El Poder de la Palabra PNL de Robert Dilts

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Esta obra se centra en la magia del lenguaje, así como en el poder de las palabras para modelar nuestras percepciones y actitudes acerca de nuestro propio comportamiento y del mundo que nos rodea. Dilts explora el impacto que el lenguaje tiene sobre nuestra experiencia y cómo modela las generalizaciones y las creencias (tanto limitadoras como potenciadoras) producto de la misma. El autor propone catorce innovadores patrones verbales que pueden ser aplicados para reforzar las creencias potenciadoras y que facilitan la apertura a dudar de las creencias limitadoras, descubriéndonos perspectivas más enriquecedoras para el cambio.

La PNL comenzó su andadura a principios de los años 70, como una tesis universitaria de Richard Bandler, quien, junto a su profesor, John Grinder, se fijaron en los modelos de conducta humana para comprender cómo hacían algunas personas y profesionales para conseguir los máximos desarrollos de excelencia, mientras otras personas, haciendo aparentemente lo mismo, no los conseguían. Observando el trabajo de prestigiosos profesionales de la psicoterapia y del crecimiento, Bandler y Grinder comenzaron a desarrollar procesos sistemáticos y teorías, que fueron la base sobre las que se construyó, más tarde, la PNL. Fundamentalmente estudiaron el trabajo de Virginia Satir, una de las mejores terapeutas familiares, Fritz Perls, desarrollador de la Terapia gestalt, y Milton H. Erickson, un famoso hipnoterapeuta.

Su autor Robert Dilts, entró en contacto con la PNL hace 25 años (a contar hasta el año 1999, cuando lo editó con Meta Publications, con el título original: Sleight of Mouth. The Magic of Conversational Belief Change) y tardó unos cuantos en escribir este libro, hasta estar bien preparado.

Capítulo 1.- La Magia del Lenguaje.- Lenguaje y experiencia.

Nos distinguimos de los otros seres por el lenguaje, lo aprendemos desde pequeños, y esto nos crea unos patrones, mediante lo que nos aporta la sociedad, nuestros maestros y familiares, los cuales predominan más unos que otros en distintas personas. Estos patrones se crean mediante la unión entre el lenguaje y la experiencia y, son los responsables, junto con nuestras creencias y  pensamientos del cómo nos explicamos nuestras situaciones y, nuestra vida, así como la de los que nos rodean. Las palabras no tan sólo representan nuestra experiencia, sino que, a menudo, la “encuadran o enmarcan”; y lo hacen mostrando en primer plano ciertos aspectos de la experiencia y dejando otros en la sombra. Lo podemos ver con un ejemplo empleando palabras conectivas: pero, y o aunque, con una misma frase:

Hoy es un día soleado pero mañana lloverá (este sería un patrón en el que se le quita énfasis al positivismo, nos mueve a centrar nuestra atención en que mañana lloverá y le quita protagonismo al hoy hace sol)

Hoy es un día soleado y mañana lloverá (la atención queda equilibrada, ambos cogen igual valor)

Hoy es un día soleado aunque mañana lloverá (El efecto consiste en centrar nuestra atención en el día soleado, deja en segundo término la lluvia)

 

Esta clase de “encuadre y reencuadre” verbal ocurre en todos los casos, no depende del contenido: “Hoy me siento feliz y sé que no durará”, “Deseo alcanzar mi objetivo y tengo un problema”

Esta clase de marco verbal puede influir tanto en el modo en que interpretamos las situaciones como en el modo de responder ante ellas.

Una creencia afirmadora y potenciadora, podría ser: “Puedes lograr lo que te propongas si estás dispuesto a trabajar duro”, conecta dos partes significativas de causa y efecto que, al ir en primer lugar lo positivo y, en segundo lugar lo no tan apetecible, el conjunto genera un fuerte sentido de motivación, que conecta un sueño o un deseo con los recursos necesarios para convertirlo en realidad. Si formulamos la frase con el orden inverso, puede ejercer un poderoso impacto sobre el modo en que el mensaje es recibido y entendido.

Herramienta lingüística para ayudarnos a moldear e influir en el significado que percibimos como resultado de una experiencia:

Se trata de identificar el patrón verbal limitador. En el caso de los individuos que se acogen al patrón verbal “Pero, Sí, pero”, podemos utilizar “aunque”, en las frases en que “pero” disminuye o minusvalore algún aspecto positivo de la experiencia: “He encontrado una solución a mi problema, (pero / aunque) volverá / vuelva a surgir de nuevo”.  Esta estructura permite mantener un centro de atención positivo y satisfacer la necesidad de mantener una perspectiva equilibrada.

 

Capítulo 2.- Marcos y reencuadres.

 

El marco o encuadre psicológico es el foco de atención general o la dirección que proporciona una línea maestra para los pensamientos y las acciones durante una interacción, se refiere al contexto cognitivo que envuelve determinado suceso o experiencia  y establece los límites de determinada interacción. Estos influyen sobre la forma en que percibimos las experiencias, las respondemos, dirigimos nuestra atención y las puntuamos. Dependiendo de la temporalidad del marco, un momento doloroso, nos puede aplastar en los primeros momentos y, en un marco de mayor tiempo (años) nos puede parecer trivial.

