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	<title>aprendizaje &#8211; Informatizarte</title>
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	<description>Informática, Tecnología, Docencia, Viajes, Salud y Seguridad</description>
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		<title>La gran oportunidad del fracaso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Informatizarte]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Sep 2012 11:28:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Docencia]]></category>
		<category><![CDATA[aprendizaje]]></category>
		<category><![CDATA[fracaso]]></category>
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					<description><![CDATA[En una cultura que promueve el éxito, el miedo a no poder satisfacer las expectativas que se tienen de nosotros puede llevar a que nos sintamos fracasados. ¿Cómo hacerle frente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En una cultura que promueve el éxito, el miedo a no poder satisfacer las expectativas que se tienen de nosotros puede llevar a que nos sintamos fracasados. ¿Cómo hacerle frente a este sentimiento? Desarticulando las falsas creencias y reconociendo los errores.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1976, a Stephen Pile, un crítico de televisión en The Daily Telegraph y de gastronomía en Harper’s and Queen, se le ocurrió una idea súper original: fundar un club cuyos miembros debían ser terriblemente malos en alguna cosa. En las reuniones, cada socio tenía que hacer gala de lo que no sabía hacer. Unos intentaban cantar, otros dibujar, y así, cada uno hacía alarde de su incompetencia, sin lugar a juicios ni reproches por parte de la audiencia. Hete aquí que Pile tuvo la idea de recopilar todas estas historias y plasmarlas en un libro que tituló El libro de los fracasos heroicos, en el que incluía además un formulario que invitaba a seguir sumando socios. A los dos meses de la publicación, el club había recibido 20.000 solicitudes de ingreso y el libro se catapultó a los primeros puestos en varias listas de best sellers.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal fue la dimensión del éxito que Pile tuvo que ser expulsado de su propio club, que además tuvo que ser disuelto ya que, en contra de su propia filosofía, la cantidad de fans que sumaba día a día lo volvieron demasiado exitoso. ¿Cuál fue la gran revelación? Sin proponérselo, Pile había logrado aprovechar la oportunidad que brinda fracasar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Errar es humano</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Tenemos que respetar nuestra debilidad; son lágrimas suaves de una tristeza legítima a la que tenemos derecho. Todos aquellos que hicieron grandes cosas las hicieron para superar una dificultad, un callejón sin salida”. Errar es humano y no existe quien se precie de ser un Homo sapiens que no haya fracasado… en algo.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de la historia, abundan ejemplos legendarios, como el de Thomas Alva Edison, que logró “prender la lamparita” luego de mil doscientos experimentos fallidos; el de Albert Einstein, de quien sus maestros decían que no estaba preparado para aprender y que no llegaría a nada, o el de Winston Churchill, un pésimo estudiante, que fracasó además dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso a la Academia Militar de Sandhurst y tampoco tuvo suerte en las primeras elecciones donde participó en su vida política, pero que ni aun así se desanimó, y se convirtió en uno de los mejores estadistas de la historia de Inglaterra y fue premio Nobel de Literatura en 1953. Sugestivamente, una de sus frases emblemáticas fue que el verdadero éxito consistía en aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Al crítico de The Daily Telegraph se le ocurrió una idea súper original: fundar un club cuyos miembros debían ser terriblemente malos en alguna cosa. Sobre esa experiencia nació El libro de los fracasos heroicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Fracasar significa que un objetivo propuesto no pudo ser alcanzado, ya sea porque el medio no lo permitió o por dificultades propias del sujeto. Estas dificultades pueden tener que ver a veces con un estilo autosaboteador, con rigideces o represiones, que no permiten obtener satisfacciones que la realidad ofrece. Fracasar implica que una iniciativa que nos hemos propuesto lograr tiene como resultado algo no esperado respecto a lo que habíamos planeado.</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, que algo no salga como nos lo habíamos propuesto. Si a esto se suma que estamos inmersos en una cultura que impone lo que es ser “exitoso”, y determina cómo debemos ser, sentir, comportarnos, percibir y relacionarnos para cumplir con los estereotipos, es raro no sentir, alguna vez, que hemos fallado. En relación con esto, la sensación de fracaso tiene que ver con los valores que se fomentan en esta época y que se remontan al surgimiento del capitalismo en el siglo XVIII.</p>
