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	<title>padres &#8211; Informatizarte</title>
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	<description>Informática, Tecnología, Docencia, Viajes, Salud y Seguridad</description>
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		<title>¿Qué siente el niño cuando sus padres se separan?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Informatizarte]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Oct 2011 01:32:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Docencia]]></category>
		<category><![CDATA[padres]]></category>
		<category><![CDATA[separación]]></category>
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					<description><![CDATA[Obviamente, los padres, como personas adultas y responsables (se supone que lo son) tienen todo el derecho a separarse cuando surja tal necesidad, pero si cabe, más derecho tiene el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Obviamente, los padres, como personas adultas y responsables (se supone que lo son) tienen todo el derecho a separarse cuando surja tal necesidad, pero si cabe, más derecho tiene el hijo a tener a sus padres.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí está el meollo del asunto: una cosa es separarse como pareja (nivel conyugal: relación de pareja) y otra, muy distinta, es separarse como padres (nivel parental: ejercicio de padres). Lo que pasa, muy a menudo, es que ambos niveles, conyugal y parental, aunque están en planos distintos en el contexto de la relación familiar, en la práctica se confunden entre ellos y se imbrican el uno al otro. Y durante la vorágine de la etapa de separación (en especial si es muy conflictiva), el ejercicio de la parentalidad decae, aunque sea temporalmente, porque predominan los problemas personales entre los cónyuges.</p>
<p style="text-align: justify;">Los padres no tendrían que perder nunca de vista la sentencia que preconizan dos autores franceses, Gérard Poussin y Anne Lamy, en su libro Custodia compartida: “El fracaso de la pareja conyugal no tiene por qué obstaculizar el triunfo de la pareja parental”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pasemos a ver que experimenta el hijo cuando sus padres se separan.<br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuáles pueden ser los sentimientos de tu hijo en el proceso de separación?</p>
<ul>
<li>Sensación de vulnerabilidad. Se rompe en mil pedazos el armazón de seguridad que el niño se había ido forjando en el día a día, percibiendo las muestras cotidianas -pequeñas o grandes, no importa- de que sus progenitores, sus cuidadores habituales, están pendientes de él y de su protección. Se rompe la continuidad de la familia como institución protectora. Todo se vuelve menos fiable y menos predecible (“¿cuándo volveré a casa de los abuelos?”, “¿qué haremos por Navidad?”, “¿en dónde pasaré el verano?”). Aparecen los miedos intensos y la ansiedad continua.</li>
<li>Temor intenso a ser abandonados por sus progenitores. La mayoría de los niños están preocupados porque creen que sus necesidades no serán atendidas. Temen que, como la relación de pareja de sus padres se ha disuelto, suceda lo mismo con la relación padre e hijo: “Si papá se ha ido, ¿quién me asegura que ahora no se irá mamá? Si tú no quieres a papá, ¿cómo puedo estar seguro de lo que pasará más adelante? Quizás yo seré el próximo en no ser querido”.</li>
<li>Un tercio de los hijos teme que su madre también les abandone. Pero, al progenitor que más temen perder es el que se ha ido de casa. Temen que pierda el amor que antes sentía por ellos. Este sentimiento explica ciertos comportamientos de los niños, en especial si son pequeños, como reticentes miedos nocturnos, ansiedad de separación de los padres, crisis de pánico, fobia escolar, etc.</li>
<li>Sentimiento de tristeza y lástima. La reacción depresiva, en mayor o menor grado, casi siempre está presente. El psiquiatra neoyorquino Luis Rojas Marcos, expone en su pionero libro de referencia La pareja rota que, “con excepción de la muerte de la pareja amada, la separación y el divorcio son para la mayoría de las personas las experiencias más traumáticas y penosas de su vida”. Y estos amargos sentimientos están presentes tanto en los adultos como en los niños.</li>
<li>Fantasías de reconciliación de los padres, en la que todo volvería a ser como antes. Estas fantasías perduran bastante tiempo en la mente del niño (y hasta del joven adulto). Recuerdo una niña de diez años que me afirmaba con total convencimiento: “Cuando sean viejecitos volverán a estar juntos” (y sus padres ya habían constituido nuevas parejas y tenían descendencia con ellas).</li>