Marcos más habituales de la PNL:

objetivo. Nos mueve a mantenernos con la atención puesta en las soluciones, orientados hacia las posibilidades positivas del futuro.

como sí.

enseñanza frente a fracaso.

 

1.-Éstos dirigen la atención e influyen sobre el modo en que los acontecimientos son interpretados.

Comparación entre marco-objetivo y marco-problema:

El problema nos conduce a centrar la atención sobre lo que no deseamos y la búsqueda de las causas que lo provocan, frente al objetivo que nos impulsa a pensar en lo que deseamos y los recursos necesarios para alcanzarlo.

Para aplicar el marco-objetivo utilizaremos tácticas como transformar las afirmaciones de problemas en afirmaciones de objetivos, o reencuadrar descripciones formuladas negativamente en otra expresadas en términos positivos, hemos de ver los problemas como oportunidades de cambio, crecimiento o aprendizaje, de manera que todo problema lo veamos como objetivo apetecible. Por ejemplo: si alguien nos dice “ mi problema es que me da miedo fracasar”, lo hemos de traducir a “quiero tener la seguridad de que voy a triunfar” o “caen los beneficios” hacia “quiero aumentar los beneficios”. Es muy frecuente que las personas formulen sus objetivos de forma negativa, con lo que se consigue centrar la atención en el problema y atraerlo, por lo tanto, si alguien nos dice “no quiero sentirme tan asustado”, le hemos de sacar de ahí preguntándole: ¿Qué es lo que quieres?” o “si no estuvieras tan asustado, ¿Qué es lo que sentirías entonces?

2.-El marco “como sí”, consiste en actuar “como si” ya se hubiera alcanzado el objetivo o estado deseados.

3.-El marco de “enseñanza frente a fracaso” centra la atención sobre el modo en que, lo que aparece como problemas, síntomas o errores, sea interpretado como enseñanzas, como información acerca de las correcciones necesarias para alcanzar ese objetivo deseado, más que como un fracaso.

El objetivo fundamental de la aplicación de los patrones verbales de El Poder de la Palabra, consiste en ayudar a las personas a cambiar su perspectiva:

·de un marco-problema a un marco-objetivo

·de un marco-fracaso a un marco realimentación

·de un marco-imposibilidad a un marco-como sí.

 

Cambio de objetivo

El propósito dirige la actividad, un objetivo concreto crea un tipo de marco y determina lo que se considera relevante, inútil y “fuera del marco”, por ejemplo no ha lugar en una brainstorming señalar soluciones y políticas ya existentes… o bien en una reunión financiera de corta durada ponerse a explicar chistes.

El patrón “otro objetivo” implica formular otra afirmación que traslade la atención de los actores a un objetivo distinto del propuesto en principio y consiste en cuestionar o “reforzar” la relevancia de ese juicio o generalización. Por ejemplo, un estudiante que no ha obtenido los resultados esperados, por querer hacerlo todo perfecto, podemos cambiar su objetivo por: el examen no versaba en hacerlo todo bien, sino de aprender, descubrir algo nuevo (con este cambio estamos potenciando, cambiando la perspectiva), se lo diríamos al estudiante: “El resultado del ejercicio no consiste en demostrar que ya sabes hacerlo a la perfección, sino en aprender algo nuevo”; al reflexionar esto le podemos preguntar: ¿qué nuevas enseñanzas has descubierto?. Ya hemos conseguido centrar en otro marco la atención. Otro ejemplo en relación a nuestras experiencias vitales sería pasar de: “sentirnos cómodos y seguros” a “hacernos más fuertes” Se trata de saber reaccionar ante lo bueno y lo malo y manejar ambas cosas adecuadamente: es ahí donde reside el verdadero gozo de vivir.

Desde la perspectiva de la PNL, cambiar a otro objetivo sirve para “reencuadrar” nuestra percepción de la experiencia, el reencuadre se considera como uno de los procesos cruciales para el cambio.

 

Reencuadre

Reencuadrar implica ayudar a las personas a reinterpretar problemas y encontrar soluciones, por medio de la substitución del marco en el que esos problemas son percibidos. Significa literalmente poner un marco nuevo alrededor de una imagen o experiencia. A modo de metáfora ayuda a comprender el concepto su proceso.

 

Podemos aplicar el patrón de Cambio de tamaño del marco para reevaluar o reforzar la implicación de determinada acción, generalización o juicio con el contexto de un marco temporal más largo, más corto, de un número de participantes mayor, desde un punto de vista individual o de una perspectiva mayor o menor. Por ejemplo, un acontecimiento que nos parezca insoportablemente doloroso, considerado a la luz de nuestros propios deseos y expectativas, puede de repente parecernos trivial si lo comparamos con los sufrimientos de otras personas. Este cambio de tamaño está relacionado con la amplitud o la extensión de la perspectiva que tomamos, en relación con el objetivo concreto que estamos considerando dentro de ese marco. Podemos utilizar expresiones tales como “viendo el asunto desde una perspectiva mayor”, “considerando las implicaciones a largo plazo” o “por muchas generaciones” para percibir diferentes enfoques.

