos qu\u00e9 dedo debemos meter en cada uno de ellos, o pueden no serlo, como cuando una luz en el coche o un sonido en el ordenador nos impiden proceder de cierta forma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El juego de Lego es un buen ejemplo de dise\u00f1o provisto de restricciones. Sin necesidad de mayores indicaciones, las propias fichas determinan su \u00e1mbito de posibilidad. Los cilindros y los agujeros funcionan como limitaciones f\u00edsicas naturales, haciendo que sea pr\u00e1cticamente imposible conectar las piezas de forma equivocada. Y hay muchos otros productos, como el velcro o las notas adhesivas, cuyo uso es tan obvio y se capta tan f\u00e1cilmente, que la posibilidad de error es casi nula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el contrario, muchos de los productos que usamos diariamente tienen una innecesaria complejidad y, por no tener restricciones, pueden ocasionar errores recurrentes que, en algunos casos, son particularmente graves. As\u00ed lo evidencia la experiencia de los hijos del actor Dennis Quaid, que estuvieron muy cerca de morir por una sobredosis de heparina, un clarificador sangu\u00edneo utilizado en las inyecciones para beb\u00e9s. Y su caso no es una experiencia aislada: entre 2001 y 2006 se presentaron m\u00e1s de diecis\u00e9is mil errores en el uso de este medicamento, algunos de los cuales llegaron a ser fatales. Resulta que la ampolla de diez unidades de heparina, que es la que se deb\u00eda utilizar en estos casos, era casi id\u00e9ntica a la de diez mil unidades, y se diferenciaban solamente porque la etiqueta de una era azul claro y la de la otra, azul oscuro. Tras varios a\u00f1os de accidentes, y despu\u00e9s de que este error hubiese ocasionado la muerte de tres beb\u00e9s en Indian\u00e1polis, la compa\u00f1\u00eda que elaboraba el medicamento opt\u00f3 por cambiar la etiqueta de la dosis alta, pas\u00e1ndola de azul a rojo. Una restricci\u00f3n que, aunque peque\u00f1a y simple, ha evitado la comisi\u00f3n de incontables \u201cerrores humanos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aras de evitar errores, muchas profesiones han adoptado un enfoque precavido, en el que las acciones se realizan de un modo determinado para restringir el marco de acci\u00f3n de los operadores. Desde 2004, por ejemplo, se les exige a los cirujanos que hagan una marca con un rotulador en el lugar de la piel del paciente donde van a operar, para evitar que luego corten en el sitio equivocado. Es el mismo principio que rige las listas de control que utilizan los pilotos desde hace muchos a\u00f1os para no pasar por alto ning\u00fan detalle, o que subyace en el m\u00e9todo utilizado por los camareros para recordar la lista completa de bebidas que les han pedido en una mesa; en lugar de concentrarse por recordar las siguientes bebidas mientras van sirviendo unas, los camareros comienzan por colocar los vasos en la barra, limitando as\u00ed el espectro de posibles bebidas. Al fin y al cabo, un champ\u00e1n va en una copa de champ\u00e1n, y un whisky con soda tiene su propio vaso. En otras palabras, los vasos, como las marcas con rotulador, los huecos de las tijeras o las listas de control, act\u00faan como restricciones que limitan el \u00e1mbito de posibles acciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Contexto equivocado<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contexto tiene un efecto muy poderoso sobre nosotros, en gran parte porque no somos conscientes de \u00e9l. Esto lo demostr\u00f3 un estudio brit\u00e1nico en el que se instal\u00f3 un sistema de sonido en la secci\u00f3n de vinos de una tienda que ten\u00eda una oferta bastante homog\u00e9nea de vinos franceses y alemanes. Lo que se hall\u00f3 fue que al poner m\u00fasica francesa, la venta de los primeros aumentaba y, cuando se pon\u00eda m\u00fasica alemana, los vinos de ese pa\u00eds se vend\u00edan en mayor cantidad. Los investigadores quisieron ir un paso m\u00e1s lejos y por eso entrevistaron a los compradores a la salida de la tienda para preguntarles qu\u00e9 los hab\u00eda llevado a comprar un vino u otro. Lo interesante es que, en la gran mayor\u00eda de los casos, las personas no fueron conscientes de la influencia que la m\u00fasica hab\u00eda ejercido sobre ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro factor menos obvio que puede afectar