{"id":2466,"date":"2015-02-10T23:01:30","date_gmt":"2015-02-11T02:01:30","guid":{"rendered":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/?p=2466"},"modified":"2015-02-10T23:01:30","modified_gmt":"2015-02-11T02:01:30","slug":"inteligencia-social-de-daniel-goleman","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/inteligencia-social-de-daniel-goleman\/","title":{"rendered":"Inteligencia Social de Daniel Goleman"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Tras el arrasador \u00e9xito de sus estudios y publicaciones sobre la inteligencia emocional, Daniel Goleman ha optado por dar un giro en el enfoque de su investigaci\u00f3n, abandonando por un momento la psicolog\u00eda unipersonal para abordar un nuevo paradigma de esta ciencia, cuyo centro de atenci\u00f3n no es el individuo aislado, sino los sujetos que entran en relaci\u00f3n. En este libro, Goleman explora el correlato de esta \u201cpsicolog\u00eda interpersonal\u201d en el campo de la neurociencia, y encuentra abundantes evidencias sobre la forma en que nuestra configuraci\u00f3n cerebral condiciona nuestras relaciones sociales, al tiempo que estas moldean y configuran nuestro cerebro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy por hoy, la ciencia se encuentra en disposici\u00f3n de dar respuesta a muchas de las inc\u00f3gnitas del cerebro. Gracias a la resonancia magn\u00e9tica, los cient\u00edficos han obtenido im\u00e1genes incre\u00edblemente detalladas del cerebro que, al ser proyectadas en la pantalla de un ordenador, permiten identificar las regiones cerebrales que se activan durante una determinada actividad o interacci\u00f3n social. As\u00ed, con la posibilidad de cartografiar las diferentes regiones cerebrales que intervienen en las din\u00e1micas interpersonales, se empiezan a desvelar los mecanismos neuronales que intervienen en las diferentes situaciones de nuestra vida: comenzamos a saber qu\u00e9 ocurre en nuestro cerebro cuando o\u00edmos la voz de un amigo o cuando experimentamos un arrebato de p\u00e1nico esc\u00e9nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el descubrimiento m\u00e1s importante de la neurociencia es que nuestro cerebro est\u00e1 programado para conectar con los dem\u00e1s: y es que cada vez que dos o m\u00e1s personas se encuentran o se comunican, en sus cerebros se inicia una suerte de danza emocional. Ciertas regiones se activan, se segregan ciertas hormonas y ciertas conexiones neuronales se disparan. En su conjunto, este sutil \u201ctango de sentimientos\u201d ser\u00e1 m\u00e1s o menos arm\u00f3nico seg\u00fan el tipo de conexi\u00f3n existente entre las personas en cuesti\u00f3n. Ahora bien, a medio y largo plazo, estas relaciones sociales no solo ir\u00e1n esculpiendo la forma, el tama\u00f1o y el n\u00famero de neuronas de cada sujeto, sino que ir\u00e1n influyendo silenciosamente en su car\u00e1cter, en su biolog\u00eda e incluso en su salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las personas que nos rodean tienen la capacidad de moldear y definir nuestros estados de \u00e1nimo y nuestra biolog\u00eda, al tiempo que nosotros ejercemos una influencia an\u00e1loga en ellos. Esa comprensi\u00f3n profunda del influjo que las relaciones tienen en nuestra vida y en la de los dem\u00e1s da origen a lo que puede llamarse la \u201cinteligencia social\u201d, cuyo desarrollo exige, a un mismo tiempo, conocer la forma en que funcionan las relaciones y comportarse adecuadamente en ellas. Una persona socialmente h\u00e1bil podr\u00eda, como lo hace un luchador de <em>jiu-jitsu, <\/em>reconocer las energ\u00edas emocionales hostiles y orientarlas para que se tornen positivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Programados para conectar con los dem\u00e1s<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retroceda unos cien mil a\u00f1os e imagine a una especie tan fr\u00e1gil como la nuestra enfrentada a la inminente amenaza de ser devorada por criaturas enormes, salvajes y hambrientas. Si a algo le podemos atribuir el hecho de haber sobrevivido a un escenario tan adverso, es a la capacidad de nuestros ancestros para organizarse entre ellos. Si a esto le sumamos la evidencia de que la evoluci\u00f3n de nuestra especie responde principalmente al desarrollo complejo de nuestros cerebros, no resulta descabellado suponer que ese \u00f3rgano gris y viscoso haya desarrollado todo tipo de medidas para favorecer la comunicaci\u00f3n con los otros y lograr la supervivencia de la especie. De hecho, algunas observaciones cient\u00edficas de los macacos han encontrado que los m\u00e1s sociables son los que tienen m\u00e1s probabilidades de sobrevivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La capacidad de los hom\u00ednidos para comunicar a los dem\u00e1s la presencia de un peligro y transmitir \u00e1gilmente las se\u00f1ales de alarma ser\u00eda, por lo tanto, una cuesti\u00f3n de vida o muerte. Al parecer, la respuesta evolutiva a esta necesidad consisti\u00f3 en orientar la mente humana para que estuviese en interacci\u00f3n continua e invisible con las mentes de los otros. Miles de a\u00f1os antes de que surgiera el lenguaje verbal, el cerebro habr\u00eda generado una serie de mecanismos para facilitar la comunicaci\u00f3n entre individuos y poder, entre otras cosas, diversificar la vigilancia del grupo ante las amenazas latentes del entorno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las formas en que el proceso evolutivo logr\u00f3 este cometido consisti\u00f3 en permitir que el cerebro de cada individuo leyera r\u00e1pidamente las emociones de sus compa\u00f1eros y as\u00ed, por ejemplo, cuando alguno