<p style="text-align: justify;">Los ejes de la cosmovisión capitalista son la producción y la ganancia. En el fracaso no hay logro, sino un proceso que no alcanza un objetivo, que se ve frustrado; por lo tanto, no hay ‘producto ni ‘ganancia’. Según esta mentalidad, el significado es como de una pérdida. Esta cosmovisión es culturalmente hegemónica e influye en la subjetividad, la condiciona y ejerce un gran poder de persuasión sobre ella, con lo cual no permite a muchas personas diferenciar aquello que tiene que ver con parámetros ajenos, que no son necesariamente compartidos en lo personal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Miedo al fracaso</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, aparece el miedo. Un sentimiento que es natural, que alerta, frente a una amenaza real, pero que en el caso del fracaso implica un estado de ánimo que “vive” en nuestra mente: es el miedo al ridículo, a la desaprobación y al rechazo… Es otro tipo de miedo, es el que resuena a partir de ciertos pensamientos negativos que le dan sostén y recurrenci.<br />
A este sentimiento es al que verdaderamente hay que temerle, porque es como un disco rayado que actúa a partir de lo que uno se dice a sí mismo todo el tiempo sobre una situación en particular. Comprender esto, y detectar esas conversaciones internas que sostienen este miedo, para luego intervenir en ellas y desarticularlas, es lo que finalmente permite construir una nueva configuración de pensamientos que predispongan adecuada y positivamente a la acción.</p>
<p style="text-align: justify;">Hans Magnus Enzensberger escribió su biografía relatando sus fracasos. Según él: “Si bien no curan, pueden mitigar enfermedades de autor, como los delirios de grandeza”. El libro es un éxito editorial.</p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de aprender a cambiar nuestra perspectiva sobre lo que significa e implica un fracaso, y este es un trabajo terapéutico muy rico en la clínica. Implica ayudar a un paciente a que pueda tener otra mirada que le permita ver de modo constructivo, positivo y dinámico lo sucedido, lo cual posibilita la transformación de puntos de vista inflexibles, autodestructivos y paralizantes.</p>
<p style="text-align: justify;">En otras palabras, ayudar a entender que, de por sí, vivir es un riesgo; que implica tomar decisiones y tener opciones todo el tiempo, que es arriesgarse, expresar, exponerse y entender que un fracaso, precisamente, es aquello que nos brinda una oportunidad única para cambiar algo en nuestra vida. Es lo que nos permite crecer, superarnos a nosotros mismos y del cual podemos salir enriquecidos y fortalecidos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La mejor lección</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El contenido pedagógico del fracaso es realmente contundente. Así lo demuestra el poeta y ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger, uno de los intelectuales más influyentes, admirados y respetados de la Europa contemporánea. Cuando escribió su biografía, a los 83 años, decidió hacerlo a contrapelo de la mayoría de los artistas y celebridades que suelen repasar sus vidas en función de sus logros, y prefirió mostrar sus fracasos, ya que fueron estos los que realmente le brindaron las más profundas enseñanzas.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, en Mis traspiés favoritos, seguidos de un almacén de ideas (Capital Intelectual), revela sus experiencias en el cine, la ópera, el teatro y la literatura que alimentaron en él la capacidad de discernimiento y lo ayudaron a advertir las trampas, zonas minadas y dispositivos de aniquilamiento con los que se debe lidiar en las distintas áreas de la creación. ¿El porqué de esta apología de sus frustraciones? Por sus efectos terapéuticos, ya que, según escribe: “Si bien no curan, pueden mitigar enfermedades de autor, como los delirios de grandeza”.</p>
<p style="text-align: justify;">Aprendemos del error, más que de los aciertos. Aunque equivocarse y fracasar tienen mala prensa, hay que dejar de lado estos conceptos inadecuados e invalidantes, y abrazar la idea de que si nos equivocamos y fracasamos, contamos con una invalorable oportunidad de crecimiento y, por ende, de una gran fuente para la autotransformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta mirada positiva requiere aprender a reconocer lo positivo. O, como lo explica el orador norteamericano John C. Maxwell en su libro El lado positivo del fracaso: la diferencia entre la persona promedio y un triunfador es el concepto que tiene del fracaso y cómo lo enfrenta. En síntesis, cuando las circunstancias se presentan adversas, es posible elegir qué carta jugar. Y si fallamos, nunca debemos claudicar.</p>
<p style="text-align: justify;">Samuel Beckett, otro grande de las letras, Premio Nobel de Literatura en 1969, recomendaba: “Lo has intentado. Has fallado. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”. Es la única manera de crecer.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Nuestros peores miedos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El miedo al ridículo, a la desaprobación y al rechazo, a no ser queridos, a no tener dinero para poder vivir y a perder el control son los más comunes. Muchas veces las personas adjudican la causa de sus fracasos a cuestiones externas.<br />
Es común poner excusas de todo tipo para explicar por qué no logran lo que desean o se proponen. Este echar culpas a otras personas, lugares, situaciones, y demás solo nos coloca en una posición de víctimas.</p>