a la forma en que enmarcamos nuestras decisiones son los horizontes temporales. En un contexto de incertidumbre y zozobra como el que se gener\u00f3 en Estados Unidos tras los ataques del 11 de septiembre, la gente adopt\u00f3 una actitud de \u201cvivir al d\u00eda\u201d, por lo que las actividades de largo plazo, como la dieta y el ejercicio, se redujeron al punto de que la cadena diet\u00e9tica Jenny Craig inform\u00f3 de \u201cuna gran ola de cancelaciones\u201d. Esa misma cuesti\u00f3n del tiempo afecta muchas de nuestras decisiones de consumo. En un experimento se les pidi\u00f3 a dos grupos de personas aleatoriamente seleccionadas que eligieran tres pel\u00edculas que quer\u00edan ver. Al primer grupo se le pidi\u00f3 que escogiera pel\u00edculas para ver ahora mismo, al segundo se le dijo que era para verlas en el futuro. El tipo de filmes seleccionados por un grupo u otro fueron muy diferentes. El grupo del \u201cahora\u201d eligi\u00f3 pel\u00edculas comerciales, como los filmes de acci\u00f3n de Harrison Ford; mientras que el grupo de \u201cpara m\u00e1s tarde\u201d tend\u00eda a elegir pel\u00edculas m\u00e1s intelectuales como <em>El piano,<\/em> la ganadora del Oscar que narra la historia de la rebeli\u00f3n de una mujer muda en la reci\u00e9n colonizada Nueva Zelanda de la \u00e9poca victoriana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo similar se demostr\u00f3 en un ejercicio con trabajadores en el que se les preguntaba qu\u00e9 quer\u00edan comer en el refrigerio de la tarde: fruta o comida basura. Si la pregunta se les formulaba justo despu\u00e9s de que hubiesen comido, cuando estaban saciados, tend\u00edan a elegir la fruta (un 58% as\u00ed lo hizo), pero si la pregunta se les hac\u00eda en las horas de la tarde, cuando era probable que tuvieran hambre, el resultado variaba significativamente: esta vez solo el 22% se inclinaba por la fruta. Parece ser que si se trata de seleccionar un producto para un futuro cercano, ya se trate de comida, de una pel\u00edcula o de tantas otras cosas, las personas tienden a privilegiar lo m\u00e1s sano, lo m\u00e1s profundo y lo que se considera mejor. Pero cuando la decisi\u00f3n apunta a lo que se har\u00e1 aqu\u00ed y ahora, las elecciones son bastante diferentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sendhil Mullainathan, profesor de Econom\u00eda de la Universidad de Harvard, tuvo una experiencia privilegiada para sus investigaciones sobre la forma en que el contexto incide en las decisiones de consumo cuando trabaj\u00f3 en la estrategia comercial de un banco sudafricano. Con el fin de aumentar sus cr\u00e9ditos, el banco envi\u00f3 una carta a m\u00e1s de cincuenta mil clientes que anteriormente hubiesen solicitado cr\u00e9ditos para felicitarlos porque hab\u00edan sido escogidos para un nuevo cr\u00e9dito. En todos los casos se trataba de pr\u00e9stamos peque\u00f1os, de unos 150 d\u00f3lares y a corto plazo, mientras que los dem\u00e1s factores variaban de forma aleatoria, de manera que la tasa de inter\u00e9s no era la misma para todos y que solamente a algunos se les ofrec\u00eda participar en el sorteo de un tel\u00e9fono m\u00f3vil. Pero junto con esto, se introdujo un peque\u00f1o detalle que marcaba una diferencia entre unas cartas y otras: la fotograf\u00eda del empleado del banco que aparec\u00eda en la esquina inferior derecha de la hoja variaba en sexo y raza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que Mullainathan descubri\u00f3 lo dej\u00f3 at\u00f3nito: el efecto que ten\u00eda en los clientes masculinos la imagen de una mujer en lugar de la de un hombre era equivalente al de bajar el tipo de inter\u00e9s en cinco puntos. No se sabe hasta qu\u00e9 punto este hallazgo es extrapolable a otras sociedades diferentes a la sudafricana, pero no deja de ser inquietante que la presencia de una mujer en el contexto influya tanto en las decisiones masculinas como la m\u00e1s evidente de las consideraciones econ\u00f3micas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez nuestro comportamiento econ\u00f3mico no sea tan racional como solemos pensar. As\u00ed lo han corroborado diversos estudios de consumo, como aquellos que han establecido lo que se conoce como el \u201canclaje\u201d, un fen\u00f3meno psicol\u00f3gico seg\u00fan el cual un n\u00famero aleatorio, que por lo general es el primer