experimentara temor, esta sensaci\u00f3n se difundiera entre todos y propiciara las consiguientes reacciones defensivas de ataque o de huida. En efecto, los esc\u00e1neres cerebrales han constatado que la am\u00edgdala s\u00f3lo requiere entre dos y tres cent\u00e9simas de segundo para registrar las se\u00f1ales del miedo en el rostro de otra persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una herramienta muy recurrente en los estudios neurol\u00f3gicos de esta naturaleza consiste en analizar el cerebro de las personas con deficiencias sociales para rastrear el origen de las mismas. Por eso se han dedicado muchos esfuerzos al estudio de personas con s\u00edndrome de Asperger, una variante del trastorno autista en la que el sujeto no tiene capacidad de comprender lo que est\u00e1 pasando por la mente de otra persona y desvelar sus intenciones o sentidos ocultos y, en consecuencia, es incapaz de detectar una iron\u00eda, de comprender el humor o de percibir la malicia. Al comparar los cerebros normales con los de estas personas, a quienes en esencia les ha sido negada la posibilidad de la empat\u00eda, los cient\u00edficos han identificado algunas diferencias que les permiten ubicar los circuitos en los que se asientan las distintas formas de inteligencia social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace pocos a\u00f1os, un neurocient\u00edfico italiano llamado Giacomo Rizzolatti descubri\u00f3 la existencia de lo que denomin\u00f3 \u201cneuronas espejo\u201d, que reproducen las acciones que vemos en los dem\u00e1s y emiten un impulso de acci\u00f3n para que las imitemos. Estas neuronas, que constituyen un claro legado de nuestra milenaria evoluci\u00f3n y que presentan disfuncionalidades en personas con s\u00edndrome de Asperger, nos permiten entender lo que sucede en la mente de los dem\u00e1s sin tener que apelar a los razonamientos conceptuales, sino mediante la simulaci\u00f3n directa del sentimiento que identifican en el otro. Y el que algunas de estas neuronas se ubiquen en el c\u00f3rtex prefrontal, cerca de aquellas que controlan el lenguaje y el movimiento, explica nuestro impulso natural a imitar las palabras y las acciones de los otros. En ese sentido, las neuronas espejo constituyen una expresi\u00f3n neurol\u00f3gica de aquel adagio seg\u00fan el cual \u201ccuando sonr\u00edes, el mundo entero sonr\u00ede contigo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como han corroborado infinidad de estudios neurol\u00f3gicos y de pruebas emp\u00edricas, las emociones son contagiosas. En la interacci\u00f3n humana se produce un continuo <em>feedback <\/em>intercerebral, en el que el <em>output <\/em>de uno es <em>input <\/em>del otro. Mientras que los circuitos neuronales de una persona movilizan de forma inconsciente su musculatura facial, haciendo que sus emociones se expresen en sus gestos, las neuronas espejo de quien lo observa garantizan que, al advertir en su rostro determinada emoci\u00f3n, pueda experimentarla en carne propia. Esto significa que no vivimos nuestras emociones de forma aislada, sino que las personas con quienes nos relacionamos las experimentan con nosotros. Y en la medida en que esta funci\u00f3n cerebral nos permite \u201csentir\u201d al otro de forma literal, constituye la base neuronal de la empat\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El afamado director de teatro Stanislavski sab\u00eda que los actores pod\u00edan experimentar las sensaciones que deb\u00edan representar si rememoraban episodios emocionales propios o ajenos. Esto ha sido constatado por los esc\u00e1neres cerebrales que han identificado que la reacci\u00f3n neuronal es casi id\u00e9ntica cuando se experimentan los sentimientos propios o los ajenos, es decir, que las conexiones sin\u00e1pticas que se activan cuando se le pregunta a una persona por las emociones de otro son las mismas que se activan cuando se le pregunta por sus propias emociones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los psic\u00f3logos, la empat\u00eda re\u00fane tres elementos: reconocer los sentimientos del otro, sentirlos uno mismo y responder de forma compasiva. Pues bien, la neurolog\u00eda tambi\u00e9n ha logrado encontrar una explicaci\u00f3n cerebral del tercer elemento, al observar que el contagio emocional no se limita a la transmisi\u00f3n del sentimiento, sino que prepara al cerebro para realizar una acci\u00f3n consecuente. As\u00ed, por ejemplo, ver a alguien asustado no s\u00f3lo transmite el miedo, sino que activa el impulso a la acci\u00f3n. Estos estudios le han dado la raz\u00f3n a Mengzi, el sabio chino que tres siglos antes de Cristo afirm\u00f3 que \u201c<em>la mente del ser humano no puede soportar el sufrimiento de sus semejantes\u201d. <\/em>Cuando vemos a otro en problemas se disparan en el cerebro circuitos similares que generan una resonancia emp\u00e1tica neuronal, la cual es el preludio de la compasi\u00f3n que nos lleva, por ejemplo, a acudir de forma autom\u00e1tica en ayuda de un ni\u00f1o que grita. En otras palabras, \u201csentir con\u201d predispone a \u201cactuar por\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diversos experimentos realizados con roedores, con macacos y con beb\u00e9s humanos han puesto de relieve que, en efecto, las tres especies compartimos un impulso autom\u00e1tico a dirigir la atenci\u00f3n hacia otro que sufre, a sentir de forma semejante y a intentar ayudarle. Adicionalmente, los estudios con seres humanos han extendido esta conclusi\u00f3n para afirmar que cuanto mayor sea la atenci\u00f3n prestada, mayor la capacidad de captar el estado interno de otro de forma clara, r\u00e1pida y