También podemos reencuadrar el contexto, que consiste en cambiar la respuesta interna negativa de la persona ante determinado comportamiento, resaltando la utilidad de éste ante determinados contextos, ello nos permite ver el comportamiento simplemente como lo que es. Por ejemplo: una madre está preocupada porque su hijo adolescente se mete constantemente en peleas en la escuela. Le podríamos preguntar a la madre ¿No es agradable saber que su hijo podría proteger a su hermana pequeña, si alguien la molestara en su camino de vuelta a casa desde la escuela? Con ello estamos ayudando a la madre a cambiar la percepción. Su comportamiento con el hijo cambiará y éste, al no sentirse atacado podrá trabajar conjuntamente con la madre para tratar de establecer la intención positiva y los beneficios relacionados con la conducta del hijo en la escuela, buscando juntos alternativas más apropiadas.

Otra modalidad sería reencuadrar el contenido, que comporta alterar nuestra perspectiva o nivel de percepción ante determinado compo9rtamiento o situación, pues un mismo contexto es percibido de formas diferentes según la perspectiva y la intención del observador.

Si aprendemos a reencuadrar a los críticos y las críticas, evitaremos los juicios negativos, obteniendo afirmaciones positivas a partir de intenciones positivas. Muchas críticas vienen enmarcadas en términos de lo que no se quiere, en lugar de lo que sí se quiere, por ejemplo: “evitar el estrés” conlleva lo que no queremos, si decimos “sentirse más cómodo y relajado” describe lo que sí deseamos. Por consiguiente, la capacidad para reconocer y extraer afirmaciones de intención positiva a partir de críticas formuladas negativamente constituye una habilidad lingüística crucial para tratar con las críticas y transformar los marcos-problema en marcos-objetivo. Podemos convertir las críticas en preguntas, utilizando “cómo” en lugar de “por qué”, con lo que evitamos otros juicios con los que acabar en conflicto. Las preguntas formuladas con el “cómo” suelen ser más eficaces para centrar la atención sobre el marco-objetivo o el marco-realimentación. Por ejemplo si cogemos el comentario “Esa idea nunca funcionará” y lanzamos la pregunta: “¿Cómo pondrías esa idea en práctica?”, sigue habiendo crítica pero mucho más productiva. Cuando un crítico formula preguntas sobre el “cómo”, pasa de ser un “aguafiestas” o un “asesino” a convertirse en un “consejero”.

Los patrones de “Intención” y “Redefinición”.

En algún nivel, todo comportamiento tiene (o en algún momento tuvo) una “intención positiva”. Es (o fue) percibido como apropiado dado el contexto en el que fue establecido, desde el punto de vista de la persona a la que ese comportamiento pertenece. Es más fácil y más productivo responder a esa intención positiva que a la expresión de un comportamiento problemático. Centrarse en la intención de un juicio o afirmación limitadores ayuda a cambiar de un marco-problema a un marco-objetivo. Las palabras pueden tener significados superpuestos, pero implicaciones distintas. Redefinir constituye un modo simple pero eficaz de abrir nuevos canales de pensamiento e interacción. Por ejemplo “dolor” contra “incomodidad”, dolor no permite matiz positivo, en cambio incomodidad conlleva comodidad.

Ejercicio de reencuadre de una palabra. Se hace tomando una palabra que exprese determinado concepto o idea y buscando otra que la reemplace y que aporte un matiz más positivo (o negativo) que la anterior. En cuanto a suavizar críticas podemos reencuadrar una sola palabra para reformular comentarios tuyos acerca de otras personas: en lugar de acusar a un niño de “mentir” podemos decir que “tiene mucha imaginación” o que “explica cuentos de hadas”, con este proceso ejercemos la “corrección política” en el lenguaje, con la que reducimos los juicios negativos y cambiamos las etiquetas de descripción de otras personas distintas de nosotros. De este modo ayudamos a las personas a ver a los demás desde una perspectiva más amplia y menos enjuiciadora, pasando del problema al objetivo.

Percibir una situación desde otro modelo de mundo situándose en “segunda posición”. Se trata de empatizar con el otro, desde su punto de vista y sus creencias, de manera que con ello ganamos nuevas ideas y comprensiones. El mapa no es el territorio, toda persona tiene su propio mapa del mundo. No hay ningún mapa del mundo que sea el único correcto. Toda persona elige la mejor opción disponible, dadas las posibilidades y las capacidades que perciba como accesibles a ella desde su propio modelo del mundo. Los mapas más “sabios” y “compasivos” son aquellos que convierten en accesible el mayor y más amplio número de opciones, en oposición a los más “realistas” o “precisos”.

 

Capítulo 3.- Fragmentación.

Fragmentar significa reorganizar o fraccionar alguna experiencia en porciones mayores o menores. Podemos fragmentar de 3 maneras: hacia arriba (desplazarse hacia un nivel de información mayor, más general o abstracto, descubrir la intención) hacia abajo (desplazarse a un nivel más específico y concreto, reducir una situación o experiencia a sus componentes básicos, por ejemplo respondiendo así a la pregunta: ¿cómo se come una sandía? ] “trozo a trozo”, con lo que creamos una percepción distinta y más rica que la generalización expresada por el juicio o la afirmación) y lateralmente (encontrar otros ejemplos en el mismo nivel de información), por lo tanto implica la capacidad de desplazar la atención entre las generalidades y los detalles y está relacionado con el modo en que la persona utiliza su atención.