<li>Sentimientos de culpa. El niño cree que su vida “pesa” sobre sus dos progenitores como si fueran complicadas cargas y responsabilidades. Los niños oyen quejarse a los padres con comentarios desafortunados que se les escapan -que en sí son intrascendentes, pero que en un clima familiar tenso cobran otro significado-, del tipo:”¡Este niño está acabando conmigo!” o “¡Ya no lo aguanto más!”. Una tercera parte de los niños que asumen esta responsabilidad culpabilizadora suelen tener menos de ocho años.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Podría seguir citando otros sentimientos que emergen en los hijos de padres separados, pero alargaría demasiado este apartado. Un único consejo para mitigar estas experiencias infantiles: que el niño sepa que, por encima de las desavenencias entre los padres, a él se le sigue queriendo igual.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cómo contárselo</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Aunque siempre es difícil sacar provecho de las malas noticias, los progenitores deben esforzarse en comunicar a sus hijos, de la manera más desapasionada posible, su decisión irrevocable de separarse. Brindo a continuación una explicación de la separación que acostumbra a funcionar bien cuando los niños son pequeños.</p>
<p style="text-align: justify;">Ambos padres, juntos y nunca por separado, le dicen a su hijo: “Mira, cariño, los papás a partir de ahora ya no vivirán juntos. Es la mejor manera de que papá y mamá sigan siendo amigos y no los veas discutir ni pelear. Y así nosotros te podremos seguir queriendo como siempre”.</p>
<p style="text-align: justify;">”No somos bichos raros” Los padres pueden empezar haciendo referencia a la cantidad de parejas que se separan, y señalar concretamente a familiares y amigos conocidos de los hijos. Asimismo, es muy importante que el niño entienda que no es un bicho raro si esto ocurre en su familia. Sus padres no son unos monstruos, sino personas normales y corrientes, e incluso encantadoras, que en su día vivieron muy enamorados, y de este amor nació él, el querido hijo. Pero, ahora sus padres han dejado de amarse, y así como es difícil vivir separado de alguien a quien se quiere, también es muy complicado hacerlo con quien no se congenia.</p>
<p style="text-align: justify;">”Seguimos siendo tus padres” Hay que hacerle entender al hijo que sus padres no han dejado de quererlo por el hecho de haberse separado. Que tampoco piense que es por culpa suya la separación de sus padres. Y que no eche la culpa a uno solo de sus padres, porque cuando dos personas se separan siempre es asunto de dos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cómo resaltarle los aspectos positivos<br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No vayáis a creer que en este apartado enumeraré las “virtudes” que conlleva la separación matrimonial. Dejemos las cosas claras: la separación implica un fracaso en la relación de pareja. Otra cosa bien distinta es que luego las cosas resulten beneficiosas para uno, varios o todos los miembros de la familia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dile a tu hijo que:<br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Con el tiempo, descubrirá que vivir con un padre o una madre feliz es mejor que vivir con dos padres desgraciados.</p>
<p style="text-align: justify;">Intimará por separado con cada uno de sus progenitores. Ahora vivirá con cada uno de ellos, en dos casas distintas, y tendrá la oportunidad de disfrutar de dos estilos de vida, dos maneras distintas de vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Podrá beneficiarse de las distintas aficiones de sus padres y participar de ellas (ir al fútbol, acampar en la montaña, jugar juntos los videojuegos, coleccionar sellos, ir de excursión en bici, etc.), que quizá no pudieron manifestar sus padres durante el tiempo que estuvieron juntos, porque ambos no compartían los mismos gustos.</p>
<p style="text-align: justify;">Será de gran ayuda para sus padres. Y no sólo por la compañía y el apoyo moral que les da en sus momentos de desánimo o tristeza, sino porque a partir de ahora cada uno de ellos tendrá que hacer solo las tareas que antes solían repartirse en casa. Cuentan con él para reconstruir el hogar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Decálogo para padres separados<br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Extraídos del libro My Parents Still Love Me Even Though They’re Getting Divorced, de Lois Nightingale.</p>