sutil. Igualmente, se ha detectado que el ensimismamiento, en cualquiera de sus formas, dificulta el establecimiento de la empat\u00eda e impide, en consecuencia, el surgimiento de la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta \u00faltima conclusi\u00f3n constituye una alerta evidente frente a los costes emocionales y sociales de las nuevas formas de autismo social que se multiplican en el mundo contempor\u00e1neo, donde las personas parecen desconectarse de quienes les rodean para establecer contacto con una realidad virtual, bajo el influjo de sus iPods, sus tel\u00e9fonos m\u00f3viles y otros artefactos. Ya en 1963, cuando la televisi\u00f3n comenzaba a difundirse en todos los hogares, T. S. Elliot afirm\u00f3 que aquella \u201c<em>permite que millones de personas se r\u00edan simult\u00e1neamente del mismo chiste pero, a pesar de ello, sigan estando solos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Las dos v\u00edas del cerebro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paciente X hab\u00eda perdido las conexiones nerviosas entre sus ojos y la corteza occipital, que se encarga del procesamiento visual. Sus ojos pod\u00edan registrar las se\u00f1ales, pero su cerebro era incapaz de descifrarlas. En esencia, pues, este paciente era totalmente ciego y no pod\u00eda reconocer ninguna imagen que se le mostrara, aunque fueran simples c\u00edrculos o cuadrados. Sin embargo, cuando se le mostraron fotograf\u00edas de personas enfadadas o alegres, s\u00ed pudo reconocer las emociones expresadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La am\u00edgdala es una regi\u00f3n del cerebro estrechamente ligada con la producci\u00f3n e identificaci\u00f3n de las emociones. Es ella la que desencadena los procesos cerebrales que nos permiten reproducir en nuestro cuerpo las se\u00f1ales emocionales que percibimos, sin que seamos conscientes de ello, pues las \u00e1reas verbales y las regiones que asociamos a la raz\u00f3n y a la conciencia no se ven necesariamente involucradas en el proceso. Esto significa que aunque el paciente X no pod\u00eda \u201cver\u201d las emociones en el rostro, s\u00ed pod\u00eda llegar a sentirlas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta base neurol\u00f3gica del contagio emocional opera para cualquier sentimiento e ilustra de forma clara el funcionamiento de lo que los cient\u00edficos han llamado la \u201cv\u00eda inferior\u201d del cerebro. De acuerdo con esta teor\u00eda, el cerebro dispone de un conjunto de circuitos cerebrales muy veloces que operan autom\u00e1ticamente sin la intervenci\u00f3n de la conciencia, por los cuales circula la mayor parte de lo que hacemos, particularmente en lo referido a nuestra vida afectiva. La v\u00eda inferior procesa los sentimientos y genera impulsos a velocidad infinitesimal, sacrificando la exactitud en beneficio de la rapidez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, el cerebro cuenta con una \u201cv\u00eda superior\u201d, que es la que asociamos a la racionalidad, y que nos permite ser conscientes y controlar lo que ocurre en nuestra vida. Esta serie de circuitos operan de forma mucho m\u00e1s lenta, deliberada y sistem\u00e1tica, sacrificando velocidad en beneficio de la exactitud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la existencia independiente de estas dos v\u00edas se le atribuye el hecho de que muchas veces caigamos en un determinado estado an\u00edmico sin conocer en absoluto la causa que lo gener\u00f3. Una m\u00fasica ambiental, un tono de voz o una determinada escena pueden moldear nuestras emociones sin que tengamos conciencia alguna de ello. En un curioso experimento realizado en la Universidad de Wurzburgo, numerosos grupos de personas escucharon el mismo fragmento le\u00eddo de un texto de Hume, con una variante casi imperceptible: para la mitad de los grupos, la lectura proven\u00eda de una voz con un dejo de tristeza, mientras que la otra mitad escuch\u00f3 una voz que le\u00eda animada por una sutil alegr\u00eda. A la salida, los dos grupos fueron analizados y, en efecto, sus estados an\u00edmicos se orientaban hacia la tristeza o hacia la alegr\u00eda seg\u00fan el tono en que se les hab\u00eda le\u00eddo el texto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los mecanismos imperceptibles de la v\u00eda inferior podemos atribuirles el hecho de que la mera contemplaci\u00f3n de un rostro feliz provoque en nosotros esa misma sensaci\u00f3n, pues sin siquiera notarlo tendemos a imitar el rostro observado y la propia realizaci\u00f3n del gesto tiene la capacidad de suscitar en nosotros el sentimiento exhibido. De hecho, cuanto m\u00e1s exacta es la imitaci\u00f3n de la persona observada, m\u00e1s exacta es tambi\u00e9n la sensaci\u00f3n de lo que esa persona est\u00e1 sintiendo; algo que comprendi\u00f3 intuitivamente Edgar Allan Poe al afirmar lo siguiente: \u201c<em>Cuando quiero saber lo bondadosa o malvada que es una persona, o qu\u00e9 es lo que est\u00e1 pensando, reproduzco en mi rostro, lo m\u00e1s exactamente que puedo, su expresi\u00f3n, y luego aguardo hasta ver cu\u00e1les son los pensamientos o sentimientos que aparecen en mi mente o en mi coraz\u00f3n que equivalen o se corresponden con esa expresi\u00f3n<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paul Ekman, psic\u00f3logo estadounidense que ha estudiado a fondo las emociones, es un experto en la detecci\u00f3n de la mentira. Con un estoicismo cient\u00edfico que le permit\u00eda llegar a propiciarse ligeras descargas el\u00e9ctricas para ubicar los m\u00fasculos m\u00e1s esquivos, Ekman pas\u00f3 un a\u00f1o aprendiendo a controlar voluntariamente