Las críticas no constructivas suelen estar expresadas en términos de fragmentos o generalizaciones más bien grandes, los cuantificadores universales son: “siempre, nunca, jamás y sólo”. Hemos de ser flexibles para desplazar libremente la atención entre fragmentos pequeños y grandes, crear isomorfismos y estimular ideas y perspectivas nuevas.

Puntuación y repuntuación. Puntuar significa poner en la escritura los signos ortográficos necesarios para distinguir el valor prosódico de las palabras (La prosodia engloba todo aquello que crea la música y la métrica de una lengua, permitiendo así la organización del habla). Las comas, los signos de interrogación o exclamación, nos permiten comprender el significado implícito; en la organización de nuestra experiencia ocurre algo parecido. El lenguaje nos lleva a puntuar y repuntuar nuestros mapas del mundo, así como del modo en que estas puntuaciones le dan sentido a nuestra experiencia.

 

Capítulo 4.- Valores y criterios.

La estructura del significado. El significado está relacionado con la intención o el sentido de un mensaje o una experiencia “meaningen inglés”, se refiere a las representaciones o experiencias internas asociadas con estímulos u acontecimientos externos; es la consecuencia natural de nuestra interpretación de la experiencia y está en función de la riqueza y la flexibilidad de nuestras interpretaciones internas del mundo. Fundamentalmente, el significado es producto de nuestros valores y creencias, está relacionado con la pregunta “¿por qué?”. Alterar las creencias y valores puede cambiar de inmediato el significado de nuestras experiencias vitales.

Valores y motivación. Cuando nuestros valores se ven satisfechos o correspondidos, sentimos satisfacción, armonía o sintonía. Cuando sucede lo contrario solemos sentirnos insatisfechos, incongruentes o violentados. Los valores constituyen la base de la motivación y de la persuasión, actuando a modo de poderoso filtro de percepción. Cuando conseguimos conectar nuestros planes y objetivos futuros con nuestros valores y criterios fundamentales, esos objetivos se vuelven mucho más incitadores.

Criterios y juicios. Reconocer que las personas tienen diferentes valores y criterios es fundamental para la resolución de conflictos y el manejo de la diversidad.

Para redefinir valores y criterios para encadenarlos, hemos de orientarnos a la unión de valores aparentemente contradictorios, para encadenar por ejemplo, profesionalidad con libertad, lo logramos con la integridad personal y la autoexpresión. También podemos fragmentar hacia abajo para hallar expresiones más específicas, llegando a equivalencias de criterio. Las equivalencias de criterio tratan la estrategia por la que distinguimos la “fantasía” de la “realidad”, puesto que nuestro cerebro nunca conoce realmente la diferencia entre la experiencia vivida y la imaginada. Podemos practicar esa diferencia con ejemplos vividos y otros no vividos del día anterior, pero habituales los no vividos, de manera que captemos lo que nos hace identificar la realidad contra la ficción o imaginación, la calidad de la información percibida por los sentidos está codificada con mayor precisión si la experiencia es real que si es imaginada. Muchas personas tratan de cambiar o “reprogramarse” visualizándose a sí mismas en posesión del éxito.

La incapacidad para distinguir lo imaginado de la “realidad” está considerada como uno de los síntomas de la psicosis y de otros desórdenes mentales severos.

El valor de conocer tu propia estrategia de realidad reside en que podrás utilizarla para acompañar en el futuro nuevas experiencias, de modo que te parezcan ya “reales”.

Podemos fragmentar hacia arriba para identificar y utilizar jerarquías de valores y criterios, pues éstas constituyen una de las fuentes principales de diferencias entre personas, grupos y culturas, por eso las j. de criterios parecidas son la base de la compatibilidad entre grupos y personas, por lo tanto constituyen un aspecto clave para la motivación y el marketing.

Capítulo 5.- Creencias y sistemas de creencias.

Constituyen el núcleo de la motivación y la cultura, son básicamente juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Nuestras creencias y nuestros valores proporcionan el refuerzo (motivación y permiso) y están relacionados con la pregunta ¿por qué?. Cada uno de nosotros tiene creencias que actúan como recursos, junto con otras que nos limitan. Éstas pueden moldear, afectar e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestras relaciones, nuestra creatividad, e incluso nuestro nivel de felicidad y éxito personal. Las tres áreas más comunes de las creencias limitadoras son: la desesperanza (creencia de que el objetivo deseado no es alcanzable, sean cuales sean nuestras capacidades), la impotencia (creencia de que el objetivo deseado es alcanzable, pero no somos capaces de lograrlo) y la ausencia de mérito (creencia de que no merecemos el objetivo deseado debido a algo que somos o hemos –o no hemos- hecho). Las creencias limitadoras pueden ser transformadas o actualizadas mediante la identificación de la intención positiva y de las presuposiciones subyacentes en la creencia y proporcionando alternativas y nuevas respuestas a preguntas sobre el “cómo”. Establecer nuevas relaciones es a menudo parte importante en la promoción de un cambio de creencias perdurable, sobre todo cuando se trata de relaciones que proporcionan soporte positivo al nivel de identidad. Las creencias, tanto las limitadoras como las potenciadoras, están relacionadas con nuestras expectativas (anhelo o deseo de que se produzca un resultado o un acontecimiento), éstas influyen sobre nuestro comportamiento de diferentes modos, dependiendo de hacia donde se dirijan. Con respecto al cambio y al aprendizaje, la expectativa de resultado está relacionada con el grado en que la persona espera que las capacidades y los comportamientos que está aprendiendo o en los que se está implicando lleguen realmente a producir los beneficios deseados, dentro del entorno sistémico que constituye su realidad. La expectativa de eficacia propia se relaciona con el grado de confianza que uno mismo tiene en su propia eficacia o capacidad para aprender las nuevas habilidades, o bien para incorporar los comportamientos necesarios para alcanzar el resultado deseado.