<p style="text-align: justify;">El paradigma de ubicarse frente a la vida desde la posición de víctima en lugar de como protagonista está totalmente instalado en nuestra cultura. ¿Cuál es el juego que estás jugando? ¿Estás dentro de la cancha como jugador protagonista, como crítico, o como un simple espectador? ¿Te quedás en que no podés, en que es muy difícil, en que te puede ir mal y no hacés nada para buscar soluciones, investigar, pedir ayuda y ponerte en acción?.</p>
<p style="text-align: justify;">Si logramos responder estas preguntas, también podremos observar cómo se configuran nuestros miedos. Porque la verdad es que no son los factores externos los que nos frenan, sino el conjunto de pensamientos negativos que dan origen al miedo al fracaso.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mandatos y fracasos </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Con relación a sí hay grupos más o menos vulnerables al miedo al fracaso, los especialistas coinciden en que todos tenemos miedo a fracasar, sin importar el sexo, la edad o la clase social. Pero puede haber matices. Me atrevo a decir que los hombres pueden mostrar mayor tendencia al fracaso porque, por una cuestión cultural y quizá también biológica, tienen diferentes maneras de enfrentar lingüísticamente los estados de ánimo del miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al verbalizar y expresar más, la mujer quizá pueda sufrir menos miedo. Según mi mirada, por un mandato cultural el hombre está más abocado a ganar dinero, tener estatus social y ser ‘exitoso’. Y a todas estas etiquetas se asocia la posibilidad de ‘fracaso’.</p>
<table width="670" border="0" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="335">Dejarse derrotar por los fracasos</td>
<td width="335">Transformar los fracasos en victorias</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Culpar a los demás</td>
<td width="400">Asumir la responsabilidad</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Repetir los mismos errores</td>
<td width="400">Aprender de cada error</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Esperar que nunca más se va a fracasar</td>
<td width="400">Reconocer que el fracaso es parte del progreso</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Esperar que se va a seguir fracasando</td>
<td width="400">Mantener una actitud positiva</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Aceptar ciegamente la tradición</td>
<td width="400">Desafiar la suposiciones anticuadas</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Sentirse limitado por los errores pasados</td>
<td width="400">Volver a arriesgarse</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Pensar que soy un fracasado</td>
<td width="400">Creer que algo no funcionó</td>
</tr>
<tr>
<td width="270">Ceder</td>
<td width="400">Perseverar</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Fuentes:</span></strong> <em>Revista Nueva y El lado positivo del fracaso, de John C. Maxwell</em><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Problemas de aprendizaje</title>
		<link>http://informatizarte.com.ar/blog/problemas-de-aprendizaje/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Informatizarte]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 11:21:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Docencia]]></category>
		<category><![CDATA[aprendizaje]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[lectura]]></category>
		<category><![CDATA[matamática]]></category>
		<category><![CDATA[problemas]]></category>
		<category><![CDATA[trastorno]]></category>
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					<description><![CDATA[Los trastornos de aprendizaje están instalados en casi todas las aulas y atentan contra el desarrollo académico y emocional de los niños que los padecen. Conozca más sobre estos para [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify; line-height: 1.5em;">Los trastornos de aprendizaje están instalados en casi todas las aulas y atentan contra el desarrollo académico y emocional de los niños que los padecen. Conozca más sobre estos para poder descubrirlos a tiempo y tratarlos en forma adecuada.</span></p>
<p style="text-align: justify;">El boletín no devolvió lo esperado, los compañeros avanzaron más que él, le cuesta hacer la tarea y empieza a sentir pocas ganas de ir al colegio. También lee muy pausado, no logra una buena caligrafía ni una redacción clara y no se lleva bien con los números. Todas señales de que puede estar dentro del 12,5% de la población infantil mundial que padece un trastorno de aprendizaje. Conviene estar alertas porque, muchas veces, estos avisos no se reconocen a primera vista. ¿Por qué? Porque las características y su gravedad varían en cada caso. Además, es muy frecuente suponer que las fallas radican en la distracción o la falta de interés por el estudio. Pero no. Es importante saber que los niños con estas particularidades no son “vagos”, lentos o desinteresados; por el contrario, suelen tener un nivel de inteligencia superior al promedio y muchas ganas de aprender. Sólo sucede que procesan la información de otra manera, ya que los problemas de aprendizaje son desórdenes neurobiológicos que hacen que el cerebro se estructure o funcione de forma diferente.<br />