cada uno de los aproximadamente doscientos m\u00fasculos del rostro. Tras esto, dibuj\u00f3 un detallado mapa de los diferentes sistemas musculares que intervienen en los gestos para exhibir cada emoci\u00f3n, con sus m\u00faltiples matices y variantes. Gracias a ello, al discernir las sutilezas faciales con que se manifiestan las emociones, cuenta con una poderosa herramienta para identificar la emoci\u00f3n real que subyace bajo la m\u00e1scara con la que una persona pretende ocultar sus sentimientos. De acuerdo con Ekman, las palabras pueden mentir, pero los rostros no, porque la decisi\u00f3n de mentir est\u00e1 controlada por la v\u00eda superior, mientras que los m\u00fasculos faciales son coordinados por la v\u00eda inferior. Por eso, el rostro del mentiroso contradice sus palabras; cuando la v\u00eda superior encubre, la inferior revela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su naturaleza impulsiva y su extremada rapidez, la v\u00eda inferior puede conducir a comportamientos incorrectos y, de hecho, suele encontrarse en el origen de muchos conflictos, desde las simples desavenencias sociales hasta los delitos m\u00e1s ominosos. La v\u00eda superior permite el equilibrio, pues controla y frena los impulsos de la inferior y nos protege as\u00ed de los problemas que \u00e9sta puede causar. Como la corteza orbitofrontal modula el funcionamiento de la am\u00edgdala, fuente de los impulsos pasionales, quienes tienen inhibidos estos circuitos neuronales carecen de autocontrol y est\u00e1n a merced de sus arrebatos emocionales. Esto explica que algunas personas no puedan dejar de imitar a los otros o de cometer todo tipo de errores sociales sin llegar a percatarse de ello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al contrarrestar los impulsos emocionales y ofrecer mayores y m\u00e1s sutiles elementos para la acci\u00f3n, la v\u00eda superior ampl\u00eda y flexibiliza el repertorio establecido y fijo de respuestas de la v\u00eda inferior. As\u00ed, su correcta intervenci\u00f3n permite adecuar, modular y optimizar las respuestas emocionales. La inteligencia social agrupa, pues, algunas competencias b\u00e1sicas de la v\u00eda inferior, como aquellas que est\u00e1n asociadas a la empat\u00eda, junto con las habilidades m\u00e1s complejas de la v\u00eda superior como es el control de los arrebatos emocionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jonathan Cohen es pionero en una ciencia que estudia el transfondo neuronal de los procesos racionales e irracionales de la toma de decisiones, conocida como la neuroeconom\u00eda. Ha realizado esc\u00e1neres cerebrales de personas que realizan un juego simulado de negociaci\u00f3n y, al analizar lo que ocurre en sus cerebros, ha encontrado que cuanto m\u00e1s intensa es la reactividad de la v\u00eda inferior, menos racionales son las respuestas del jugador desde la perspectiva econ\u00f3mica. Por el contrario, cuanto m\u00e1s activa permanece la regi\u00f3n prefrontal (centro operativo de la v\u00eda superior), m\u00e1s equilibradas son las respuestas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El rapport: una forma de sinton\u00eda social<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras un paciente habla tendido en un div\u00e1n de cuero y su psicoanalista lo escucha desde una butaca, los dedos de cada uno est\u00e1n conectados a unos peque\u00f1os cables que registran los sutiles cambios en las respuestas de sudoraci\u00f3n a lo largo de la sesi\u00f3n: as\u00ed evalu\u00f3 Carl Marci las interacciones entre varios terapeutas de Boston y sus pacientes, obteniendo en cada caso un v\u00eddeo de la sesi\u00f3n junto con un registro de dos l\u00edneas que oscilaban al ritmo en que emerg\u00edan y desaparec\u00edan las emociones en cada uno de los intervinientes. Cuando la sesi\u00f3n flu\u00eda, las l\u00edneas describ\u00edan un movimiento arm\u00f3nico, una suerte de danza coordinada que reflejaba la sinton\u00eda fisiol\u00f3gica entre las dos personas. Cuando la desconexi\u00f3n era evidente, y hab\u00eda continuas interrupciones, refutaciones o cr\u00edticas entre los dos, las l\u00edneas semejaban el vuelo nervioso de dos aves con rumbos desiguales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Detr\u00e1s de este ejercicio se esconde un avance maravilloso de la neurociencia: la capacidad de preguntarse por el funcionamiento simult\u00e1neo de dos cerebros y poner de relieve la danza neuronal en la que se hallan inmersos. Marci ha podido as\u00ed trazar lo que ha llamado el \u201clogaritmo de la empat\u00eda\u201d, bas\u00e1ndose en las respuestas de sudoraci\u00f3n de dos personas durante una interacci\u00f3n para determinar la intensidad del <em>rapport<\/em> existente entre ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ejemplo paradigm\u00e1tico de relaci\u00f3n de <em>rapport<\/em> suele darse en la relaci\u00f3n entre la madre y su beb\u00e9 y se manifiesta en el \u201cmatern\u00e9s\u201d: ese correlato adulto del habla infantil, compuesto de frases cortas y balbuceos, mediante el cual la madre entra en sinton\u00eda con el ni\u00f1o adoptando un tono amable, juguet\u00f3n y con un ritmo regular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Robert Rosenthal, psic\u00f3logo de origen alem\u00e1n, ha definido tres elementos esenciales que determinan una relaci\u00f3n de <em>rapport<\/em>:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><strong>Atenci\u00f3n compartida<\/strong>, que se manifiesta en detalles como la postura f\u00edsica o la mirada a los ojos. Si no se presta una atenci\u00f3n completa al otro, la conexi\u00f3n es parcial y se pierden detalles cruciales de tipo emocional.