PERSONA ? COMPORTAMIENTO? RESULTADO

 

 

Expectativa de eficacia propia          Expectativa de resultado.

Conseguir los resultados codiciados en situaciones difíciles por medio de una actuación eficaz, contribuye a reforzar la confianza de uno mismo en las capacidades que ya tiene. Ello se debe a que, aun poseyendo las capacidades necesarias, por lo general no desarrollamos nuestro pleno potencial. Sólo bajo condiciones que pongan a prueba nuestros límites descubriremos lo que somos capaces de hacer. En lugar de tratar de atacar y cuestionar la creencia, ésta puede ser reencuadrada desde un problema a una ventaja (como dijo Einstein, no se puede solucionar un problema con la misma forma de pensar que lo creó). Las creencias limitadoras son, con frecuencia, el resultado de preguntas sobre el “cómo” sin contestar. Podemos utilizar a menudo el marco “como si” para quitar fuerza a las creencias limitadoras y poder superarlas: “No puedo hacer X” ] ¿Qué pasaría si pudieras hacer X? ] “Actúa como si pudieras hacer X” ] ¿cómo sería si (ya) pudieras hacer X? ¿Qué pensarias, harías o creerías de forma diferente?, “Actúa como si ya hubieras tratado con esa objeción/interferencia ¿Cómo responderías de forma diferente? activamos nuestra capacidad innata para imaginar y suponer y libera las limitaciones de nuestra experiencia personal; nos ayuda a identificar y utilizar la noción de “Yo” como función, en lugar de cómo rígida nominalización.

 

Capítulo 6.- La estructura básica de las creencias.

El propósito principal de nuestras creencias y de nuestros sistemas de creencias es vincular valores fundamentales con otras partes de nuestra experiencia y con nuestros mapas del mundo. Las creencias vienen, por lo general, expresadas en forma de equivalencias complejas o causas-efectos. Toda declaración establece una especie de “equivalencia” entre dos términos, la cuestión no estriba tanto en si uno ha encontrado o no la equivalencia compleja correcta, sino uno consigue o no encontrar interpretaciones susceptibles de ofrecer una nueva perspectiva. Como dijo Einstein: “todo debe simplificarse tanto como sea posible, pero un poco menos”. La percepción de causa y efecto es la base de nuestro modelo del mundo. Las causas son los elementos subyacentes responsables de la creación y el mantenimiento de determinado fenómeno o situación, por lo tanto, para resolver el conflicto hemos de hallar la causa de determinado síntoma. La causa es una elaboración interna libremente elegida que aplicamos a la relación que hemos percibido. Las creencias conectan valores a diversos aspectos de nuestra experiencia. El propósito de nuestras creencias consiste en guiarnos en áreas en las que no conocemos la realidad, por esta razón ejercen una influencia tan profunda en nuestras percepciones y en nuestras visiones de futuro. Podemos crear un auditoría de valores, con la cual reforzaremos nuestras creencias, llenándonos de motivación. Si lo que queremos es reforzar aún más nuestras creencias, podemos hacer una auditoria de creencias mediante conectivos lingüísticos y así mantener la confianza en determinada creencia, sin haber lugar a dudas. Para reevaluar las creencias limitadoras, funcionan muy bien los contraejemplos, que son ejemplos que dan la excepción a la regla. Descubrirlos constituye un modo sencillo pero poderoso de evaluar y cuestionar creencias potencialmente limitadoras, así como de profundizar en la comprensión de las demás creencias. Podemos detectar creencias y críticas limitadoras cuando se formulan en términos de universalidad con expresiones como: “todos, cada, ninguno, nadie, etc.” Los contraejemplos cuestionan la universalidad de las creencias, no significa que la afirmación de la creencia sea errónea, sirven para abrir el potencial para otras perspectivas y posibilidades. Las creencias están ligadas al nivel neurológico profundo, cualquier cambio en ellas por medio del hallazgo de un contraejemplo podrá a menudo producir efectos inmediatos y espectaculares. Los contraejemplos extraídos de nuestras propias experiencias nos convencen de que tenemos las capacidades para lograr lo que deseamos y de que nos lo merecemos. Ejemplo de contraejemplos hacia una creencia limitadora (No me merezco conseguir lo que quiero porque no me he esforzado lo suficiente):

Personas que no se merezcan lograr lo que desean a pesar de haber realizado muchos esfuerzos para conseguirlos: Los ladrones o asesinos que ponen mucho empeño en preparar y realizar sus crímenes.

personas que no hayan hecho ningún esfuerzo y, a pesar de ello merezcan lograr lo que desean: un bebé al nacer.