n\u00famero que se nos presenta, ejerce una funci\u00f3n de ancla, en el sentido en que una vez que lo asociamos a un producto, todas nuestras percepciones sobre el valor de ese producto girar\u00e1n en torno a esa cifra. Si vamos a comprar un determinado objeto en un mercado y el vendedor nos dice que su precio es de 50 euros, esa cifra surtir\u00e1 un efecto de ancla y, en adelante, nuestros juicios sobre el precio adecuado de ese art\u00edculo orbitar\u00e1n en torno a ella. Por esto, el simple hecho de hacer la primera oferta en una negociaci\u00f3n supone una ventaja importante, pues esa primera oferta servir\u00e1 como ancla para las futuras discusiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tipo de cosas las saben muy bien los supermercados, que utilizan por ejemplo la t\u00e9cnica de \u201cfijaci\u00f3n de precios por varias unidades\u201d ofreciendo cestas de \u201c4 melocotones por 2 euros\u201d, en lugar de decir que cada uno cuesta 50 c\u00e9ntimos; aunque la formulaci\u00f3n es equivalente, el efecto no lo es. Algo semejante ocurre con las ventas limitadas en cantidad. Cuando una tienda, por ejemplo, no vende m\u00e1s de 12 unidades de un art\u00edculo por comprador, esa cifra act\u00faa como ancla e incita al comprador a comprar una cantidad cercana a ella. De hecho, se ha demostrado que cuanto m\u00e1s alta sea esa cifra ancla, mayores son las ventas del producto en cuesti\u00f3n. Solamente cuando ese n\u00famero es absurdamente alto (por ejemplo, 50), las ventas disminuyen. Como muestran estos ejemplos, a menudo no nos damos cuenta de la forma en que la presentaci\u00f3n de los precios de una tienda hacen que nuestra decisi\u00f3n de compra se incline hacia un lado u otro. Y el precio de esto, sobra decirlo, recae directamente en nuestro bolsillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una persona media en Estados Unidos tiene entre tres y cuatro tarjetas de regalo refundidas en los cajones de su escritorio que seguramente nunca reclamar\u00e1. Esas tarjetas constituyen la primera opci\u00f3n de regalo en ese pa\u00eds y generan a los comerciantes un beneficio de ocho billones de d\u00f3lares al a\u00f1o en tarjetas no canjeadas. Algo falla. Los consumidores aprecian las tarjetas, las ofrecen con gusto y las reciben con placer. Asumen que ir\u00e1n a la tienda y seleccionar\u00e1n el art\u00edculo que m\u00e1s les interesa. Pero no lo hacen. Y las tiendas, al igual que los planes de dieta y los gimnasios, se enriquecen de esa tendencia natural a confundir lo que se debe hacer con lo que se har\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son muchos nuestros sesgos, tendencias y rasgos personales que, de forma imperceptible, nos llevan a tomar decisiones equivocadas, a comportarnos de una forma que no es la que quisi\u00e9ramos y, en t\u00e9rminos generales, a cometer errores. Y si bien algunas de estas disfunciones son inevitables, porque est\u00e1n demasiado arraigadas en nuestro sistema nervioso o porque ni siquiera resultan perceptibles, el hecho de que muchas personas cometan un mismo error nos da una pista importante para buscar la fuente de nuestras equivocaciones y minimizar, de esta manera, los errores y las trampas que nos tiende nuestra mente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Fuente:<\/span> Leader Summaries\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si agrup\u00e1ramos todos los \u201cerrores humanos\u201d que se presentan diariamente en el planeta y cuyas consecuencias son a veces catastr\u00f3ficas, ver\u00edamos que tienen mucho en com\u00fan y que, normalmente, hay [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2477,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[582,581],"class_list":["post-2476","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-docencia","tag-joseph-t-hallinan","tag-las-trampas-de-la-mente"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/mente.jpg?fit=1200%2C742","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4aovR-DW","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2476"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2476\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2478,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2476\/revisions\/2478"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2477"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}