<ul>
<li>Sinceridad. No dejes que tu hijo crea que “papá está de viaje por trabajo” o “todo va a ir bien”. Nuestros hijos son muy perspicaces. Saben si un padre está tratando de ocultar algo, aunque el propósito sea para protegerles. Los hijos necesitan respuestas sencillas que puedan entender fácilmente, sin tener que echar la culpa a nadie.</li>
<li>No es su culpa. Deja que tus hijos sepan que no es por su culpa. Todos los hijos piensan que pueden ser responsables de la ruptura de sus padres. Durante los dos primeros años los niños necesitarán que les recordemos, de forma cariñosa, que el divorcio es una decisión tomada por sus padres en la que ni ellos ni su comportamiento tienen nada que ver.</li>
<li>Escuchar. Los niños tienen muchas preguntas, sentimientos, suposiciones y preocupaciones sobre el divorcio. Muchos padres encuentran difícil algo tan simple como sentarse y escuchar en silencio lo que sus hijos dicen, sin interrumpirles con nuestras ideas preconcebidas. Necesitan sentirse tranquilos y relajados sabiéndose escuchados de forma atenta y paciente.</li>
<li>Sentimientos. Déjales saber que es bueno que expresen sus sentimientos, cualesquiera que sean. Muchos niños ocultan sus sentimientos de tristeza, ira o dolor porque tienen miedo de que eso moleste a sus padres. Necesitan saber que todos sus sentimientos son aceptables.</li>
<li>Volver. Tus hijos deben saber que es normal que quieran que sus padres vuelvan a estar juntos. Puedes explicar a tus hijos que, una vez divorciados, es improbable que los padres vuelvan a vivir juntos de nuevo, pero que su deseo de reconciliación es lo más normal del mundo. No deben sentirse avergonzados de sentir ese deseo, por otra parte, tan lógico.</li>
<li>Seguridad. Transmite a tus hijos toda la seguridad de que seas capaz. A muchos niños les preocupa que, a causa del divorcio de sus padres, tengan problemas de comida, ropa o incluso alojamiento. Los niños que viven solo con su madre pueden necesitar saber que ella tiene un plan para protegerlos en caso de incendio, “ladrones o fantasmas”.</li>
<li>Amigos. Habla con tus hijos acerca de amigos suyos con padres separados o divorciados. Esta es una buena manera de conocer los temores de tu hijo y sus ideas sobre los padres divorciados, y dan la oportunidad de aclarar conceptos erróneos y recordarles que muchos otros niños han pasado antes por lo que ellos están pasando.</li>
<li>En medio. No trates que tu hijo tome partido por uno de los dos. No hables mal de tu expareja delante de tus hijos y tampoco utilices a tu hijo de mensajero. Los niños deben ser capaces de querer a ambos padres. No permitas que tus hijos se enganchen a un solo progenitor.</li>
<li>Salir. Pasa tiempo con amigos. Tener una red de amigos que te apoyen evitará que tu hijo se convierta en tu confidente y en el responsable de tu bienestar emocional. Estar mucho tiempo a solas con ellos puede limitar tu capacidad para tolerar el día a día con tus hijos.</li>
<li>Leer. Lee con tu hijo un libro (adecuado a su edad) que trate sobre el divorcio. Esto te ayudará a hablar con él de temas importantes y le permitirá formular preguntas que, de otra manera, no se le habrían ocurrido o no se atrevería a hacer.</li>
</ul>
<p><strong>Fuente<em>:</em></strong> <a title="Buena página" href="http://www.solohijos.com/" target="_blank">www.solohijos.com</a></p>
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		<title>Simetría entre padres e hijos</title>
		<link>http://informatizarte.com.ar/blog/simetria-entre-padres-e-hijos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Informatizarte]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 11:29:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Docencia]]></category>
		<category><![CDATA[hijos]]></category>
		<category><![CDATA[padres]]></category>
		<category><![CDATA[simetría]]></category>
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					<description><![CDATA[En la actualidad, encontramos simetría entre padres e hijos, reflejada en el modo de vinculación, pero no es el niño el que la provoca o el que la busca, sino [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify; line-height: 1.5em;">En la actualidad, encontramos simetría entre padres e hijos, reflejada en el modo de vinculación, pero no es el niño el que la provoca o el que la busca, sino que son los padres quienes, al no asumir su rol, se ubican a la par de su hijo.</span></p>
