Como realizar una correcta charla de prevención sobre drogas en la escuela

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Hoy por hoy, el consumo de drogas en nuestra sociedad está muy arraigado y lamentablemente en paulatino aumento, al igual que las causas que lo generan que son multifactoriales. Si analizamos estadísticas sobre el tema, el panorama que nos depara no es para nada alentador. Por ejemplo, según datos policiales, más del 80 % de los delitos que se comenten actualmente están relacionados directa o indirectamente con el uso de drogas y la narcocriminalidad. Si nos referimos al consumo de sustancias más específicamente en la ciudad Rosario, según una encuesta publicada por el diario La Capital del día domingo 3 de mayo de 2009, realizada a 400 jóvenes de edades entre 15 y 35 años de nuestra ciudad, al 78,83 % de los adolescentes les ofrecieron alguna vez algún tipo de droga y se constató que las edades críticas van de los 15 a 18 años.

Por lo cual y teniendo en cuenta estos datos, personalmente creo que una gran solución sería el realizar charlas en instituciones escolares a estos jóvenes en edad crítica e ir ampliando paulatinamente el rango etario hasta los más pequeños, ya que no sólo el consumidor y su entorno cercano se ve perjudicado por este mal sino que toda la sociedad misma padece este flagelo debido a la estrecha relación que existe entre la delincuencia y las drogas. Por medio de este ensayo, procuro hacer una reflexión de cómo se debería encarar una correcta charla de prevención sobre drogas en la escuela.

Marco teórico

Cuando me refiero a la prevención, estoy aludiendo a la palabra prevenir que deriva de la palabra latina praevenire y que significa evitar la presencia de un daño. En este caso se mencionaría a las medidas que se deben tomar para evitar que alguien se inicie en el consumo de cualquier droga. En otras palabras el objetivo es que el sujeto sea sano.

Según Pichon Riviere, el sujeto es sano en la medida en que aprehende la realidad en una perspectiva integradora y tiene capacidad para transformar esa realidad, transformándose, a la vez, él mismo.

La prevención de drogodependencias, como explica Martín, es un proceso activo de implementación de iniciativas tendientes a modificar y mejorar la formación integral y calidad de vida de los individuos, fomentando el autocontrol individual y la resistencia colectiva ante la oferta de drogas.

Prevenir en adicciones es generar espacios de participación en la comunidad, para que a través del encuentro, de la confrontación, del interrogarse, del dialogar y hacer con el otro, sus miembros vayan tomando creciente conciencia de sus comportamientos consumistas y organizando las estrategias, los métodos y los recursos para resolverlos. Además, prevenir supone informar, educar, promover en la red comunitaria la producción de conocimientos sociales sobre esta problemática. En este proceso los miembros de la comunidad van redescubriendo las implicancias que tiene el consumo de sustancias psicotóxicas (legales e ilegales).

En el diseño de estrategias preventivas, debemos identificar previamente en la población objeto de la praxis preventiva, cuáles son los factores de riesgo, los marcadores de riesgo y los factores protectivos con los que cuenta ese agrupamiento humano.

Factores de riesgo: Desde el punto de vista epidemiológico, son los factores causales y cuyo efecto puede ser prevenido.

Marcadores de riesgo: Son los atributos inevitables, ya producidos, cuyo efecto se halla por lo tanto fuera de control.

Factores protectivos: Son los atributos de un grupo con menor incidencia de un determinado disturbio en relación con otros grupos, definidos por la ausencia o baja aparición de tal factor.

Definimos incidencia como la proporción de casos nuevos de una determinada patología en una población delimitada, durante un período delimitado. Mientras que prevalencia es la proporción de casos de una cierta enfermedad en una población delimitada, en un tiempo determinado.

Los objetivos que pretende conseguir la prevención de las drogodependencias:

1) Centrar en la fase previa a la experimentación, es decir aquella donde la persona comienza a familiarizarse con las sustancias y por tanto a conocerlas. Esto permitiría retrasar la edad de inicio en el consumo de sustancias. Cuanto más se retarde ese momento, mejores condiciones tendrá la persona de no arribar a la fase adictiva.

2) Evitar la transición de la fase de experimentación a la de abuso y dependencia.

3) Reducir el daño que provoca el consumo en las personas que ya han iniciado su relación con las sustancias. Generar condiciones para que superen esa situación o que puedan disminuir drásticamente sus consumos.

4) Educar a los individuos para que sean capaces de mantener una relación madura y responsable con las drogas (legales e ilegales).

5) Potenciar los factores protectivos y disminuir los de riesgo.

6) Tender a la modificación de los entornos socioculturales altamente conflictivos y proporcionar instrumentos para que el sujeto construya alternativas de vida saludables.