Por lo general, son las maestras jardineras las primeras en descubrir que “algo no va bien”, por eso, ante los primeros indicios, los padres deben consultar al pediatra. Porque, aunque estos trastornos no tengan una cura definitiva, es fundamental generar incentivos permanentes para que los niños puedan progresar, tener éxito en la escuela, se desarrollen normalmente y logren una sociabilidad acorde a su edad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1-Trastorno de lectura </strong></p>
<p style="text-align: justify;">También llamado dislexia, es el más común, y los niños que lo padecen se caracterizan por tener dificultad en el reconocimiento de las palabras, en la velocidad de la lectura y en su comprensión, respecto de lo esperado para la edad cronológica, el cociente intelectual y el nivel de escolaridad. Esa alteración o dificultad interfiere en el rendimiento académico y en ciertas actividades de la vida cotidiana para las que se requiere esta habilidad. Es muy habitual que los trastornos de lectura aparezcan combinados con los de escritura, así como con el aritmético, ya que todos estos procesos involucran el manejo de símbolos para transmitir información. Otra particularidad que puede sumarse es el fracaso en la comprensión de textos. Esto puede ser sólo una consecuencia de la dislexia o estar causado por otros factores, como la confusión sobre las demandas de la tarea, insuficientes conocimientos previos, poco control de la comprensión o problemas en el ámbito afectivo-motivacional.</p>
<p><strong>Los síntomas </strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Dificultad para aprender el alfabeto y hacer rimar las palabras.<br />
• Sustituciones, omisiones o inversiones de letras y sílabas.<br />
• Lectura lenta y con vacilaciones.<br />
• Dificultad a la hora de relacionar ciertas letras con sus sonidos.<br />
• Deficiente comprensión de lo que lee.<br />
Un niño con dislexia también puede presentar otros síntomas, como problemas para identificar la izquierda y la derecha, para orientarse espacialmente y para practicar un deporte.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Propuestas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Incentivar al chico a hacer rimas, buscando palabras que terminen o empiecen con el mismo segmento silábico o fonémico.<br />
• Relatar historias con onomatopeyas y jugar a que el niño las represente.<br />
• Contar el número de segmentos orales: palabras, sílabas o fonemas.<br />
• Ayudarlo a descubrir una palabra, sílaba o letra diferente entre una frase y otra.<br />
• Para los niños con problemas en la comprensión del texto, lo mejor es ayudarlos a decodificar el esquema de los cuentos, haciéndolos responder (oralmente, o para ellos mismos mientras leen) quiénes son los personajes, en qué orden acontecen los sucesos, en dónde está situada la historia, etcétera.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2-Trastorno de la expresión escrita</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se lo conoce como disgrafía y se caracteriza por generar una deficiencia en las habilidades de escritura: a los chicos que la sufren les cuesta deletrear, cometen errores de puntuación y gramática, y tienen una redacción pobre.<br />
Según las dificultades de cada niño, puede detectarse un trastorno de menor gravedad: un retraso en la escritura que no llega a disgrafía. Esto se da cuando las dificultades no son neurobiológicas, sino causadas por factores anexos, como el ausentismo escolar, un medio familiar desfavorecido o un bajo nivel intelectual, entre otras posibilidades.<br />
Los trastornos de la escritura pueden aparecer en forma aislada o en combinación con otros problemas de aprendizaje, como trastornos de lectura, de lenguaje expresivo, de coordinación y de las matemáticas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los síntomas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Escritura desordenada, toman el lápiz de manera torpe.<br />
• Problemas para deletrear palabras.<br />
• Dificultades para sostener las letras en el renglón, o para escribir en un espacio determinado.<br />
• Dificultad en las uniones y trazos de las letras, así como en sustituciones u omisiones.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Propuestas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Sentarse con el niño a escribir (reiteradas veces) las letras que le cuestan, para que mejore la grafía, desarrolle los patrones motores y logre una escritura legible.<br />
• Estimular al chico a que copie textos y componga palabras o frases que contengan las letras con las que tiene dificultad.<br />
• Estar atentos a lo que escribe, para marcarle los errores rápidamente y que pueda retener las correcciones.<br />
• Jugar a deletrear palabras, por escrito, para que adquiera competencia y fluidez en el nivel léxico.</p>
<p><strong>3-Trastorno de las matemáticas </strong></p>
<p style="text-align: justify;">El nombre más usual para este problema de aprendizaje es discalculia, y su principal característica radica en que el niño tiene las habilidades matemáticas muy por debajo de lo que sería normal para su edad, su inteligencia o su nivel escolar.<br />
