¿Por qué andamos tan mal como sociedad?

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En este post expongo la idea central del libro “Regresar de la torre de Babel”, de Julio César Labaké, profesor universitario, doctor en Psicología Social y Miembro de la Academia Nacional de Educación, donde analiza a nuestra sociedad, sus sectores enfermos y sus contradicciones irritantes.

Pero primeramente, antes de empezar, quiero mostrarles un video que llegó a mi mail y que quiero compartir con todos ustedes, que habla de porque nuestro país anda tan mal y que esta totalmente relacionado con este post, y con el cual comparto totalmente su mensaje.

La torre de Babel

La mítica torre de Babel, como se sabe, es una metáfora y no un hecho histórico que representa la aspiración del hombre de demostrar su poder. Alude a hombres que se creyeron omnipotentes; tanto, que iniciaron la construcción de una torre para llegar al cielo. Las Escrituras dicen que Dios los castigó confundiendo su lenguaje, de modo que no pudieron entenderse. Por supuesto, no quiere decir que unos empezaron a hablar en japonés y otros en sánscrito. Simplemente, dejaron de escuchar a los otros y creyeron que la única verdad era la de ellos.

Y esto es lo que nos pasa en estos días. Babel es la metáfora de la soberbia en estado de pureza, un castigo. De otro modo, ¿cómo puede ser que la tercera parte de la humanidad, más de dos mil millones de personas, vivan debajo de la línea de pobreza y los niños mueran de desnutrición? ¿Cómo es posible que haya familias desunidas? Hablan el mismo idioma, usan las mismas palabras, pero cada uno les da un sentido diferente y, entonces, no se ponen de acuerdo. Les ocurre a las familias, a las personas en sus trabajos y también a las naciones. No hay diálogo entre ellos porque cada uno sólo sigue la línea de su pensamiento y no escucha al otro.

Cuestión de valores

Existe un lenguaje común compartido por las distintas generaciones, aun entre personas de diferentes ciencias y distintas actitudes ante la vida donde existe la importancia de los valores, es decir, ideales realizables como honestidad, lealtad, justicia y verdad, sobre los cuales todo el mundo parece estar de acuerdo, pero por alguna razón, no abundan tanto como se proclama. Es que la bondad y el amor, por ejemplo, son valores que, para ser practicados, requieren importantes esfuerzos. Nadie inventa que amar es bueno o malo, es una idea preexistente; nadie inventa que la justicia es buena, la honestidad es buena. Todo el mundo parece saberlo y estar de acuerdo, de modo que, sin duda, el hombre existe en clave de valores. El mundo vive en una situación caótica, crítica, y también, que hemos perdido un lenguaje común. De ahí la propuesta de regresar a Babel, de volver al momento en el que la humanidad se entendía y, no solamente proclamaba los mismos valores, sino que los ponía en práctica.

También uno podría pensar que la práctica de ciertos valores es casi imposible. Tomemos la generosidad, por ejemplo, que puede consistir en dar. Pero si lo que se da es algo material, dinero, por caso, tendremos menos dinero nosotros y eso es muy difícil de poner en práctica. Digamos que aquello de “la caridad bien entendida empieza por casa” es un axioma aceptado universalmente. Y esto es un razonamiento práctico, pero egoísta. El gran tema del ser humano es que para ser “humano” debe ser un “buen” ser humano. No hay más razones para la razón. La presencia de la generosidad, entre otros valores, da sentido a la vida, un buen sentido. Todos descubrimos, en nosotros mismos, la existencia de los valores, y los ponemos en práctica. De modo que el planteo es que la gran condición humana es vivir los valores que nos permitirían ser humanos. Yo comprendo que ser generoso, en algunos casos, me cuesta mi dinero, pero la generosidad me humaniza, crea condiciones para que los hombres podamos acercarnos los unos a los otros. Aunque, lograr que toda la humanidad este de acuerdo no es sencillo en absoluto. Lo que es bueno para algunos no lo es para otros, y pueden surgir diferencias insalvables pero igualmente vale la pena intentarlo.

Lo que digo y lo que hago

Como siempre, la cuestión suele ser quién le pone el cascabel al gato. Quién es, dicho de otro modo, el que señala cuáles son los valores superiores y cómo se los aplica. Nunca la humanidad ha ascendido en forma masiva y horizontal. Siempre ha habido personas o grupos que han abierto el camino hacia arriba. Esto que digo no es elitista ni es mesianismo, es la verdad. Luther King fue uno, Mahatma Gandhi, Teresa de Calcuta fueron otros. Pero después de ellos, millones de negros siguieron las enseñanzas de Luther King, que creía en los valores superiores. Y toda la India siguió a Gandhi, y miles o decenas de miles de personas siguieron el ejemplo de Teresa de Calcuta.

Aunque tanto King como Gandhi fueron asesinados por proclamar la igualdad, la no violencia… el amor, en definitiva su ejemplo siguió vivo y, cada día, surgen personas que siguen sus enseñanzas. El ascenso de la humanidad siempre se ha producido cuando una persona o un grupo tomaron la iniciativa, y después fueron cientos de miles de personas las que estuvieron detrás de sus huellas. Algunos se animan a vivir los valores y muestran con su palabra y con su vida, con sus hechos, que respetar los valores es bueno para vivir como seres humanos. El ascenso horizontal, masivo, cuesta mucho. Pero para poder vivir los valores hay que estar convencidos de ellos y querer ejercerlos. Se necesita educarse en ellos. Hoy vivimos en un mundo en el cual los valores están bastante pisoteados. Entonces, lo que se ve alrededor no es favorable.

¿Qué se puede hacer?

Primero, lograr el proceso educativo desde la base, que es la familia. Que los padres ayuden a sus hijos a vivir en ambientes de paz, de amor y de justicia en el propio hogar. Que ese ambiente se traslade a la escuela sería lo ideal, pero no es solamente experiencia existencial. Tiene que estar provisto de tres elementos.

  • El primero es la palabra clarificadora. Si hablo con claridad sobre los valores, estoy haciendo posible que el otro lo comprenda.
  • En segundo lugar, hay que predicar con afecto y con respeto por el otro, sin autoritarismo.
  • Y tercero, este valor que se ha mostrado querible y razonable tiene que ser puesto en práctica con conductas concretas, para que no se quede en palabras.

Las instituciones que, básicamente, han tenido siempre el cultivo de los valores, han sido las religiones, las llamadas religiones superiores. La religión católica siempre ha tenido como objetivo central el cultivo de los valores. Cuando Cristo dice que Dios es amor, que es justicia, es la verdad. La imagen de Dios está dada por los valores y el profesar y practicar los valores da definitivamente felicidad.

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