<p style="text-align: justify;">El ser humano es ‘un ser en relación’. Desde que nacemos, por nuestra propia naturaleza, necesitamos de un ‘otro’ que satisfaga nuestras necesidades de alimento, abrigo, higiene y afecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta vulnerabilidad e indefensión es lo que hace a un bebé absolutamente dependiente y le da el poder, el saber a los padres. El problema surge cuando el niño no se encuentra con otro adulto que pueda responder a sus necesidades, cuando los padres no ocupan su lugar de liderar la educación de sus hijos.</p>
<p style="text-align: justify;">Los padres, por miedo a ser autoritarios, no asumimos la autoridad que nos otorga la paternidad. Por no poder soportar el sufrimiento de nuestros hijos, no ponemos límites a sus deseos desordenados. El poco tiempo que les dedicamos, en pos del trabajo y el progreso económico, nos hace sentir culpables. Si le sumamos que no queremos ser los malos de la historia, en muchas ocasiones, a la hora de educar, abandonamos la firmeza por la permisividad y el amor por la indiferencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Los niños crecen huérfanos de padres que marquen el rumbo, alimentando a pequeños tiranos que no tienen la barrera necesaria para crecer contenidos y cuidados.</p>
<p style="text-align: justify;">Este tipo de vinculación simétrica la definen los padres (y no los hijos), perjudicándolos, no permitiéndoles desarrollar su capacidad de frustración, y de aprender los valores del respeto, la solidaridad, el esfuerzo y la perseverancia, entre otros. Actualmente, lo que observamos en los consultorios son niños, jóvenes angustiados porque los dejamos solos, sin contención frente a situaciones que exceden sus capacidades y sus recursos para enfrentarlas adecuadamente. ¿No será que los padres no sabemos que hacer y ponemos a nuestros hijos en el lugar del saber para no hacernos cargo de nuestra responsabilidad y de nuestra falta?</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando un niño, o un joven, asume conductas o responsabilidades de adultos siempre encontramos un padre, una madre (o ambos) que no las asumieron y las delegaron en el hijo.</p>
<p style="text-align: justify;">La relación entre padres e hijos no debe ser simétrica ni democrática, sino asimétrica, con padres líderes y amorosos que ejerzan su autoridad. Los adultos, docentes y padres somos los que tenemos que preguntarnos qué nos pasa que no asumimos nuestro rol.</p>
<p style="text-align: justify;">Como padres, podemos posicionarnos como víctimas –pensando que nuestros hijos deciden la paridad vincular – o ser protagonistas y responsables de su educación. Como victimas nos invade la queja y nos deja pasivos y sin herramientas. Como protagonistas, tenemos el cambio y todas las posibilidades en nuestras manos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Simetría ascendente</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta simetría, desde la psicología puede ampliarse desde una mirada más antropológica. La búsqueda de identificación de los adolescentes con los adultos es un hecho que se verificó siempre. Lo novedoso de estos tiempos es que la generación de los padres –modelo de los adolescentes – es deudora de la revolución cultural de los sesenta, cuando la libertad fue tomada como valor supremo. Los que hoy son padres de adolescentes, son los que se rebelaron, en su momento, al ‘autoritarismo’ de su tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa generación es la que optó por una educación más permisiva y laxa para sus propios hijos, con criterios educativos tales como ‘la imaginación al poder’, ‘prohibido prohibir’ o ‘déjalo ser’. Desde esta perspectiva, es posible comprender, por ejemplo, por qué nuestros adolescentes y jóvenes se muestran apáticos, desmotivados, sin proyectos de vida. Fueron educados en la convicción de que querer es poder y que basta con pedirlo para tenerlo. Y como la realidad no es así, se muestran frustrados, sobreexigidos por la cultura del éxito. Y, lo que es peor, poseen una intolerancia absoluta al fracaso y al esfuerzo. No fueron educados para sobrellevar los problemas.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a ese panorama, que podría parecer desalentador, los adultos tenemos algo para hacer: decidirnos, definitivamente, a ser un ejemplo de vida para nuestros hijos. Esforzarse en ser maduro ayuda a otros a madurar, a ser la locomotora de la propia vida. Si realmente existe una simetría entre padres e hijos, intentemos que esa simetría sea ascendente. Esforcémonos para que nuestros hijos encuentren en nosotros modelos que valen la pena seguir.<strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Simetría entre padres e hijos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy por hoy, existe lo que se llama una “Simetría entre padres e hijos”, es decir, una mimetización inconsciente que se da en niños y jóvenes con sus respectivos padres.</p>