<\/li>\n<li><strong>Sensaci\u00f3n positiva<\/strong>, para entrar en sinton\u00eda con el otro: los mensajes no verbales priman sobre aquello que se dice, porque el v\u00ednculo emocional t\u00e1cito, que transita por la v\u00eda inferior, es m\u00e1s directo e \u00edntimo.<\/li>\n<li><strong>Coordinaci\u00f3n o sincron\u00eda<\/strong>, que se hace evidente cuando las respuestas espont\u00e1neas de las partes est\u00e1n tan bien coordinadas como si estuvieran ejecutando una danza previamente planificada.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diferentes investigaciones realizadas en este campo han logrado determinar que cuando dos amigos hablan, sus ritmos respiratorios tienden a equilibrarse, de manera que ambos comienzan a inhalar al mismo tiempo, o bien uno inhala cuando el otro exhala. La expresi\u00f3n est\u00e9tica de esta sincron\u00eda a nivel colectivo se ve claramente expresada en ejercicios como las coreograf\u00edas o como la ola en un estadio, en la que muchas personas coordinan sus movimientos. La atracci\u00f3n natural hacia esta sincron\u00eda parece estar dada por la naturaleza, como demuestran infinidad de procesos naturales en los que la oscilaci\u00f3n de dos o m\u00e1s ritmos tiende a acoplarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las relaciones humanas, cuanto mayor es la sincron\u00eda, m\u00e1s positivamente se siente y se recuerda el encuentro. En este sentido, si bien algunos consultores recomiendan a las personas imitar a sus interlocutores para establecer un buen <em>rapport<\/em>, otros estudios m\u00e1s profundos sugieren que esta sincron\u00eda tiene que ser espont\u00e1nea, pues en los casos en que un experimentador imitaba de forma deliberada a un entrevistado, rara vez emerg\u00eda la sincron\u00eda. La imitaci\u00f3n fingida, por tanto, no favorece el <em>rapport<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Educando la naturaleza<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basta con observar a un grupo de ni\u00f1os para notar al instante que la conducta individual de cada uno es diferente y que mientras algunos se muestran reservados y poco comunicativos, otros parecen exploradores innatos y no tienen ning\u00fan problema en enfrentarse a un grupo de desconocidos. Con los hallazgos de la ciencia contempor\u00e1nea, este tipo de diferencias se ha atribuido a las estructuras gen\u00e9ticas con que cada sujeto viene equipado, arguyendo que las secuencias de ADN, que son inmodificables, determinan nuestros h\u00e1bitos y nuestras conductas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, las cosas no parecen ser tan simples. El genetista John Crabbe realiz\u00f3 una serie de experimentos con una cierta cepa de ratones, someti\u00e9ndolos a unos entornos id\u00e9nticos, para comprobar si, ante una misma situaci\u00f3n, sus reacciones ven\u00edan escritas en su estructura gen\u00e9tica y eran, por lo tanto, iguales. Crabbe encontr\u00f3 que no era as\u00ed. El comportamiento de los ratones no era predecible porque, a su juicio, lo que importa no es tanto la estructura gen\u00e9tica como la forma en que \u00e9sta se expresa. Y la expresi\u00f3n de las secuencias de ADN se va modificando en funci\u00f3n de las experiencias vividas. Es decir, el ni\u00f1o t\u00edmido y asustadizo puede llegar a modificar su comportamiento si se enfrenta a est\u00edmulos adecuados que lo muevan a ello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El entorno en el que nos desenvolvemos tiene la capacidad de programar nuestros genes y determinar su grado de activaci\u00f3n, generando un proceso continuo de desarrollo y complejidad de la estructura gen\u00e9tica que recibe el nombre de epig\u00e9nesis. As\u00ed como el \u00e1rea de un rect\u00e1ngulo est\u00e1 dada por su altura y por su anchura, el car\u00e1cter de un individuo depende de su estructura gen\u00e9tica y de su epig\u00e9nesis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas conclusiones adquieren una relevancia capital en lo que tiene que ver con la formaci\u00f3n de las personas. Si el cerebro se est\u00e1 modificando en funci\u00f3n de las experiencias que el sujeto afronta, el impacto de las relaciones parentales o de cualquier relaci\u00f3n educativa es innegable, sobre todo en los dos primeros a\u00f1os de vida, en los que se da el 60 % del crecimiento del cerebro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los experimentos de Michael Meaney, de la Universidad de McGill en Montreal, con conejillos de Indias han logrado encontrar una \u201cventana temporal\u201d que se cierra dos horas despu\u00e9s del nacimiento, en la cual se dan unos procesos qu\u00edmicos cruciales para la configuraci\u00f3n del cerebro que determinar\u00e1n la pauta qu\u00edmica de sus neuronas para el resto de sus d\u00edas. Pero a\u00fan m\u00e1s asombrosa es la relaci\u00f3n que han logrado establecer estos estudios entre el tiempo que la madre dedica a lamer a cada cachorro durante estas dos horas y el posterior desarrollo cerebral de ese rat\u00f3n. Cuanto m\u00e1s estimulante sea la madre, m\u00e1s confiada, valiente e ingeniosa ser\u00e1 su cr\u00eda. Por el contrario, si la madre ha sido poco estimulante en sus lamidos iniciales, la cr\u00eda presentar\u00e1 dificultades de aprendizaje, mostrar\u00e1 menor control frente a las amenazas y puntuar\u00e1 m\u00e1s bajo en pruebas de habilidad como la de encontrar la salida de un laberinto (algo semejante al cociente intelectual de los ratones).