 

 

Capítulo 7.- Estados internos y cambio natural de creencias.

 

Los frutos de la creencia son las intenciones y los propósitos positivos que hay tras ella. A medida que entramos y pasamos por distintas relaciones, empleos, amistades, asociaciones, etc., desarrollamos creencias y valores que nos sirven, pero que abandonamos cuando de nuevo transitamos hacia una nueva etapa del camino de nuestra vida. Los pasos fundamentales del ciclo natural del cambio de creencias son:

Querer creer. Está relacionado con nuestras expectativas y motivaciones para el establecimiento de una nueva creencia, de la cual pensamos que producirá efectos positivos sobre nuestra vida. Esto implica el reconocimiento de que aún no lo creemos, que la nueva creencia no ha superado aún nuestra estrategia de realidad-

Abiertos a creer. Es una estrategia estimulante y generadora que viene acompañada a menudo por una sensación de libertad y exploración. Aún no estamos convencidos de que la nueva creencia sea todavía válida, por lo que recopilamos y sopesamos pruebas que la validen pensando: “Podría ser, ¿Cómo sería mi vida si adoptara esta creencia?, ¿Qué tendría yo que ver, oír o sentir para convencerme de que esa nueva creencia es válida y útil?”

Creyendo ya. Ya nos comprometemos plenamente con esa creencia y la consideramos nuestra realidad presente, vamos construyendo nuestro sistema de creencias en vigor. Actuamos con congruencia como si esa creencia fuera cierta para nosotros; comienza a adquirir las propiedades de autocumplimiento, asociadas a la fe en algo, como el efecto placebo. Cuando creemos plenamente en algo, en nuestra mente no hay preguntas ni dudas. Puede ocurrir que, al tratar de incorporar una nueva creencia, ésta entre en conflicto con otra ya existente, desencadenando resistencias a otras creencias ya establecidas como parte de nuestro sistema de creencias existente.

Abiertos a dudar. La experiencia de estar abierto a la duda es el complemento de estar abierto a creer, por lo tanto, para reevaluar y descartar viejas creencias lo que pensamos es que quizás esa creencia que hemos mantenido tanto tiempo, no sea cierta, o deje de funcionarnos.

El “Museo de la historia personal”. Recordar lo que “solíamos” creer. Cuando dejamos de creer en algo, a menudo no generamos amnesia por esa creencia, ni olvidamos de manera automática lo que solíamos creer, sino que más bien cambia espectacularmente el efecto emocional y psicológico que esa creencia tenía en nosotros, ya no encaja con nuestros criterios para la “realidad” y no necesitamos realizar ningún esfuerzo para negarla o eliminarla; nuestra relación con ella se asemeja a la experiencia de visitar un museo de historia: Cuando vemos armas medievales e instrumentos de tortura en la vitrina de un museo, tal vez nos sintamos curiosos y reflexivos, pero ciertamente no experimentamos miedo, enfado o disgusto. Sabemos que otras personas, en otros tiempos, utilizaron todo aquello, pero ahora estamos muy lejos de todo ello. Es importante recordar los errores y las creencias limitadoras de nuestros antepasados, para tratar de no repetirlos.

Confianza. Constituye la piedra angular del proceso natural de cambio de creencias. Emocionalmente hablando, está relacionada con la esperanza, siendo el sentimiento de confianza más fuerte que el de esperanza, está relacionado con la expectativa de que alfo suceda realmente, más que sólo creer que sea posible. La confianza nos permite acceder más allá de nuestras creencias, de confiar en un sistema mayor que uno mismo, nos ayuda a que el proceso de cambio de creencias sea más cómodo y más ecológico.

 

Nuestros estados internos son los contenedores de nuestras creencias, si nos encontramos en un estado positivo y optimista nos resulta más difícil aferrarnos a creencias negativas y limitadoras, del mismo modo que no resulta fácil mantener la congruencia con creencias positivas y potenciadoras cuando estamos en un estado interno de frustración, disgusto o temor. Éstos ejercen una enorme influencia sobre nuestra visión del mundo presente. Las creencias y valores activan su poder sólo cuando se conectan a nuestra fisiología y a nuestros estados internos, de manera que el estado físico, psicológico y el emocional en el que nos encontremos ejercerán una gran influencia sobre los tipos de creencias que estaremos inclinados a incorporar. El cerebro humano funciona de forma parecida a un ordenador, ejecutando programas o estrategias mentales, compuestas de secuencias ordenadas de instrucciones o representaciones internas, por lo que nuestro estado interno ejerce influencias importantes sobre nuestra capacidad de actuación en cualquier situación. Habitualmente respondemos a estímulos (anclas) que son a la vez internos y externos a nosotros, como si funcionáramos por medio de un “piloto automático”, pero es posible aprender cómo elegir nuestro propio estado. La PNL ofrece 3 métodos para ello:

Inventario de fisiología, que implica prestar atención a la postura corporal, a los gestos, a la posición de los ojos, a la respiración y a los patrones de movimiento.