<p style="text-align: justify;">Niños estresados, con dolor de cabeza antes de su primer día de clases, jóvenes hiperexigidos, adultizados y con una pesada carga sobre sus espaldas, y chicos que, con escasos años, “cantan” las verdades más absolutas. Aunque perfectamente podrían ser secuencias del “reino del revés”, se trata de una transformación psíquica entre los más bajitos.</p>
<p style="text-align: justify;">Son efectos generados por un profundo cambio en la subjetividad de los niños y jóvenes, por el cual estos se identifican o mimetizan inconscientemente con el adulto, con su lugar y con sus historias. Desde pequeños, se colocan en una posición de paridad, ‘de seudoadultez imaginaria’ que los deja solos interiormente, sin apoyos y como pares o por encima de los propios adultos.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta modificación estructural está relacionada con un cambio en los vínculos familiares que se produjo a partir del Mayo francés, a fines de la década del sesenta. Por eso, se advierte en las personas de hasta 40 años. Los vínculos pasan a ser mucho más cercanos, demostrativos y afectuosos.</p>
<p style="text-align: justify;">Involuntariamente, transmiten este aspecto de simetría por la cual el niño, desde la más tierna infancia, copia al adulto y se siente como él. La gran consecuencia de copiar a los padres es la hiperexigencia, porque creen que tienen que saber y poder todo ‘ya’. Y si no lo logran, les baja la autoestima, se sienten inútiles y frustrados. El otro efecto de la simetría es la desmotivación, cuando no logran los objetivos que se proponen. Además, la posición de simetría afecta profundamente el proceso de aprendizaje porque si uno ya está en posición de saber, cuesta mucho aprender.</p>
<p><strong>Los vínculos entre padres e hijos </strong><br />
<!--[if !supportLineBreakNewLine]--></p>
<p style="text-align: justify;"><!--[endif]-->El problema no pasa por los vínculos, ya que éstos pueden ser excelentes. El problema pasa por el posicionamiento interno que hace que los jóvenes y los niños no se sientan suficientemente apoyados por los padres, porque los sienten pares. Cuando uno está en una situación de paridad, no se apoya en el otro, es autónomo y autosuficiente en forma imaginaria. Entonces, está solo, sin sentir que tiene un apoyo fuerte. Por ello, son frágiles, se desmotivan, no son consecuentes con sus objetivos y cualquier cosa los tira abajo. El efecto más indeseado de la simetría es la soledad interior en la cual están los chicos, debido a este posicionamiento interno.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>R<strong>eferentes</strong><br />
<!--[if !supportLineBreakNewLine]--><br />
<!--[endif]--></strong>Los chicos referentes tienen, pero no se terminan de apoyar lo suficiente en ellos. Un chico puede tener los diálogos más maravillosos con sus padres, escucharlos y estar atento, pero, finalmente, sigue pensando como él quiere.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos de los problemas de comunicación entre padres e hijos se explican a partir de la simetría. Cuando un padre o un profesor les aconsejan algo, los chicos se sienten criticados y pueden sufrir un ataque de angustia ya que, como ellos se sienten pares, no entienden por qué les explican algo. La simetría produce rigidez en el pensamiento y absolutización de las cosas: esto desemboca en personas inflexibles. Ellos ven el mundo distorsionado. Y los padres no entienden porqué los chicos se enojan, se desmoralizan, se desesperan.<strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ellos pueden querer ser como sus padres, pero el inconveniente es que quieren serlo “ya”, sin hacer ningún esfuerzo y sin estudiar. Eso sí abunda, porque la simetría hace que uno quiera ser como el otro, pero sin luchar para lograrlo, de manera mágica.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto sucede desde los primeros años de su vida. Por ejemplo, un niño pequeño no se va a dejar consolar por los padres porque como es simétrico y los copia, cree que tiene que arreglárselas solo y no confía en ellos como herramientas de contención. Puede llorar desesperadamente y no sentirse contenido. Esto puede traducirse compulsión o agresión.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El rol de los padres </strong><strong><br />
<!--[if !supportLineBreakNewLine]--><br />