Los chicos con este trastorno suelen presentar dificultades en el manejo de los números, el dominio de las cuentas y la solución de problemas.<br />
Como los otros, este trastorno puede manifestarse de manera aislada, o junto con dificultades en la motricidad fina (músculos de la mano) y el lenguaje expresivo y receptivo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Síntomas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Imposibilidad temprana de reconocer los números.<br />
• Problemas para contar, sumar y restar.<br />
• Dificultades en la resolución de problemas, ya sean matemáticos o lógicos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Propuestas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">• Dar prioridad a las actividades manipulativas que involucren operaciones y el uso de la memoria.<br />
• Complementar los juegos con materiales concretos propios de esta materia, como regletas y bloques lógicos.<br />
• Plantear, verbalmente, situaciones problemáticas sencillas hasta que el chico se acostumbre a resolverlas; y allí empezar a hacerlas más complejas hasta poder trasladarlas a las matemáticas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No tiene freno</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se sienta frente a un libro y lo entiende, retiene las ideas, no confunde las palabras ni le cuestan las situaciones problemáticas con números; sin embargo, el libro lo deja a los cinco minutos para ir a ver la tele, que también abandona para jugar con autitos que vuelve a abandonar. Actitudes como estas son propias de los niños que padecen el Síndrome de Déficit de Atención e Hiperactividad (SDAHA), un trastorno neurológico que afecta entre el 3% y el 5% de la población infantil. Se da más en los varones que en las chicas y, aunque no tiene semejanzas de primera instancia con los trastornos de aprendizaje evaluados, es una de las principales causas del fracaso escolar, según datos de la Fundación para la Investigación del Déficit Atencional e Hiperquinesia.<br />
Si bien, al igual que las otras problemáticas, aún no se ha encontrado cura para este síndrome, recientes investigaciones aseguran que la hiperactividad puede ser una gran ventaja y transformarse en una fuente de energía, si se canalizan correctamente la impulsividad, la espontaneidad y la creatividad de los niños que la padecen. También, como en el caso del resto de los problemas que repercuten en el aprendizaje, es importante ayudarlos a descubrir y a potenciar sus capacidades y aspectos más positivos, para que no pierdan la autoestima que suelen tener en jaque por su poco rendimiento escolar y la exclusión de sus propios compañeros. Con compañía, perseverancia y un correcto seguimiento, el niño con SDAHA puede crecer y desarrollarse normalmente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Tips</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El rol de los padres es fundamental en el desarrollo de los niños con problemas de aprendizaje, y si bien el seguimiento médico no puede faltar, lo que acontece día a día es de total relevancia. Van más consejos:<br />
• Es importante mantener reuniones con los maestros o los especialistas que están junto al niño, para interiorizarse sobre sus avances académicos y el trato con sus pares.<br />
• Los chicos con trastornos de aprendizaje suelen ser inteligentes y líderes, así como tienden a sobresalir en lo artístico. Por eso, es importante no concentrarse sólo en sus problemas, sino también en sus puntos fuertes, y estimularlos.<br />
• Buscar las técnicas que sean necesarias para incentivar al chico, como sentarse con él cuando hace la tarea y generar juegos en los que el lenguaje y los números también formen parte. Introducir la lectura en todo momento, aprovechando las publicidades, las señales de tránsito y las etiquetas de los alimentos.<br />
• Hay que hablar con el niño y contarle el problema, siendo sincero y optimista, para que sepa que le costará aprender, pero que podrá lograrlo.<br />
• Unirse con quienes tienen su mismo problema siempre es una buena idea. Otros padres y profesionales entendidos lo ayudarán a despejar dudas y a comprender mejor lo que le sucede a su hijo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Grandes mentes</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay algo que debe quedar claro: estos trastornos no son un impedimento para tener éxito en la vida. Muchas de las personas que los padecieron en la infancia lograron brillar y ocupar puestos altos. Por ejemplo: Albert Einstein, Thomas Edison, Leonardo Da Vinci, Walt Disney, Agatha Christie, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Winston Churchill, John F. Kennedy, Isaac Newton, Bill Gates, Marlon Brando y Henry Ford, entre tantos otros, sufrieron algún problema de aprendizaje. “Tú puedes”, debería ser la máxima cotidiana.</p>
<p style="text-align: justify;">Para más información o solicitar ayuda de un profesional, recurre a: <a href="http://informatizarte.com.ar/problemas-de-aprendizaje/">http://sickmind.com.ar/problemas_de_aprendizaje.html</a></p>
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