Inventario de submodalidades, que implica percatarse de las submodalidades sensoriales más notorias en nuestro estado interno, como el brillo, el color, el tamaño y la posición de las imágenes mentales; el tono, el timbre y el volumen de tonos y sonidos; la temperatura, la textura, la superficie, etc. De las sensaciones cinestésicas.

Inventario de emociones, que implica prestar atención a la constelación de componentes que constituyen nuestros estados emocionales.

 

Podemos hacer ejercicios para ayudarnos a seleccionar y manejar mejor nuestros estados internos.

El proceso natural del cambio de creencias es también a menudo facilitado por mentores. El mentor tiene semejanzas con el maestro o el formador, aunque no es exactamente lo mismo. El maestro instruye, el formador proporciona realimentación específica en cuanto al comportamiento, para ayudar a la persona a aprender o crecer y, el mentor nos conduce al descubrimiento de nuestras competencias inconscientes, a menudo mediante su propio ejemplo. Entre los mentores pueden haber niños, maestros, mascotas, personas a las que jamás hemos conocido personalmente, pero sobre las que hemos leído fenómenos naturales (como el océano, las montañas, etc.) e incluso partes de uno mismo. Podemos llevar dentro de nosotros mentores internos, que nos aconsejen y nos guíen en muchas situaciones de nuestra vida. La forma básica de utilizar un mentor interno consiste en imaginar la presencia de esa persona o entidad y colocarse acto seguido en esa posición, es decir, en su perspectiva o en su piel. Eso nos permite acceder a las cualidades presentes en nosotros, pero no reconocidas o incluidas como parte de nuestro mapa de la situación o de nosotros mismos. Representando estas cualidades el mentor interno nos ayuda a darles vida en nuestro comportamiento en curso. Una vez que hemos experimentado estas cualidades desde la posición del mentor, podemos incorporarlas a nuestra propia posición perceptiva dentro de una situación concreta y aplicarlas.

Nuestra comunicación puede ser no verbal, la cual incluye indicios y señales como la expresión facial, los gestos, la postura, los cambios en el tono y el tempo de la voz, y el movimiento ocular. Los indicadores no verbales son a menudo “metamensajes”, es decir, mensajes acerca del contenido verbal que uno está expresando y que determinan el modo en que la comunicación verbal será recibida e interpretada. Las señales no verbales, como la expresión de la cara y el tono de voz, tienen un impacto más bien emocional, y determinan los “sentimientos” que suscitará lo que la persona dice. Los mensajes no verbales tienden a reflejar e influir en nuestro estado interno, mientras que los mensajes verbales están más asociados con el proceso cognitivo. Las palabras correctas, pronunciadas con el tono de voz inapropiado, o con la expresión facial inadecuada, suelen producir el efecto contrario del deseado.

Capítulo 8.- Virus mentales y la metaestructura de creencias.

Nuestra experiencia sensorial es la que nos proporciona las materias primas con las que construimos nuestros propios mapas del mundo. Las creencias son generalizaciones extraídas de los datos de nuestra experiencia, por lo general actualizadas y corregidas por la propia experiencia. Las creencias suprimen y distorsionan los aspectos de la experiencia para cuya representación han sido desarrolladas, lo que les confiere el potencial tanto para limitarlos como para potenciarlos. Los valores dan sentido a nuestras creencias y a nuestra experiencia, constituyen las intenciones positivas de máximo nivel para cuyo apoyo o reflejo han sido establecidas las creencias, siendo que éstas conectan los valores con la experiencia a través de declaraciones de “causa-efecto” y de “equivalencia compleja” y que las expectativas proporcionan la motivación necesaria para el mantenimiento de determinada generalización o creencia.

El estado interno actúa como filtro, tanto para la experiencia como para el ímpetu de nuestras acciones, nuestros estados internos son, a menudo, la base sobre la que se apoya determinada creencia o generalización, determinando la energía emocional invertida en el mantenimiento de la creencia. Por lo tanto, nuestras creencias son generalizaciones que unen experiencias, valores, estados internos y expectativas, formando así nuestro tejido de la realidad, por lo tanto, nuestras experiencias cambian y se actualizan a sí mismas en medida que experimentamos cambios en los valores, las expectativas, los estados internos, así como a medida que vivimos nuevas experiencias.