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien los estudios con seres humanos no son tan elocuentes, la analog\u00eda no deja de plantearse. Nuestra ventana temporal parece hallarse principalmente en el c\u00f3rtex prefrontal, que se encuentra en maduraci\u00f3n hasta el comienzo de la edad adulta, y el equivalente a los lamidos de la madre parece estar dado por la empat\u00eda, la sinton\u00eda y el contacto con la madre y las personas m\u00e1s cercanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Milton Erickson, pionero en modificar las t\u00e9cnicas de hipnosis aplicadas a la psicoterapia, contaba que durante su infancia en Nevada siempre intentaba llegar el primero a la escuela en la \u00e9poca de invierno, pues as\u00ed iba abriendo con sus botas un sendero -al que deliberadamente daba una forma sinuosa- y luego contemplaba c\u00f3mo el siguiente ni\u00f1o invariablemente tomaba la ruta por \u00e9l hab\u00eda abierta, al igual que hac\u00edan los siguientes en una especie de instinto por seguir el camino de menor resistencia. Al salir del colegio, la ruta caprichosa que \u00e9l hab\u00eda dibujado por la ma\u00f1ana, formada por curvas y giros absurdos, era una v\u00eda establecida: la que irremediablemente tomaba todo el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta met\u00e1fora de Erickson para mostrar la forma en que nacen los h\u00e1bitos ejemplifica con gran claridad el modo en que se establecen los senderos neuronales en el cerebro. Las primeras conexiones que se realizan entre circuitos neuronales, suscitadas por los est\u00edmulos y retos que se le presentan al cerebro, van fortaleci\u00e9ndose hasta convertirse en rutas autom\u00e1ticas que ser\u00e1n pautas de procesamiento cerebral. Ante est\u00edmulos semejantes, el cerebro ya tendr\u00e1 definidas las v\u00edas de procesamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta conclusi\u00f3n se vio confirmada por un experimento realizado con monos tit\u00eds, en el que algunas de las cr\u00edas fueron sometidas a situaciones que les generaban temor: cuando s\u00f3lo contaban diecisiete semanas, se les separaba espor\u00e1dicamente de sus madres para llevarlos a una jaula en la que se encontrar\u00edan rodeados de monos desconocidos. M\u00e1s adelante, cuando los monos ya se hab\u00edan destetado, se les llevaba de nuevo a una jaula llena de extra\u00f1os, pero esta vez acompa\u00f1ados de su madre. As\u00ed se vio que los peque\u00f1os tit\u00eds que hab\u00edan sido sometidos previamente a situaciones de estr\u00e9s se mostraban mucho m\u00e1s curiosos y valientes en el nuevo entorno que aquellos que hab\u00edan permanecido todo el tiempo en el c\u00e1lido regazo de sus madres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el proceso de epig\u00e9nesis, la experiencia cotidiana va esculpiendo los senderos neuronales, y de esta manera la v\u00eda superior puede conquistar a la inferior, haciendo que un individuo supere sus orientaciones gen\u00e9ticas, como aquellas que le impiden relacionarse con otros o que lo hacen extremadamente irascible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jerome Kagan, uno de los psic\u00f3logos evolutivos m\u00e1s acreditados de la actualidad, ha estudiado durante d\u00e9cadas las pautas de comportamiento de algunos beb\u00e9s, a quienes ha seguido durante su evoluci\u00f3n para analizar la continuidad de sus temperamentos. De acuerdo con sus estudios, cuando los padres de ni\u00f1os que muestran una predisposici\u00f3n gen\u00e9tica hacia la timidez los alientan a relacionarse con otros a los que normalmente evitar\u00edan, estos ni\u00f1os generalmente superan su timidez. Para que la v\u00eda superior conquiste los impulsos de la v\u00eda inferior se requiere esfuerzo y ayuda, pero con los est\u00edmulos adecuados, provenientes de los padres, de los maestros, de los psic\u00f3logos o incluso de los jefes, una persona puede revertir sus tendencias naturales y lograr metas que considerar\u00eda imposibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El estr\u00e9s es social<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La influencia biol\u00f3gica de las relaciones sociales y sus efectos sobre la salud de las personas est\u00e1n empezando a ser desvelados por la ciencia m\u00e9dica. Diferentes estudios han logrado identificar el efecto de las interacciones sociales sobre el organismo humano y la forma en que una relaci\u00f3n conflictiva puede, por ejemplo, alterar la presi\u00f3n sangu\u00ednea o la secreci\u00f3n de ciertas hormonas, haciendo que las personas enfermen o se vuelvan mucho m\u00e1s vulnerables a las enfermedades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estr\u00e9s es uno de los estados emocionales con mayores efectos biol\u00f3gicos sobre las personas. Esto se debe, seg\u00fan los hallazgos de la ciencia, a que en situaciones de estr\u00e9s la gl\u00e1ndula adrenal libera cortisol, una hormona necesaria para enfrentar las emergencias porque facilita la reacci\u00f3n del organismo ante situaciones de riesgo. Sin embargo, cuando esta hormona permanece demasiado tiempo en la sangre, sus efectos sobre el funcionamiento del cerebro son bastante negativos. Por una parte, genera disfunciones en el hipocampo, la regi\u00f3n que coordina las tareas del aprendizaje, y por lo tanto se producen temores infundados y exagerados ante cuestiones menores. Por otra, el cortisol hace que la am\u00edgdala se torne hiperreactiva, al tiempo que impide a la regi\u00f3n prefrontal modular sus respuestas para inhibir aquellos impulsos. El resultado general de este desequilibrio qu\u00edmico es una actitud temerosa y la incapacidad para controlar el p\u00e1nico frente a situaciones que no constituyen una verdadera