<!--[endif]--><strong> </strong></strong>Los padres no están preparados para enfrentar este cambio. Los padres de estos niños se criaron en épocas donde existía la jerarquía y la diferenciación. Aunque uno no quisiera aceptar a sus padres como figuras de autoridad, existía la posibilidad de diferenciarse. La generación del 60 construye un vínculo de igual a igual. Las generaciones que siguen ya heredan la simetría, no la construyen, es algo inconsciente. Simplemente copian lo que los padres piensan y sienten.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque, los chicos siempre copiaron a sus padres, lo que el chico imita ahora es muy distinto a lo que imitaba un chico tiempo atrás. ¡Hoy, criarlos es mucho más difícil que antes! Hasta ahora, se avanzó mucho en la permanente reiteración de que los límites son necesarios, pero esto no basta. ¿Por qué?</p>
<p style="text-align: justify;">Porque nos encontramos con situaciones de impulsividad, de violencia, de desconexión emocional, de aislamiento, de abatimiento y de desgano. Y esto no pasa por los límites, sino por que el padre pueda posicionarse en un lugar distinto para llegar a ese niño.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Adolescencia </strong><br />
<!--[if !supportLineBreakNewLine]--></p>
<p style="text-align: justify;"><!--[endif]-->En la adolescencia se deben separar de los padres. Lo hacen a través de la desconexión emocional, que significa el aislamiento y la falta de apasionamiento. Nada les importa demasiado. Son los que se refugian en la computadora, se aíslan, recurren a las drogas, a la velocidad, a la violencia para sentir algo, porque la desconexión los deja tan aburridos, sin sentir nada, que necesitan vivir emociones fuertes.</p>
<p>Una persona que se afirmó en el mundo del trabajo, que se casó y que, quizás, tiene hijos, tendrá los síntomas de la simetría más acotados. La adolescencia se sigue viviendo tal cual en todas las épocas, pero se le agrega este aspecto de la simetría.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Salir de la simetría</strong><br />
<!--[if !supportLineBreakNewLine]--></p>
<p style="text-align: justify;"><!--[endif]-->Hay que comunicarse emocionalmente, hay que entenderlos y aplicar límites de otra manera. El límite más importante que los padres tienen que aprender a poner a los hijos es impedir el maltrato en la comunicación. Y esto no es sólo decir una mala palabra, sino aislarse en la mesa o no hablar. El padre tiene que sacarlo del “igual a igual”; son los padres los que tienen que guiar la conversación porque el joven la va a plantear desde el “igual al igual”. Podrían usar frases como: “Vamos a comunicarnos: yo voy a escucharte, pero vos también a mí” o “Si nos respetamos mutuamente vamos a hablar; de lo contrario, hablamos otro día, no hay ningún problema”. Hay que manejar cuándo se habla, cuándo no; saber ocupar un lugar de autoridad. Si los chicos están confundidos con los padres –simetría significa correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo –, hay que hacérselos notar. Hay que producir la separación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-weight: normal;">La separación se produce a través de</span> </strong>la comunicación. El padre tiene que marcárselo y explicarle que son personas independientes. Esto hay que hacérselo sentir en la vida cotidiana. Los límites que ponga el padre lo irán tranquilizando y harán que se construyan las barreras que no tiene. Notará que no está solo; los chicos salen de la autosuficiencia imaginaria cuando descubren que hay alguien los cuida. El padre tiene que enseñarle, pero, para eso, tiene que saber que la simetría existe.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-weight: normal;">Es muy importante marcar el límite entre el padre y el hijo.</span> </strong>Los síntomas de los chicos son muy intensos, por su propia autoexigencia y porque se contagian emocionalmente de los padres. Este es unos de los principales problemas. El chico es una esponja que no tiene barreras, y al estar tan cerca de los padres, absorbe todo. Cuando el chico se vuelve a sentir hijo porque tiene un apoyo, se siente contenido y los padres pueden con él –a través de un límite o de una buena conversación – sale de su soledad y puede armar su propia historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuanto más se apoya, menos se copia. Cuando se dan cuenta de que es un problema del padre, que el origen está en la historia del padre, avizoran una oportunidad para modificarlo. Entonces, se alivian.</p>
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