Las creencias limitadoras surgen de las generalizaciones, las supresiones y las distorsiones que han sido colocadas en un “marco-problema”, un “marco-fracaso” o un “marco-imposibilidad” y, se tornan aún más limitadoras y difíciles de cambiar cuando estamos separados de las experiencias, de los valores, de los estados internos y de las expectativas de las que, en origen, dichas creencias derivaron. Esta situación se vuelve aún más exagerada cuando la creencia limitadora no la hemos construido nosotros a partir de nuestra experiencia, sino que nos ha sido impuesta por otros. Uno de los retos más importantes de nuestra vida consiste en coordinar nuestro mapa del mundo con los de los demás. Un “virus mental” es una clase particular de creencia limitadora, susceptible de interferir seriamente con los esfuerzos propios o ajenos para sanar o mejorar. Éstos pueden “infectar” la mente y el sistema nervioso, exactamente igual que los virus en el cuerpo o en el sistema informático, los infectan y provocan confusión y mal funcionamiento. Del mismo modo que la programación de un ordenador o de un conjunto de ordenadores puede ser dañado por un “virus informático”, nuestros sistemas nerviosos son perfectamente susceptibles de ser “infectados” y dañados por los “virus mentales”. Se trata de una creencia o pensamiento concreto susceptible a generar confusión o conflicto, no es una idea completa y coherente que encaje con el sistema mayor de ideas y creencias de la persona y los apoye orgánicamente de forma saludable. Los pensamientos y las creencias individuales no tienen poder por sí mismos, sólo cobran vida cuando alguien actúa sobre ellos. Cuando una persona decide actuar según una determinada creencia, o dirigir sus acciones según un determinado pensamiento, esa persona les infunde vida, es entonces cuando se autorrealizan. Un virus mental no puede ser destruido, tan sólo ser reconocido y neutralizado o filtrado fuera del sistema, no podemos matar una idea o una creencia porque no están vivas. Un virus mental puede matar a su anfitrión y contaminar a quienes éste pueda infectar. Hemos de recordar que un virus mental no tiene ni inteligencia ni intención respecto al sistema en el que penetra: una declaración de creencia no es más que un conjunto de palabras hasta que le damos vida a través de los valores, los estados internos, las expectativas y las experiencias que relacionamos con esas palabras, por lo que la infección vírica no es ni automática ni evitable. Hemos de enjuiciar críticamente las creencias, no  las personas. Hemos de vacunarnos contra las creencias limitadoras y los virus mentales, pues se pueden presentar muchas veces a lo largo de nuestra vida.

Podemos aplicar una creencia o una generalización a sí misma descubriendo si la creencia es o no un ejemplo congruente de su propia generalización, con ello creamos una paradoja que sirve para sacar a la luz aquellas áreas en las que la creencia no es útil, se trata de aplicar a nuestra creencia otra creencia. En ocasiones es necesario pensar de forma no lineal y no literal para poder aplicar la creencia a sí misma.

La metaposición es un medio de aplicación de un proceso autorreferencial para facilitar el cambio psicológico y el crecimiento personal, se trata de disociarnos primero de nuestros pensamientos, acciones e interacciones y, luego, reflexionar sobre todo ello para obtener nuevas ideas y comprensiones que nos ayuden a actuar de forma más eficaz, con lo que podemos darnos cuenta de que una creencia no es más que una idea, no la única interpretación posible de la realidad. Es muy útil el metaencuadrar para apoyar o reforzar alguna creencia potenciadora.

Según Batenson (antropólogo y teórico de la comunicación), el responsable de las creencias limitadoras y virus mentales es la confusión entre tipos lógicos, los cuales son fundamentales para la comprensión del juego, del aprendizaje y de los patrones de pensamientos patológicos. La capacidad de explorar, aprender una tarea discriminatoria o ser creativo constituye un nivel de aprendizaje superior al de las tareas específicas que componen estas capacidades. Para efectuar cambios de niveles lógicos hemos de separar la identidad de una persona de sus capacidades o de su comportamiento, esto reduce el impacto de juicio sobre la persona, tanto mental como emocionalmente.

Capítulo 9.- Aplicar los patrones como un sistema.

Cogeremos una creencia limitadora acerca del cambio con la que aplicarle los 14 patrones de El Poder de la Palabra, para ver cómo reencuadrarla y ampliar el mapa del mundo de la persona, de modo que la intención positiva que subyace en su creencia sea satisfecha por medio de otras opciones.

Estos catorce patrones tienen como objetivo volverse más abierto a dudar o a creer la generalización concreta.

 

La Ley de variedad requerida.- Según esta Ley, si deseas firmemente alcanzar un objetivo, debes incrementar el número de opciones disponibles para lograrlo, en proporción al grado de variabilidad potencial (incluyendo posibles resistencias) del sistema, es decir, es importante disponer de variantes para las operaciones utilizadas para alcanzar objetivos, aunque dichas operaciones hayan tenido éxito en el pasado, teniendo en cuenta la tendencia de los sistemas al cambio y la variación.

Los patrones nos proporcionan un medio para incrementar la flexibilidad de nuestro sistema inmunitario psicológico, nos ayudan a comprender mejor la estructura del sistema  de creencias que mantiene en su lugar al virus del pensamiento, así como a generar de forma más creativa las respuestas y los reencuadres que nos ayuden a absorber y transformar esas creencias limitadoras. El objetivo de nuevos encuadres consiste en encontrar el modo de reafirmar al poseedor de la creencia limitadora al nivel de sus identidad y de su intención positiva, reformulando al mismo tiempo la creencia para convertirla en un marco objetivo y en un marco resultado.

Capítulo 10.- Conclusión.

Hemos comprendido que, por creencias limitadoras, entendemos aquellas que enmarcan nuestra experiencia en cuanto a problemas, fracaso e imposibilidad y que lo que tenemos que hacer, en primer lugar, es identificar las intenciones positivas que conllevan junto con los valores que las motivan, para buscar formas más apropiadas y útiles de satisfacer estas intenciones positivas.

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