Dentro de la prevención tenemos tres tipos:

La prevención primaria, que son las estrategias para evitar el consumo direccionadas a las personas que no son consumidores, fundamentalmente niños y adolescentes.

La prevención secundaria, es el diagnóstico precoz y tratamiento oportuno en quienes ya padecen la adicción a alguna sustancia.

La prevención terciaria sería la prevención de la discapacidad en aquellos que han llegado a ese estado producto de la adicción.

En nuestro caso me enfocaré a la prevención primaria, o sea, direccionada a sujetos preponderantemente niños y adolescentes en formación con el fin de por medio de estrategias, estos no se inicien en el consumo de sustancias pero sin mantenerse al margen de esta problemática y que a su vez sirvan de agentes preventores para la comunidad en la cual se hallan insertos.

Las charlas como método de prevención

En el tipo de charlas que se enmarca este ensayo me voy a referir a la que para mí es la más difícil de los tres tipos de prevenciones y a la que debemos apuntar que es a la primaria.

La dificultad de la prevención primaria radica en el rango etario al cual se aplica ya que estos jóvenes adolescentes se encuentran explorando distintos aspectos de la realidad para así formar su personalidad. Esta personalidad aún endeble los lleva al probar nuevas experiencias sin medir el grado de peligrosidad que puede conllevarles tal exploración. Por esto el mayor grado de consumo de alcohol, nicotina, drogas y accidentes se producen en este rango.

La exploración es parte de la adolescencia por lo cual no se puede prohibirla como muchas personas desean hacerlo. Sólo debemos remitirnos a informarle al adolescente los daños que puede producirle el consumo de sustancias y que ellos tomen la decisión de que desean hacer con sus vidas.

El desarrollarlas en la escuela se debe a que es el segundo lugar donde el adolescente pasa más tiempo en su vida, después de su hogar. La escuela es el lugar indicado para la impartición de conocimientos por excelencia y aunque actualmente su rol está bastante desacreditado este tipo de tareas la enaltece como institución.

Las charlas preventivas en la actualidad

Este tipo de trabajo preventivo actualmente, específicamente hablando de las charlas preventivas, se está llevando a cabo en algunos establecimientos escolares. El problema radica en que estas charlas, en su mayoría, están siendo llevadas a cabo por algún miembro de la comunidad educativa, como puede ser un maestro, un profesor, un directivo, un religioso o algún tutor que no se encuentra debidamente formado para confrontar una práctica de este tipo. Utilizo el termino confrontar ya que en mi experiencia, las personas que estarían a cargo de la charla tendrán que estar preparados efectivamente para poder contestar infinidad de preguntas que trataran de desacreditarlos como autoridad para hablar acerca del tema. La cultura occidental ve a la confrontación como una situación donde hay ganadores y perdedores pero en realidad es encarar, comparar, yuxtaponer puntos de vista. Las confrontaciones más efectivas son las no percibidas como tales y apuntan a que se dediquen a comparar unos constructos con otros.

En esta confrontación el adolescente encuentra mediante esta oportunidad una manera de reafirmar su personalidad sobre la autoridad establecida del educador, demostrándole que éste esta descalificado para hablar del tema y que sólo ellos poseen toda la información que estos carecen.

El consumo de drogas, de nicotina y  de alcohol, como así también la promiscuidad sexual y los excesos de todo tipo son utilizados por los jóvenes como una barrera a sortear que delimita el actuar del niño al adulto. Por lo cual, embanderados en la rebeldía sin causa y desafiando continuamente los límites que los adultos quieran imponer, darán rienda suelta a sus ideas apoderándose de ellas como estandartes que defenderán a rajatabla sin importar fundamentos ni el llamado a la reflexión, o en otras palabras, actuando de forma masificada como clones.

Como estas charlas se realizan en grupos grandes, aumenta la probabilidad de potenciarse esta rebeldía y de la defensa a ciegas del ego grupal juvenil, cerrándose a una apertura mental y la escucha activa.

Como deberíamos proceder

Estas charlas deberían llevarlas a cabo un equipo interdisciplinario de profesionales, debidamente formados, tanto en el campo de las drogas como así también en la psiquis adolescente.

La mero respuesta de que el consumo de drogas está mal por el sólo hecho de que hace mal, no basta. El adolescente necesita información de lo más idónea expedida por una persona calificada en el tema que pueda responder adecuadamente a los diversos interrogantes que este demande, siendo empático, congruente y brindando aceptación incondicional hacía los mismos.

El equipo sólo debe remitirse al informar y que sea el mismo adolescente el que se confronte con sus propios constructos internos acerca del tema, generando en él cambios cognitivos-emocionales. El tratar de imponer ideas, la coacción o la violencia sólo hará que se activen las defensas psicológicas propias, bloqueándose así la posibilidad del cambio esperado.