amenaza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta misma l\u00ednea, algunas investigaciones han sugerido una posible relaci\u00f3n causal entre la hipertensi\u00f3n y el trato recibido por parte de los superiores. En cierto experimento en el que se estudi\u00f3 la presi\u00f3n sangu\u00ednea de los trabajadores, se observ\u00f3 que quienes se hallaban bajo la supervisi\u00f3n de un jefe al que tem\u00edan mostraban tasas mucho m\u00e1s elevadas en este indicador. Por otra parte, una investigaci\u00f3n realizada en Suecia confirm\u00f3 que las personas que ocupan los escalafones inferiores en las organizaciones tienen una tendencia cuatro veces mayor a sufrir enfermedades cardiovasculares que aquellos otros que tienen menos jefes que soportar. Como se ha demostrado, el solo hecho de mantener una conversaci\u00f3n con un superior jer\u00e1rquico, independientemente del tipo de relaci\u00f3n existente entre las dos personas, provoca un aumento de la presi\u00f3n sangu\u00ednea del subordinado significativamente superior al que se da cuando el interlocutor es un compa\u00f1ero de trabajo. Ahora bien, cuando la interacci\u00f3n es con una persona problem\u00e1tica, el aumento en la presi\u00f3n es mucho m\u00e1s alto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo con un metan\u00e1lisis de doscientos ocho estudios que inclu\u00edan a m\u00e1s de seis mil personas, la peor forma de estr\u00e9s es la que se produce cuando una persona recibe las cr\u00edticas ajenas y se siente impotente ante ellas. Los efectos sobre el organismo de una situaci\u00f3n de esta naturaleza han sido evidenciados por un estudio en el que se midieron las tasas de cortisol de personas que hab\u00edan sido convocadas para una entrevista laboral: en el transcurso de la misma, el entrevistador, aliado con los investigadores, se mostraba fr\u00edo e indiferente con ellos y llegaba, incluso, a criticarlos abiertamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que las amenazas y los retos tengan un car\u00e1cter p\u00fablico, en el sentido de ser generados u observados por otras personas, hace que el estr\u00e9s experimentado sea mucho mayor. Por esto, en algunos ejercicios en los que se somet\u00eda a los voluntarios a complicados ejercicios matem\u00e1ticos, los incrementos en la tasa de cortisol no eran tan elevados como en el caso de la entrevista. Por esta misma raz\u00f3n, el cerebro reacciona de forma mucho m\u00e1s intensa ante los eventos de agresi\u00f3n o maltrato protagonizados por un tercero que ante los accidentes y calamidades de origen natural. As\u00ed pues, cuando los da\u00f1os pueden atribuirse a la maldad de otra persona, el trastorno emocional permanente suele ser mucho m\u00e1s intenso y tener una mayor duraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con nuestra forma de relacionarnos con los otros no s\u00f3lo podemos favorecer o perjudicar nuestro estado emocional, sino tambi\u00e9n producir consecuencias de \u00edndole biol\u00f3gica, pues la hostilidad del uno aumenta s\u00fabitamente la presi\u00f3n sangu\u00ednea del otro, mientras que el afecto la disminuye. Otros estudios cient\u00edficos orientados por esta premisa han descubierto que las relaciones estresantes aumentan la posibilidad de resfriarse y que la progresiva complejidad del entorno social de una persona favorece su aprendizaje, al aumentar el ritmo de creaci\u00f3n de nuevas neuronas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la luz de todos estos hallazgos, surge un cuestionamiento esencial sobre la eficacia del sistema de salud p\u00fablica que rige en la mayor\u00eda de pa\u00edses occidentales, donde a los enfermos se les interna en unos hospitales fr\u00edos e impersonales: parece como si se diera por hecho que la mejor forma para combatir el sufrimiento f\u00edsico consiste en aparejarles un sufrimiento emocional. Quiz\u00e1s sea hora de detenerse a analizar lo que sucede en un pa\u00eds como India, y en lugar de escandalizarse por el hecho de que en los hospitales no dan la comida a los pacientes, observar que estos \u00faltimos siempre llegan acompa\u00f1ados de sus familiares, que no s\u00f3lo se encargan de cocinarles all\u00ed mismo, sino que duermen con ellos y les proporcionan un cuidado continuo y cari\u00f1oso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Zona de rendimiento \u00f3ptimo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que el agotamiento no permite pensar con claridad, que la tristeza limita los pensamientos y que la eficacia cognitiva disminuye con la ansiedad; todo esto se debe al hecho de que la excitaci\u00f3n emocional impide el funcionamiento adecuado de los centros ejecutivos del cerebro. La ansiedad y la ira, por un lado, y la tristeza por el otro, nos alejan de la zona de rendimiento \u00f3ptimo del cerebro. Por el contrario, cuando las emociones son silenciosas o sus arrebatos se han sabido controlar, las redes neuronales pueden entrar en un \u201cestado de m\u00e1xima armon\u00eda\u201d en el que la mente desarrolla su mayor eficacia, rapidez y poder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed la importancia de un buen clima emocional en el entorno laboral, pues los efectos de las perturbaciones ambientales en la productividad de los trabajadores son evidentes. Aunque una dosis moderada de angustia suele ser esencial para despertar la motivaci\u00f3n, ya que con esta se generan cortisol y norepinefrina que impiden el aburrimiento, despu\u00e9s de cierto punto la angustia va propiciando una secreci\u00f3n descontrolada de estas mismas sustancias, que interfieren en el desempe\u00f1o de las funciones cognitivas del cerebro. Existe por tanto una relaci\u00f3n entre el nivel de estr\u00e9s y el rendimiento mental que forma una U invertida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El reto de profesores y de jefes es que las personas a su cargo alcancen y se mantengan en la zona m\u00e1s alta de la U invertida, en la que el nivel de estr\u00e9s no es tan alto como para generar una ansiedad paralizante, pero tampoco tan bajo como para suscitar el aburrimiento. En el \u00e1mbito laboral, esto exige la presencia de l\u00edderes socialmente inteligentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La clave de un liderazgo de esta naturaleza consiste en permanecer presente y conectado con las dem\u00e1s personas. Una encuesta realizada entre dos millones de empleados de setecientas empresas puso de relieve que la mayor\u00eda de ellos daban m\u00e1s importancia a tener un jefe bondadoso que a recibir un salario elevado. Siendo tan contagiosas las emociones y tan alto el influjo de los jefes sobre sus colaboradores, la actitud de los directivos es determinante a la hora de lograr que una empresa funcione o no.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En gran medida, los jefes desempe\u00f1an una tarea af\u00edn a la de los padres de familia y les corresponde alentar la seguridad de los suyos. Una serie de estudios realizados en numerosos pa\u00edses de todas las latitudes para determinar los atributos que la gente considera propios de un buen jefe han encontrado que los rasgos m\u00e1s recurrentes, como la empat\u00eda, la valent\u00eda, la escucha y la responsabilidad se corresponden perfectamente con lo que la gente espera de un buen padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El impacto de las relaciones sociales que usted establece diariamente es mucho mayor de lo que posiblemente imagina. Gracias a los avances de la neurociencia, se ha podido comenzar a rastrear la forma en que sus interacciones sociales tienen una repercusi\u00f3n directa en su vida, y as\u00ed como pueden conducir sus estados de \u00e1nimo sin que usted se percate de ello, asimismo han ido labrando, con el paso de los a\u00f1os, su configuraci\u00f3n neuronal, su temperamento, sus habilidades y hasta su estado de salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede sonar extra\u00f1o que sea as\u00ed, pero resulta absurdo ignorar la importancia de las relaciones sociales si tenemos en cuenta que nuestra posibilidad de sobrevivir como especie ha dependido directamente de nuestra habilidad para comunicarnos con los otros y lograr una coordinaci\u00f3n grupal, en cuya ausencia hubi\u00e9semos sido devorados hace millones de a\u00f1os por otras especies m\u00e1s \u00e1giles o m\u00e1s voraces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como legado de esta evoluci\u00f3n, cada uno de nosotros viene equipado con un \u201ccerebro social\u201d, que no es un l\u00f3bulo o una regi\u00f3n espec\u00edfica, sino un conjunto de circuitos presentes en todo el cerebro que se encargan de orquestar nuestras interacciones sociales. En t\u00e9rminos generales, nuestro cerebro opera en dos v\u00edas complementarias, que evocan lo que solemos asociar con la racionalidad y con la emocionalidad. La primera de ellas es la v\u00eda superior, cuyo centro operativo se encuentra en la regi\u00f3n prefrontal y nos permite tomar decisiones conscientes y calculadas. La segunda, en cambio, conocida como la v\u00eda inferior, est\u00e1 relacionada con el sistema l\u00edmbico del cerebro y tiene su epicentro en la am\u00edgdala. Esta v\u00eda genera reacciones instintivas ante los est\u00edmulos externos y nos permite tomar decisiones inmediatas e inconscientes frente a las situaciones que vivimos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como podemos cultivar nuestra inteligencia para resolver complejas ecuaciones matem\u00e1ticas, tambi\u00e9n podemos adiestrar nuestra inteligencia social, que transita por las dos v\u00edas descritas, para ser conscientes del influjo que las relaciones sociales ejercen en nosotros y del impacto que igualmente podemos causar en las emociones ajenas. Este tipo de inteligencia nos permitir\u00e1 canalizar positivamente estos est\u00edmulos y conectar con los dem\u00e1s de forma arm\u00f3nica y saludable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Fuente:<\/span> Leader Summaries<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras el arrasador \u00e9xito de sus estudios y publicaciones sobre la inteligencia emocional, Daniel Goleman ha optado por dar un giro en el enfoque de su investigaci\u00f3n, abandonando por un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2467,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[576,575],"class_list":["post-2466","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-docencia","tag-daniel-goleman","tag-inteligencia-social"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/lider-social.jpg?fit=4800%2C3600","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4aovR-DM","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2466","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2466"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2466\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2468,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2466\/revisions\/2468"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2467"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2466"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2466"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/informatizarte.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2466"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}