En caso de que el equipo no pueda responder o brindar una solución demandada por los adolescentes, se debe reconocer honestamente que no se conoce acerca del tema planteado y no hablar por hablar ya que el adolescente podría detectar esta maniobra que conllevaría a lograr el efecto contrario al esperado, generando y/o estimulando el consumo de drogas al reconocer y generalizar que todo lo expuesto es falaz y que su propio parecer no estaba para nada errado. Esta falta de información y su posterior comunicación, debe darse siempre que ocurra pero procurando que sea un recurso muy limitado ya que los adolescentes los desacreditarán raudamente al encontrar tantas carencias en el discurso del equipo.

Recomendaciones finales

  • Las charlas deben ser llevadas a cabo por un equipo interdisciplinario de profesionales, debidamente formados, tanto en el campo de las drogas como así también en la psiquis adolescente.
  • Se debe aclarar en primera instancia que la charla sólo se va a remitir a informar y que va a ser el adolescente quién deba reflexionar ante lo expuesto.
  • Debemos identificar previamente en la población objeto de la praxis preventiva, cuáles son los factores de riesgo, los marcadores de riesgo y los factores protectivos con los que cuenta ese agrupamiento humano objetivo de la charla.
  • Se debe dirigir la charla al consumo de drogas que se estén utilizando en la zona. Si habláramos de una droga que no es empleada por los adolescentes del lugar y si encima decimos que es una droga que posee una toxicidad más alta que las conocidas por los oyentes, el adolescente pensará que la droga que consume es menos lesiva y hasta puede llegar a pensar que es inocua en comparación con estas, con lo cual se estimularía su consumo.
  • Se debe estar debidamente informado acerca de la toxicidad (efectos en nuestro organismo), la adictogenicidad (nivel de adicción que generan), formas de consumo, su legalidad, penalidades en cuanto al consumo, apología, tenencia, venta, etc. tanto de las drogas más comunes como así también, de las nuevas drogas que aparezcan en el mercado para poder contestar las preguntas que se den y demostrar autoridad con la información debidamente fundamentada apoyadas en estadísticas de entidades reconocidas, testimonios reales, videos, fotografías y todo lo que pueda ayudar en la tarea.

  • Se debe confrontar, o sea, encarar, comparar, yuxtaponer puntos de vista sin tratar de imponer ideas, coaccionar o emplear la violencia, tanto verbal como no verbal, y procurando siempre ser empático, congruente y brindando aceptación incondicional hacía los oyentes para así lograr efectivamente el cambio cognitivo-emocional buscado.
  • Cada vez que se muestre un dato, estadística o gráfica se debe adjuntar la fuente de la cual provino para no dejar dudas que es información fehaciente y no datos manipulados y/o inventados para la causa.
  • Se deben escuchar experiencias de los jóvenes. Muchas veces es difícil acceder a la psiquis de un joven debido a la enorme cantidad de barreras psíquicas que este impone frente a un adulto. Por lo cual, el mensaje y/o la opinión de un par puede calar más hondo que nuestras propias palabras.
  • Debemos mantener equilibrio emocional frente a preguntas teñidas de agresividad de parte de un joven que sale en defensa de algún tipo de estupefaciente, ya que es a ellos a los cuales debemos apuntar nuestra charla. Seguramente este joven intentará increpar al orador para tapar, justificar o defender a alguna persona significativa para él que consume alguna sustancia, o inclusive a sí mismo con el fin de direccionar su culpa al exterior y no resignificar su realidad y así evitar el dolor.

Conclusión

Creo firmemente que este tipo de tarea preventiva, como lo es la charla puede lograr cambios cognitivos-emocionales a las personas que están dirigidas. Más aun, me parece que si las direccionamos a los adolescentes que aún no han consumido, su efecto es mayor, ya que estos podrán convertirse en agentes preventores y así disminuir el consumo de sus pares, incrementando su salud y disminuyendo la narcocriminalidad asociada. Todo esto contribuirá a tener en fin una sociedad más sana.

Bibliografía

  • Alonso, D., Freijo, E. y Freijo, A. (1996). Actuar es posible. La prevención de las drogodependencias en la comunidad escolar. Madrid: Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio del Interior.
  • Pichón Rivière, Enrique. (1982). El Proceso Grupal. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión.
  • Rogers, Carl R. (1977). Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Paidós.
  • Tabares, Horacio (2011). Sobre consumos y violencias. Buenos Aires: Editorial GABAS.
  • “El consumo de droga en los jóvenes comienza en lo de sus amigos”, Diario La Capital, Domingo 5 de Mayo de 2009, p. 2.
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